BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Una leyenda negra pesa sobre Saltillo. Se cuenta que, a principios del siglo pasado, se planteó que el establecimiento de “La Cervecería”, la Cervecería Cuauhtémoc Moctezuma, tenía toda la intención de establecerse en la capital de Coahuila. Era su primera opción por diversas ventajas que ofrecía la ubicación, la mano de obra, los transportes, etc. pero que le pusieron tantas trabas los gobernantes de aquel tiempo, y no nos extrañaría que la sociedad y la planta productiva, que de plano abandonaron el proyecto, y se fueron a Monterrey, donde la recibieron con los brazos abiertos.
La tal Cervecería fue durante muchos años de las principales empresas de la capital de Nuevo León, y lo sigue siendo indudablemente, aunque se nota algo menos por la capital de compañías que han elegido la zona metropolitana de Monterrey para instalar plantas de las más diversas ramas económicas, con gran utilización de capital humano, que hacen ver a la antigua Cervecería como un negocio viejito, casi casi el decano, pese a que es subsidiaria de Heineken, y que tuvo en el año 2020 ingresos por 75 mil millones de pesos.
No deja de ser raro. La misma gente que fundó Saltillo, es la que fundó Monterrey. Otra leyenda negra, esta con tintes históricos, es que los que se fueron, lo hicieron porque ya no aguantaban a los que se quedaron… vaya usted a saber, son chismes demasiado viejos, que no dejan de ser picosos, pese a los siglos transcurridos. Pero es innegable que ellos y nosotros tenemos el mismo ADN, aunque en el camino, algunos dirán que desde muy temprano, se perdieron acá, o se ganaron para allá, algunos cromosomas que los hacen a ellos ser como son, y a nosotros lo que somos.
Monterrey, su gente, hizo que creciera económicamente y se desarrollara su ciudad, mientras que los saltillenses… parecían empeñados, todavía dan esa impresión algunos, de querer que las cosas permanezcan igual que siglos atrás, y no exageramos en la apreciación, que la mejora en la economía y el desarrollo ocurran sí, pero controlado, y que sea para quienes han detentado el poder del dinero durante buena parte de ese tiempo, no que se distribuya libremente entre todas las clases sociales, que eso finalmente huele a socialismo…
El asunto es que hace algunos días el alcalde electo de Saltillo, Javier Díaz, quien asumirá el poder el día primero de enero del año entrante, invitó a quien fuera presidente municipal de San Pedro Garza García, Miguel Treviño de Hoyos a platicar sobre lo que dieron en llamar el modelo sampetrino, relacionado con la adopción de parques públicos, por parte de empresas, corporativos o grupos empresariales, que se encarguen del equipamiento de los mismos y su mantenimiento.

La idea no nos parece mala, al contrario, ¿quién no quisiera ver los parques y áreas verdes de Saltillo convertidos en los que hay en San Pedro, la Colonia Del Valle, y algunos otros puntos de lo que para el grueso de nosotros es Monterrey?, pero una cosa es el desear y otra el hacer, o permitir que se haga, que suele ser, según las leyendas negras que sacamos a orear, el principal problema de los saltillenses.
Si pensamos en algunos de los grandes parques que hay en otras ciudades del país y del mundo, la pregunta que nos surge ¿y por qué en Saltillo no se tiene algo así?
Sabemos que en Paris está el Bosque de Vincennes, imagínese lo que es eso, que es más bosque que parque, en Londres está Hyde Park, en México está la Alameda central, en Moscú está el Parque Gorki, en Nueva York está Central Park… hablando de los más conocidos y representativos, pero de ninguna manera son los únicos en las referidas ciudades, al contrario, si hasta parece que juegan competencias, más a nivel inconsciente que consciente, para ver cuál de ellas logra tener el parque más grande, más arbolado, más adornado, más bello, más concurrido por la gente, y aquí, como que no.
Saltillo, para los turistas, que nosotros ya estamos (mal) acostumbrados, es un peladero. Las calles del centro histórico si por algo se caracterizan es por su ausencia de vegetación. No hablemos de árboles grandes, que debería haberlos por decenas de miles, sino ni siquiera buganvilias u otros arbustos, plantas trepadoras, vamos, ni siquiera tenemos, salvo en algunas casas selectas que seguro son de gente venida del centro o del sur, el gusto por adornar con macetas.
En una ciudad en la que, algo venidos a menos, funcionaron varios clubes de jardinería entre las clases alta y media alta, es de llamar la atención que no hubiera un esfuerzo importante por llevar esa inclinación por las plantas y flores a los parques públicos. A lo mejor en sus casas tienen jardines de ensueño, pero eso es muros para adentro ¿y la casa de todos que es Saltillo, y sus áreas verdes, sus jardines, porque estos no?

Hace años, la verdad no hemos vuelto a oír de ellos, existía una asociación de amigos de La Alameda Zaragoza, que se habían echado a cuestas la tarea de obtener recursos económicos para darle mantenimiento y renovar los árboles que, por edad o enfermedad, morían en este espacio. Se las veían negras, y es que es un área de buen tamaño, en la que hay dependencias públicas, escuelas cercanas, y cuanta cosa. Como que con esa experiencia, o sin ella, a los saltillenses no les llama mucho la atención ocuparse de las áreas verdes…
Algún cínico dirá que se nota, y mucho, hay parques que dan lástima por la cantidad de cemento que supera a la tierra y a la vegetación, dos de ellos se ubican sobre bulevar Francisco Coss, y de veras que dan tristeza, desde cómo de conceptualizaron a como están ahorita. Otros de plano son eriales, que no retienen ni el agua que cae de lluvia, no hablemos de riego, y otros, muy pocos, que sí, los vecinos le han entrado a cuidarlos y mantenerlos, incluso trabajando ellos, pero son los menos.
Ojalá y este prospecto que trae el alcalde entrante funcione, pero más nos gustaría un proyecto educativo para que los saltillenses se interesen más por la vegetación, en pequeña, mediana y gran escala, en el área urbana y rural, porque tampoco se puede esperar que las empresas, pocas, lo hagan todo, no es lo suyo y si no hay corresponsabilidad, al rato tirarán el arpa.
Ahorita hablamos del modelo San Pedro, ¿alguna vez podrá hablarse del modelo Saltillo de rescate de parques?

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