Baile y Cochino…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Esta es de esas noticias que parecen increíbles, que es un invento malintencionado, o que de plano nos están queriendo ver la cara, como con ganas de acusarnos de haber caído en una inocentada faltando todavía dos meses para el 28 de diciembre.
Se la contamos porque de ser cierta, podría darle la voltereta a la complicada situación económica de la Región Carbonífera de Coahuila, una cuyos habitantes están, literalmente, sentados en una mina de carbón de la que saldrá una riqueza inmensa, pero que no pueden explotar debidamente por las restricciones ambientales, que quiera que no, afectan los proyectos de desarrollo de una zona, que si no fuera por ese detalle mínimo de la contaminación, sería de las zonas más ricas, déjese de Coahuila, de todo México.
Allí le va, resulta que un grupo de investigadores de la Universidad de California en Berkeley han desarrollado un material en forma de polvo, que tiene la capacidad de absorber el dióxido de carbono con un desempeño no visto nunca antes. Nomás para darnos un quemón, 200 gramos de este material son capaces de absorber, secuestrar le llaman técnicamente, veinte kilogramos de CO2, el equivalente a la capacidad que tiene un árbol adulto en el transcurso de un año.
El material se llama tentativamente COF-999, y las letras corresponden a Covalen Organic Frameworks, o marco de trabajo covalente orgánico, que en química se refiere a cierta clase de materiales porosos cristalinos que presentan poros grandes, un área amplia y la particularidad de tener muy baja densidad. Son estas características las que le dan la capacidad de captura directa de aire, que es lo que se busca con la secuestración de dióxido de carbono directamente del aire.

El artículo de donde sacamos esta información se publicó en New Atlas, y explica que para efectuar la captura de carbono del aire, el material presenta paredes porosas en las cuales se hallan compuestos denominados aminas, las cuales son capaces de pegarse a las moléculas de dióxido de carbono, es la estructura porosa del material el que permite que la superficie atrape el carbono, al mismo tiempo que permite que el aire ambiente atraviese el polvo sin fijarse a aquel.
Los autores del artículo atribuyen a Omar Yaghi, profesor de química de la Universidad de California la invención del COF-999, aclarando que el científico tiene desde la década de los noventa dedicado a la creación de esta clase de sustancias, siendo esta la más efectiva de las muchas que ha probado a lo largo de más de treinta años de dedicación. Fíjese qué curioso, acá entre nos, desde hace veinte años hemos seguido el tema del carbón en la Región Carbonífera de Coahuila, a la que veíamos y seguimos viendo condenada a verse obligada a abandonar la extracción de mineral para la generación de energía, a menos que se desarrollaran tecnologías tendientes precisamente a eso, a la secuestración del dióxido de carbono del aire, para su posterior depósito en tierra, sin lo cual y siendo el CO2 el principal gas de efecto invernadero, no quedaría más alternativa que parar, para no continuar con el calentamiento global atribuido a esos gases.
Pues, que sepamos, acá en Coahuila, no hay ninguna investigación seria, y por seria entendemos que tenga posibilidades de ser aplicada eventualmente, y en la más grande escala, a fin de que sí, se siga quemando el carbón, pero el gas de desecho no vaya a la atmósfera.
Explica el artículo que ha habido experimentos exitosos en la captura directa del aire, usando soluciones de aminas en agua, el COF-999 es particularmente interesante pues no es necesario calentarlo para que funcione, tiene la capacidad de capturar el dióxido de carbono a temperatura ambiente, una ventaja enorme. Por si fuera poco, y si alguien estuviera preocupado por la efectividad continuada del material, los autores especifican que puede ser reutilizado más de cien ocasiones, sin que se perciba una degradación en su capacidad de absorción de carbono. Por si fuera poco, en la forma granulosa actual, el material ofrece la posibilidad de capturar el carbono a una velocidad diez veces superior a la de materiales similares.

¿Qué le parece?, poco menos que milagroso, justo lo que necesita Coahuila, México y el mundo para dejar de ver esas nubes de humo negrísimo saliendo de las instalaciones donde se quema el carbón, sería un cambio dramático respecto al paisaje que hemos visto en la región norte de nuestro estado desde que se inauguraron las plantas carboeléctricas, y por todos lados por donde pasan los ferrocarriles que usan carbón de roca y cualquier otro combustible que despide dióxido de carbono.
Ahora vienen las desventajas… el proceso no es nada barato, y consume mucha energía. Según cálculos de los investigadores, limpiar una tonelada de carbono del aire tendría un costo, dado el estado actual de la tecnología, de entre 600 y mil dólares, a ese precio es obvio que nadie va a querer usarlo, mejor que se siga contaminando el ambiente, calentando el planeta y tope donde tope… pero bueno, la intención, y en lo que están trabajando los investigadores es en mejorar la tecnología para llevarla a algo más manejable. Estiman que cuando se alcancen los 200 dólares por tonelada, se podrá comenzar a usar ampliamente. Ya está el remedio y el trapito, ahora hace falta fabricarlo en gran escala a precios que lo hagan competitivo.
Y aquí es donde aterrizamos en Coahuila. ¿Cuántas universidades hay en la entidad, y cuántas investigaciones se dedican al aspecto específico de hacer viable la explotación del carbón mineral en condiciones de fuertes restricciones a la contaminación del medio ambiente?, veinte, diez, una… vaya a saber, pero una que haya logrado, aunque sea en pruebas de laboratorio, la viabilidad de secuestrar el carbono directamente del aire, para poder luego almacenarlo en cavernas, minas, u otras formaciones naturales o artificiales, de eso nomás no vemos nada. Esto todavía va a tardar, pero si no empezamos ya, también en esto nos van a comer el mandado.

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