La venganza de Chema Fraustro

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

A lo largo de los años, nos ha tocado ver la evolución en el comportamiento de los gobernantes durante las distintas fases de su gestión, de antes de esta dé inicio, y cuando ha concluido, sea que logran dar el famosísimo, y no siempre exitoso salto de la muerte a una posición más elevada, si caen en la red de protección de un hueso con fuero, o si de plano se ven condenados al ostracismo de haber sido abandonados por los que siguen en el poder, pero no los consideraron dignos de ser llamados para seguir perteneciendo a la casta divina de los que mangonean los presupuestos públicos.

El ejemplo más representativo de cómo puede comportarse un político, lo hemos señalado en varias ocasiones, es el de Jericó Abramo Masso, quien ocupó la presidencia municipal entre 2010 y 2013, siendo si no nos falla la memoria, el único que logró disfrutar de un cuatrienio, antes y después de él eran administraciones de tres años, la suya fue de cuatro. Jericó buscó la alcaldía por todos los medios, más bien la nominación de su partido, el Revolucionario Institucional, que la otra caería sola. Como siempre, hubo ravietas, negociaciones, arrastramientos, presiones, cesiones, y al final se le hizo que el dedo elector, en aquel momento el de Humberto Moreira Valdés, lo señalara para el cargo.

Ni que decir que llegó Jericó con todas las ganas, la suya era una actividad alucinante, fiel al estilo del profe que nos cuidaba, también andaba como trompo chillador por todo Saltillo, barrios, colonias, ejidos, en eventos o solo recorriendo las calles en medio de una nube de guardaespaldas armados, todos de chalequito beige, bueno, antes que se soltaran los malandros, pero ese es otro cuento. Jericó había hecho un determinado número de compromisos, y con el ritmo de trabajo que traía, o por mala planeación y organización de su gestión, los acabó como al año, ¿y luego qué hacer? De la actividad febril del primer año, pasó a algo más pausado, y al tercero se le veía arrastrando los pies, total que para el cuarto año de administración, ya de plano no se le veía por ningún lado, ni en eventos, ni en ceremonias, ni en ningún sitio, estaba ya hastiado de la chamba de alcalde, y andaba a la busca de nuevos desafíos políticos. Pero lo notorio era eso, su fastidio y su falta de ganas para desempeñar el trabajo de alcalde.

Jericó se aburrió de ser alcalde de Saltillo.

Mencionamos a Jericó como ejemplo, porque nos toca escribir un comentario sobre José María Fraustro Siller, quien está por terminar su período como presidente municipal, y la percepción que tenemos de él es muy parecida a la del diputado federal en sus últimos meses en el mismo cargo, hartazgo, cansancio, aburrimiento, y muy al estilo de Chema, ciertas ganas de desquite por afrentas reales o imaginarias para con sus gobernados.

Chema lo que quería era ser gobernador, no presidente municipal. Después de haber sido presidente del congreso, secretario de educación y de gobierno, además de los cargos que tuvo en la administración federal de la mano de Reyes Tamez en tiempos de Vicente Fox, creía que lo suyo, lo que merecía y se había ganado era la gubernatura, no la triste chamba de alcalde, que se le hacía poco, y además, bastante exigente para su gusto del trabajo de gabinete y política de altos vuelos.

Pero tampoco era para despreciarla, el sistema no gusta que le digan que no, pero era notorio, desde la campaña, desde la propaganda política, donde decía candidato a presidente… en vez de candidato a presidente municipal, que era lo que debería decir. A lo mejor era una proyección de su ego, a lo mejor era una volada más de sus ayudantes, una que seguro le agradó porque no dio orden de corregirla y así circuló.

Chema Fraustro se vengó de todos.

Chema tuvo sus momentos importantes en estos tres años, y también tuvo sus bajones, por más que mantuvo una cobertura en medios exagerada y fuera de lugar, pero se veía más que forzada. Luego de lo del Tec Saltillo convertido en cantina y su renuencia a pedir perdón ante los estudiantes, Chema entró en un barreno del que no ha salido, lo que no quita que deje de tener rencor para con quienes, siente, que no supieron aquilatar el tenerlo como gobernante.

Lo del desfile del día 20 de noviembre no puede interpretarse de otra manera que como un deseo de venganza de sus conciudadanos, cargándoles la mano de una forma desproporcionada. ¿De qué estamos hablando?, ah pues de lo que se vio y se padeció, más algunas otras cosillas que no se notaron tanto.

Por principio de cuentas ¿qué sentido tuvo mover el feriado conforme al calendario oficial, de miércoles a lunes, si de todas maneras se iba a realizar el desfile el mero día 20?, si todo el cuento de mover los feriados era para no perder productividad en los empleos y en la escuela, el descansar el lunes, y el miércoles destinarlo a un desfile equivale no a perder un día como era antes, sino dos. Pero ponga, esto no solo se hizo en Saltillo, sino en todo el estado, malamente. Casi que sería mejor regresar a como estábamos antes, y arriesgarnos a que si cae en puente, brincárnoslo, como corresponde desde siempre.

Pero no solo eso. ¿Cuántos desfiles organizó y presenció Chema como secretario de educación, de gobierno y como alcalde, como para no saber que la tónica, o parte de ella, debería ser afectar lo menos posible a la gente que sí tiene otra cosa que hacer, principalmente ir a trabajar o a la escuela?

No, ante tanta crítica ciudadana por el pésimo, bueno, dejémoslo en bastante malo arreglo de los semáforos dizque inteligentes, en vez de cerrar, como toda la vida, de Chiapas a José Cárdenas, o cuando mucho a Reynosa, no, ahora cerraron desde bulevar Francisco Coss hasta el cruce con periférico Echeverría, provocando un caos como no se había visto en mucho tiempo, y sobre todo, sin un motivo fundado.

 Lo peor fue que ni siquiera permitieron circular con la calle que se convierte en Valdés Sánchez, junto a la Margarita, lo que hubiera permitido el desfogue del tráfico hacia Hidalgo y Abasolo, ni más ni menos que como se hace cada domingo en la ruta recreativa, no: friéguense.

Eso de un lado, del otro, las calles Reynosa y Veracruz, por donde se reincorpora el tráfico a Carranza después de sacarle la vuelta el desfile, también cerradas. Allí tiene hasta el periférico convertido en estacionamiento por el “dispositivo” exagerado.

Pero la cereza del pastel de la incompetencia, o como pensamos, de la venganza del alcalde fue el que no había ni policías, ni agentes de tránsito, ni autoridad alguna redireccionando el tránsito por donde fuera posible moverse, allí tiene a los miles de conductores metiéndose por calles conocidas o desconocidas, a ver si con suerte lograba salir del nudo, de una parte, para atorarse en otra.

Allí tiene a la autoridad presenciando un ridículo desfile que nada tiene de revolucionario, mientras a su alrededor el tránsito está paralizado, decenas de miles de ciudadanos llegan tarde a sus trabajos, se pierde el ritmo de la producción y la productividad por los suelos. Ah, pero Chema se vengó de nosotros.

Un comentario sobre “La venganza de Chema Fraustro

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  1. Efectivamente, la desastrosa decisión del desfile, solo vino a complicar al propio gobierno municipal, las mentadas de madre que se llevó, resonaron hasta el cerro del Pueblo excelente artículo

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