
Por: Alfredo Reyes
Dice un dicho que la lealtad es la más joven de las virtudes y que, como toda joven, es voluble. Un dicho misógino porque hay ejemplos paradigmáticos de mujeres que nunca traicionaron a nadie, como la legendaria guionista Lillian Hellman que sufrió persecución en la lista negra del macartismo pero nunca delató a nadie. Igualmente la paisana Rosario Robles que fue encarcelada por el obradorismo sin doblegarse. Nunca incriminó a Enrique Peña ni a Luis Videgaray en la Estafa Maestra. La traición política es más afín a los hombres que a las mujeres.
En la política mexicana la feria de las traiciones es muy socorrida. En el bajo mundo también. El “Mayo” Zambada fue entregado por un ahijado y dos rectores universitarios. Cierto es que no hay lealtad permanente en la lucha por el poder. Traición y asesinato. El fin justifica los medios.
Emilio Rabasa nos dice que en el primer cuarto de siglo de la nación mexicana hubo siete Congresos Constituyentes que derivaron en dos golpes de Estado, varios cuartelazos, asonadas, manifiestos, planes revolucionarios y conspiraciones. La traición fue recurrente en esa trama y lo sigue siendo hasta hoy.
Hay quien dice que la traición no es más que otra forma de lealtad. El presidente francés G.B. Clemenceau dijo que un traidor es un hombre que dejó su partido para afiliarse a otro pero en cambio, un converso es un militante que abandonó su partido para unirse al nuestro.
Ahí tiene usted al diputado Germán Martínez y a la senadora Lilly Téllez que traicionaron al PAN para unirse a Morena por los escaños que les ofreció López Obrador. Luego traicionaron a AMLO para regresar de nuevo el PAN por otras curules. Germán y Lilly hoy señalan con índice de fuego al senador Miguel Ángel Yunes por haber traicionado al PAN para apoyar la reforma judicial de AMLO. Y el presidente del PAN, Marko Cortés, acusa de traidores a Yunes y al ministro Alberto Pérez Dayán. Pero en Coahuila los panistas señalan de judas a Marko Cortés y la presidenta Sheinbaum lo acusa de traidor a la patria.
“Amo la traición pero odio a los traidores”, dijo Julio César quien luego fue apuñalado a traición por Marco Junio Bruto en los Idus de Marzo. Álvaro Obregón celebró la traición y asesinato de don Venustiano Carranza pero humilló a fuetazos al traidor Rodolfo Herrero. Luego Obregón murió asesinado a traición por un mequetrefe. Obregón ya había traicionado y asesinado a varios generales revolucionarios. Traición que retrata crudamente don Martín Luis Guzmán en La Sombra del Caudillo. Asimismo la traición es materia prima en la serie La Costumbre del Poder de Luis Spota y en las novelas de Carlos Fuentes.
Ricardo Mejía y Fernando Salazar traicionaron a sus partidos para unirse a la 4T. Y varios gobernadores priístas entregaron a sus estados a Morena a cambio de una embajada. Quirino Ordaz se fue a España. Claudia Pavlovich a Barcelona. Carlos Aysa a Dominicana. Pedro Joaquín a Canadá. Omar Fayad a Noruega. Alfredo del Mazo recibe impunidad y Alejandro Murat recibió un escaño en el Senado por entregar a Oaxaca. De hecho la palabra traidor deriva del latín “traditor” que significa “el que entrega”.
¿Alfonso Yáñez Charreola será el “traditor” de un rector? ¿Y Juan José Yáñez Charreola fungirá como “traditor” de un magistrado presidente?
Toda la maldad del mundo se esconde en un nido de traidores, Petrarca dixit.

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