BAILE Y COCHINO…
Por: Horacio Cárdenas Zardoni.-

Sí, nos hallábamos viendo la televisión aquel domingo dos de julio del año 2006. Había concluido la jornada electoral, y el Instituto Federal Electoral, así se llamaba entonces el INE, había dado a conocer los datos del Programa de Resultados Electorales Preliminares, que le daba a Felipe Calderón Hinojosa el triunfo como presidente de la república mexicana para el período 2006-2012.
El IFE se había tardado, y es que la diferencia entre el primer y el segundo lugar, era de menos de uno por ciento, lo que los estadísticos, pero sobre todo los políticos, gustan en llamar un empate técnico. Con esa diferencia mínima, no se podía salir a dar una información que luego se probara falsa y hubiera que desmentir, la credibilidad del sistema electoral se estaba jugando en esos momentos, y había que hacer las cosas con cuidado extremo, sobre todo porque uno, o más de los candidatos, eran gente que no se deja arrebatar ni un chicle, “cuantimenos” el poder supremo de la presidencia, que en este país, era, sigue siendo y quien sabe por cuanto tiempo, equivale al de emperador.
Dados a conocer los datos de que Calderón era presidente y que Andrés Manuel López Obrador se había quedado en el camino, este convocó a una conferencia de prensa en la que desconocía su derrota por la mínima diferencia de 0.56% de los sufragios emitidos, exigía lo que luego se convertiría en mantra suyo y de sus seguidores, el recuento voto por voto y casilla por casilla, y lo que fue más significativo de todo, la conclusión, el final: mandó al diablo las instituciones.
¿Cuáles instituciones mandó al infierno en aquella memorable ocasión López Obrador?, podría pensarse que solamente al Instituto Federal Electoral, pero no, su rencor no podía conformarse con eso, en ese instante y a lo largo de doce y dieciocho años después, mandó al demonio a todas las instituciones de este país: la presidencia, la administración pública, las fuerzas armadas, el congreso, la suprema corte, la constitución general de la república, el sistema de partidos, todo, sin faltar prácticamente nada.

Años después, cuando el pueblo de México decidió castigar a un Partido Revolucionario Institucional que había regresado para demostrar que Vicente Fox no se había equivocado cuando decidió echarlo fuera de Los Pinos, y votó en masa por López Obrador, este lanzó a los cuatro vientos una declaración que pocos recogieron en su momento y casi nadie recuerda, el triunfador de los comicios de 2018 declaró que había llegado al poder la opción más perfecta, la más honesta, la más inteligente, la que estaba verdaderamente comprometida con las causas populares y con el pueblo mismo, una opción política que marcaba el final de la historia, pues con ella no habría ninguna posibilidad de que otras fuerzas políticas accedieran de nuevo al poder.
En ese punto le brotaba lo socialista de oídas a López Obrador, nunca un brillante estudioso de nada, y de la filosofía política y económica menos. Había llegado MORENA al poder, se instituía la cuarta transformación, y no habría ninguna necesidad posterior de una nueva alternancia.
En ese tiempo cuestionábamos que qué impediría que a la cuarta transformación recién inaugurada, siguiera una quinta, una sexta y una milésima transformación, y si los mexicanos no nos habíamos extinguido para entonces, una diezmilésima o cienmilésima transformación. Pero no, en lo que estaba concentrado Andrés Manuel López Obrador era en su sexenio, y en el que le siguiera, y en el que viniera después de este, que ya está corriendo. Un paso cada vez, un sexenio a la vez, lo cual no quita que en ningún momento haya abandonado la mira de destruir las instituciones que, según él, le robaron la elección del 2006, y por supuesto, sustituirlas con otras a su imagen y semejanza.
Y esto es precisamente lo que nos preocupa. La administración pública mexicana, la burocracia, tenían todos los defectos que quiera usted mencionar, desde la corrupción hasta la ineficiencia, compadrazgo, amiguismo, nepotismo, e incompetencia, más los que desee agregar, pero funcionaba. ¿Alguien se atreve a decir que las instituciones que ha erigido MORENA y la 4T funcionan, y que lo hacen mejor de las que sustituyeron?
Aquí la respuesta no es que deba ser desde las vísceras, de si estoy en contra o a favor de la cuarta transformación, sino algo funcional, datos de resultados comparados, y como que no, no salen muy bien parados que digamos.
López Obrador durante 18 años de campaña quería destruir al ejército, desbandarlo, ¿qué hizo?, sí lo destruyó, lo convirtió en burócratas, albañiles, contables, revisores de aduanas, repartidores de veinte o cincuenta cosas distintas, y de las funciones sustantivas relacionadas con la seguridad nacional y del estado, los retiró.
Acabaron con las reservas económicas del país, aquellos fideicomisos, desaparecieron todo aquel dinero, nadie sabe dónde. También destruyó al Instituto Nacional Electoral, limitándolo en su capacidad económica y llenándolo de gente a su servicio, que fue lo mismo que hizo en el Congreso de la Unión, y lo que pretende hacer con la suprema corte de justicia de la nación y el resto del poder judicial.

El último clavo al ataúd de la historia previa a la cuarta transformación, son los candados que pretende imponer a la constitución, nada que decida el gobierno puede ser impugnado por nadie en ningún tribunal, el concepto de supremo gobierno del porfirismo le viene corto a López Obrador y sus seguidores.
Pero miopes como son, no se dan cuenta de que los mexicanos no sienten amor por sus gobernantes. Aun a los mejores les ha largado la patada, y estos no son de los mejores. Todo lo que han puesto de obstáculos para que alguien les pueda arrebatar el poder, democráticamente o de cualquier otra manera, terminará por ser el basamento que sostenga el poder de los siguientes que vengan.
Que será más difícil, sí, que tal vez sea sangriento, probablemente también, pero de que servirá para que se parapeten los nuevos, como lo están haciendo ellos ahorita, no le quepa duda.
¿Creen los morenistas que siempre tendrán mayoría en las cámaras, que siempre tendrán sobrerepresentación, que todas las sentencias de los jueces serán a su favor?, no sabemos que es más, su soberbia o su ingenuidad. Por lo pronto están disfrutando de sus triunfos, ya llegará el tiempo de llorarlos cuando sean de otros.

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