La ciencia patriótica de Sheinbaum

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Lo comentamos en su oportunidad. Lo único que teníamos que agradecerle a Miguel Riquelme Solís, es que no nos hubiera recetado a los saltillenses un teleférico como el que impuso en Torreón. Lo publicamos el primer día en que ya no era gobernador, y no porque tuviéramos temor de alguna represalia, censura o regaño, sino como lo dijimos con todas sus letras, si lo decíamos antes, capaz que se acordaba y nos lo atascaba como último acto de gobierno.

No sé, dejar un fideicomiso con dinero etiquetado, sacarle el compromiso a Manolo Jiménez, su sucesor en el cargo, poner la primera piedra ¿en el aire?, de su teleférico, hacer el tendido de más cables de los que ya hay en los cielos saltilleros, mejor no recordárselo cuando tenía poder, ya ido, pues a hacer el debido escarnio de una vacilada que qué bueno que no fue.

Sacamos a colación esto del teleférico del que nos libramos, porque teníamos más o menos la misma idea con lo de la vacuna Patria, que Andrés Manuel López Obrador trajo para arriba y para abajo desde el año 2020 hasta el final de su administración.

Lo de la vacuna era uno de tantos temas que el entonces presidente barajaba para tener a “sus enemigos”, sus adversarios, los periodistas, y al pueblo bueno y sabio, bailando al son que él tocaba. Sí, allí estaba lo de la vacuna en una tarjetita que de vez en vez sacaba su jefe de comunicación social, junto con el avión presidencial que no tenía ni Obama, el sistema de salud mejor que el de Dinamarca y del mundo entero, la pobreza reducida a cero, la corrupción erradicada, y tantos otros. La diferencia radica en que cualquiera otro de los temas puede pasar por alto, hasta lo de que no se entreguen las becas o pensiones a tiempo, que no alcancen a todos los que dijeron que iban a beneficiar, tantas otras cosas en las que el rollo se quedaba bastante corto de la realidad, pero esta se inyecta…

Como decía un profesor que alguna vez tuve, medio cínico el fulano, con lo que hagas con el paciente, pueden ocurrir cualquiera de tres cosas: que se mejore, que empeore, o que se quede igual. El cuate este dividía las posibilidades aritméticamente, en partes iguales, sí, nada más que eso nos daba que había dos tercios de posibilidades llamémosle positivas, la mejora o la inocuidad, pero el otro tercio, de que empeorara, eso no es poca cosa, sobre todo tratándose de la salud de la gente, de su creencia que se está curando o de que queda inoculada contra determinado padecimiento, en este caso, el COVID 19, una enfermedad peligrosa, que pudo haberlo sido todavía más de lo que fue, pero no es para menospreciarla.

Muchas naciones se metieron de lleno a la lucha contra el COVID, algunas con una dedicación encomiable, a pesar de sus limitaciones económicas, técnicas, científicas, le entraron con todas las ganas, pensando no en que iban a lograr un producto que curara o previniera al 100%, como lo podrían lograr las grandes empresas farmacéuticas multinacionales apoyadas con recursos gubernamentales, pero sí, aportando en la medida de su especialidad.

En México se lanzaron como El Borras, a lo puro menso y sin una intención real de invertir en una solución mexicana de vanguardia a un problema mundial, era como tantas otras cosas el sexenio pasado, una estrategia mediática para decir que estábamos a la altura del problema, del compromiso de todas las naciones, pero hasta allí.

Iniciativas hubo, de los cuerpos académicos de algunas universidades públicas mexicanas, que ofrecieron su saber, su experiencia, y que pidieron recursos para concretar proyectos y prototipos… y los dejaron chiflando en la loma, que hicieran lo que pudieran y luego ni caso les hicieron a lo que habían logrado. Todo lo iba a hacer el CONACyT, que todavía se llamaba así, como si tuviera científicos haciendo ciencia, en vez de burócratas haciendo burocracia.

La tal vacuna Patria no conseguía ni el reconocimiento de la COFEPRIS… oficina al servicio del mismo gobierno, pero que sabía el tamaño de la barrabasada, así que no se lo otorgaba, mucho menos la Organización Panamericana de la Salud o la Mundial, Era un invento comprado pirata en Estados Unidos, y presentado como desarrollo local.

Conforme fueron pasando los meses y luego los años, pensamos que no iba a ocurrir nada, lo iban a dejar morir en un cajón no refrigerado, pero oh sorpresa, claudia Sheinbaum lo saca a orear, diciendo que se utilizará para la campaña invernal de vacunación…

Aquí no apelamos a la morenista, a la pupila de Andrés Manuel López Obrador, a la que prometió el segundo piso de la cuarta transformación, apelamos a la científica, que se supone se formó con los cánones del método científico… pero luego nos acordamos que en un desplante de quien sabe qué, cuando era jefa de gobierno permitió o promovió un estudio para ver si la Ivermectina funcionaba contra el virus del COVID 19 sin tener la menor base científica para ello, que si perjudicó, mejoró o no pasó nada, es algo que ya nadie investigó, pero que violó los protocolos clínicos, eso sí.

Entonces no nos extraña tanto la promesa de reactivar algo que para empezar, se preparó para la primera cepa del COVID, de la cual luego ha habido cinco, diez o más. Inocular sobre una cepa que ya ni existe naturalmente, podría resultar hasta contraproducente, en un escenario de ciencia ficción que no queremos ni imaginar.

Para colmo nos ponen contra las cuerdas, es esta… la patria, o es la cubana Abdala, y entonces sí, nos mandan a pelear contra el virus sin fusil, apenas con la confianza de que es una “enfermedad estacional”, que no representa mayor preocupación. Vaya usted a saber.

Anduvimos mal, pero que muy mal el sexenio pasado con esto del COVID, pero parece que vamos para todavía peor, eso sí, manejado por científicos que aguas…

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