El Chemáforo de bulevar Carranza y Galerías

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

¿Y el chemáforo de Galerías? (Foto de Vanguardia)

Es un decir, eso de que todo Saltillo estuviera pendiente de qué iba a pasar con el semáforo que está instalado en el cruce de bulevar Venustiano Carranza y bulevar galerías.

Viviendo en una ciudad tan poco agraciada como lo es la capital del estado de Coahuila, sería mucho decir eso, que la gente está realmente pendiente de cómo se ve su ciudad, sus calles, sus monumentos, sus casas, sus árboles… en general todo el paisaje urbano.

Se podría decir que los saltillenses padecemos algo así como un síndrome de ceguera de taller, ya sabe, entra uno a su taller, oficina, laboratorio o hasta recámara, y puede estar toda tirada, y ni por enterados nos damos, pero esto otro es a nivel colectivo y a nivel toda la ciudad.

Claro, desde luego que nos quejamos, y desde luego que criticamos, de hecho nos pintamos solos para estarnos quejando y criticando todo absolutamente, pero de lo que el gobierno hace y deja de hacer, todavía con más ganas. Pero eso es más bien parte de nuestro aburrimiento, parte de buscar y encontrar temas de conversación para estar chaleando las horas y las horas, los días y las semanas. nada que ver con que realmente queramos hacer algo porque ¿y luego de qué hablamos?

Pero en el caso del semáforo del citado cruce, lo que nos inspira a fijarnos es el morbo, únicamente el morbo. Saber de una vez por todas si ese semáforo, que se instaló hace siete o ya casi ocho años, finalmente va a funcionar, o finalmente lo van a quitar, o finalmente más probable, que no van a hacer absolutamente nada, como nada han hecho a lo largo de ¿que son ya, tres administraciones o cuatro?

La ceguera de taller o como en nuestro caso, la ceguera de ciudad, no es que se cure, es que tiene episodios en que las cosas mejoran, cuando alguien nos hace notar -¿ya te fijaste lo sucio que está esto? tienes todo tirado, o ese semáforo ¿cuántos años tiene de estar intermitente todo el día y toda la noche? Bueno, pues algo parecido ocurrió con esto que le platic

amos, porque al ser interrogado José María Fraustro Siller, presidente municipal todavía por mes y morralla de Saltillo, dijo que, por fIn, se le iba a dar una solución a ese asunto, dejando ver que probablemente sí, se iba a retirar el semáforo y se iba a reconstruir el camellón como estuvo durante tantos años, hasta los árboles que sacrificaron los iban a reponer…

No hubo chemáfor inteligente en Galerías.

Obvio eso dio pie a que todos los que nos enteramos de eso, más todos a los que les platicamos de eso durante los largos, largos, largos meses que ha durado la dizque modernización y embellecimiento del bulevar Venustiano Carranza: se va a quedar, o lo van a quitar, se va a quedar y lo van a echar a jalar, o se va a quedar como ha estado todos estos trienios, por tres, seis, doce o ‘n’ administraciones municipales por venir.

Y mire que se han tardado con la obra de bulevar Carranza, más que nada porque tiene demasiados aspectos ‘políticos’, por llamarlo de esa manera. En este estado y en esta ciudad es difícil que se hagan todas las cosas que necesitan hacerse ¿por qué? pues porque hay muchos grupos de interés, tanto a favor, como en contra de cualquier acción.

Respecto de la apertura o no del bulevar Galerías en su cruce con Venustiano Carranza hay un solo grupo de interés que pesa, más o menos lo mismo que unos 800,000 habitantes de la ciudad de Saltillo, que desafortunadamente carecemos del poder económico e influencia que tiene la familia Mohamar.

Si fuera cualquier otro apellido, ya hubiera llegado cualquier Jericó, que le hubiera hecho lo que le hizo al Cheto, ¿lo recuerda? aquel líder de los comerciantes ambulantes con carácter permanente. instalados en la Alameda Zaragoza durante décadas. una lana y vámonos a volar.

Pero tratándose de los Mohamar… esto no es posible. a ellos hay que tratarlos con pincitas, hay que tratarlos de usted, hay que tratarlos de compadre, y seguramente que en tantas reuniones sociales y reuniones de negocios que han tenido a lo largo de estos 7 u 8 años, o desde antes, el punto se habrá tratado  una veintena de veces, si no es que más, y es fecha y es hora que no se ha llegado a ninguna solución, y a cómo lo vemos nosotros tiene poquísimas probabilidades de que se le pueda dar una que sea satisfactoria para todos los involucrados.

A los Mohamar les interesa, y les interesa mucho que se abra el cruce de Galerías con Carranza hacia el sur, por la sencillísima razón de que ese factor le da viabilidad a su inmenso proyecto inmobiliario y financiero que es Parque Centro. Si no hay acceso directo viniendo por Venustiano Carranza hacia el sur, y saliendo de galerías hacia el norte, Parque Centro, sus departamentos, sus oficinas, sus restaurantes, y su todo lo demás vale una décima parte de lo que valdría si se abre.

Sí pero nadie traga lumbre, y los políticos menos, y los políticos que han gobernado Saltillo y que gobernarán Saltillo saben que si se abre ese cruce con semáforos tontos, con semáforos inteligentes, o con semáforos con un IQ de 300 de inteligencia artificial, nadie podrá evitar que el tráfico sobre Venustiano Carranza se incremente hasta niveles de pesadilla.

Tan simple como que sería un tapón en ambos sentidos, en una vía que ya ahorita presenta una saturación desesperante, y por dar paso a esos pocos o muchos vehículos entrando y saliendo a Parque Centro y a Galerías, se les vendría el mundo encima, colapsando la principal avenida de la ciudad de Saltillo.

Cuando comenzaron a retirar los semáforos bobalicones, y a poner los non plus ultra, medio Saltillo estuvo pendiente si había movimiento por el rumbo del cruce con Galerías ¿y qué creen?, pues que nada de nada, sigue allí la cadena de tambos color naranja, siguen las luces en intermitente, continúan los semáforos viejos en una avenida de purititos semáforos nuevos, excuso decir cómo se ve ese chipote, uno al que ningún dermatólogo con aires de político sabe cómo quitar sin que se enojen los ricos, o poner para furia de los pobres.

Por lo pronto todo sigue igual, ¡vaya novedad! En una ciudad donde nunca pasa nada, y cuando pasa, pues tampoco.

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