Cartas de Chaul
Del arcón de mis recuerdos

Por: Leonel Chaul Chamut
Voy regresando de una marcha de cientos, y miles de rostros tristes, dolidos, hartos, pidiendo paz; tuve un impulso muy grande de escribir y desahogar esta frustración y coraje, y escribí.
¡Que nos pasó, en qué momento cambiamos tanto! como pasó, si las cosas más simples eran tan divertidas, patear el bote, esconderte y salvar a tus compañeros de juego o las coleadas en plena calle, sin ningún sobresalto, a excepción del silbido agudo del carrito de los plátanos azucarados y el camote con miel de piloncillo, estacionado en la esquina de la calle junto a él, el policía de la colonia vigilante y amable, siempre cuidándonos.
Esto terminaba cuando la voz de mamá asomada a la ventana sin barrotes para avisarnos que era hora de dormir y poner fin a los juegos; a los padres se les respetaba y obedecía, y nuestros padres hacían lo mismo con nuestros abuelos.
El miedo que teníamos era a lo oscurito, a reprobar y a las tarántulas del parque. íbamos a la escuela solos, podíamos ir al cine solos o con amigos, nada pasaba, en la matinée veías películas de gánster y pensábamos que eso sólo pasaba en el cine, recuerdo haber visto la película en el cine, “Cuando el destino nos alcance” nunca me imaginé, que algún día nos alcanzaría.
Cuando a dónde nos desviamos, en qué momento nos perdimos……cuándo nos abandonó el alma, cómo permitimos que nos envenenara el mal, como nos ganó esta ausencia de valores, de honestidad, de unión familiar, e indolencia por nuestros semejantes; fue, quizás el cambio de lo simple a lo sofisticado, a la tecnología que nos abstrajo de la humanidad simple, que ayer fuimos, y nos ha convertido en zombis que necesitan estímulos de enervantes y químicos, que otros promueven para enriquecer, o estímulos materiales como: autos, casas, viajes, joyas y otras cosas….
Marchamos como zombis, trabajamos 40, 50 años enloquecidos y después pasamos nuestros últimos años gastando lo ahorrado, en recuperar la salud perdida por los años de excesos y abandono.
Por Dios, quiero que regrese mi alma y volver a ser humano, quiero sentir vergüenza por mis faltas y por no ayudar a necesitados como motivo de orgullo; quiero quitar las rejas de mi ventana y las chapas de mí portón, quiero sentarme en mi casa con las ventanas abiertas y disfrutar el anochecer de un tranquilo verano.
Quiero dejar a mis hijos a mis nietos, y bisnietos en un mundo simple y común, con amor, esperanza, alegría, techo y comida para todos, que solo piensen en el ser y no en el tener.
Quiero que regrese el alma de:
México
¿Y tú quieres?
mexicano
¡Entonces comencemos!

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