BAILE Y COCHINO…
Por: Horacio Cárdenas Zardoni.-

¿Cómo se imagina usted a la gente dedicada a la defensa de los derechos humanos?
Hablando por mí, me los imagino como tantas fotografías y videos que hemos visto de los grupos de madres, de familias, buscadoras de desaparecidos, gente sucia de tanto remover la tierra con picos y palas, de meter las manos para ver si lo que encontraron es una piedra o un hueso que pudiera ser de uno de sus seres queridos. Los hemos visto quemados por el sol, curtidos, con las manos despedazadas, con la salud menguada por la desesperación, con sombreros y gorras todos polvosos, pero no más que su ropa y calzado, decolorados por el sudor.
Todavía peor, hemos visto como visten y también como viajan los migrantes. A veces, claro que sí, traen ropa de marca y tenis… que han cambiado de mano tres o cuatro veces, hemos visto hombres con mochilas de “La Kitty” a las espaldas, que alguna niña usó mientras iba a la escuela, y que al final del año se la cambiaron por una nueva, y la vieja llegó a los caminos de los migrantes, quienes no la desprecian ¿y cómo?, si allí cargan sus escasas pertenencias, sus papeles y poco dinero, si los tienen, y algo de alimento, que durará menos que el hambre y la sed que los aqueja en las largas jornadas a pie, trepados en el techo de vagones del ferrocarril, estirando la mano por una limosna para malcomer, y para ir juntando dinero para pagarlo a las diversas autoridades para que se hagan de la vista gorda y los dejen continuar su camino hacia los Estados Unidos, o a algún coyote que los pase el río y no los abandone en manos de la Patrulla Fronteriza.
Así los hemos visto, nadie nos lo cuenta, nada tienen que ver con los elegantes trajes y vestidos de diseñador, o con ropa casual muy millenial, que no sale especialmente barata, pagados con los elevados sueldos que cobran por dizque “encargarse” de los derechos humanos.

Llegamos a ver a los encargados y voluntarios de la casa del migrante, que compartían su comida con los centroamericanos, asiáticos o africanos que van de paso, cedérselos al que viene llegando. Total, ellos tienen un plato más o menos seguro en casa, mientras que los que entran… a veces ni siquiera recuerdan la última vez que comieron, ni qué fue, que seguramente no fue ningún manjar ni muy nutritivo que digamos.
Nada comparado con los platillos que degustan los académicos, cuando acuden a congresos, seminarios, paneles, a exponer sus programas, estudios, análisis, evaluaciones, o si ese año han andado medio cerrados del cerebro, solo como oyentes, a ver si se les ocurre algo para imitar para el evento siguiente., pero no por eso van a pasar miserias ¿o sí?
Todo esto viene a cuento porque andando en la calle el domingo a la inconveniente hora de las ocho de la mañana, nos fijamos en la fila de uno de los autolavados más populares de Saltillo. Siempre nos ha parecido una de mas maneras más aburridas de pasar el domingo llevar a lavar el carro, y dijera, es uno el único que va, pero no, hay fila de varios carros adelante, lo que significa que perderá allí un buen par de horas, pero allá cada quien sus domingos, igual anda uno de vago a ver si ya abrió el puesto de las gorditas, lo digo por mí. El caso es que en la fila nos llamó la atención un vehículo que traía en la puerta el logo y el letrero de la Academia Interamericana de Derechos Humanos, en ese inequívoco color violeta y dijimos: ah, allí está la nota dominguera.
Porque: ¿qué tiene que ir a lavarse un carro de la AIDH, de la que su directora general Irene Spigno acaba de ser designada entre una competida y concurrida terna de uno, para un período adicional de cinco años?
Sí, porque como decíamos al principio ¿cómo se imagina uno los vehículos de la gente dedicada a los derechos humanos?, no un Fordcito, o el carro que sea, sino un vehículo utilitario, un 4X4, todo sucio de tierra y lodo, lastimada la lámina por los espinos, de haber andado en los sitios más agrestes, o haberse metido en los barrios más bravos, con los cristales quebrados. Definitivamente no se lo imagina uno lavado y aspirado y con aroma a vainillina elegante que le ponen allí en el Tifón, con su armorol en el tablero , vinilos y llantas, para que brillen. Pues sí, pero pues no.
Allí estaba el carro de la Academia Interamericana, de la que Irene dice que es “una gran aventura iniciada hace diez años” para construir su Casa Morada, en compañía de otro defensor a ultranza del presupuesto irreductible de la AIDH, maestro emérito y magistrado a punto del desempleo, que hasta los calcetines ha de usar de color lila subido, Luis Efrén Ríos Vega, ese quien no se puede ausentar de los discursos de Irene como López Obrador de los de Claudia Sheinbaum… y no digo más, como sentenciaba “El Pitarreo”, Lalo Aguirre, porque soy un caballero.

Y nos surgió la pregunta ¿qué tiene que hacer un vehículo oficial en un autolavado en domingo? Si estuviera en el Ejido Hipólito o Parras, o en Frontera, donde los trenes tiran a los migrantes, se justificaría que anduviera en día inhábil, pero no, lo estaban embelleciendo, para ir por el menudo o a la misa, o a Galerías, o a Monterrey ¿yo que sé?
Porque se supone que todos los vehículos oficiales, en días no hábiles, deben quedar encerrados, sobre todo aquellos con logos, los que no están marcados los podrán traer como particulares, pero estos no. A ver si en “los cinco años más de amor y dedicación a los derechos humanos” que le van a exprimir a la AIDH Irene Spigno y también Luis Efrén y su camarilla, ponen más atención a los reglamentos, porque eso que andaban haciendo es equivalente a desvío de fondos públicos, uno entre quien sabe cuántos.
Habría que preguntar en la Auditoría Superior del Estado si las facturas del autolavado, en domingo, están observadas, o por tratarse del leonero privado del magistrado morado y su patrón Rubén, pasan como cuchillo en mantequilla.
Y aquí lanzamos el reto: nombre alguien un beneficio, un solo beneficio para los humanos que la academia interamericana de los derechos haya logrado en diez años de aventuras por toda Europa, digo, aparte de traer los carros y camionetas relucientes… y ya que los nombre, compárelos con los cuarenta millones de pesos de presupuesto intocable que tienen para tronarse a costa del apergollado de la Universidad Autónoma de Coahuila. Las lavadas de carro más caras, y moradas, del siglo.

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