Si no iban a acabar…

BAILE Y COCHINO…

por Horacio Cárdenas Zardoni.-

La nota apareció hace un par de semanas, con un encabezado de esos lapidarios, que hacía un tanto redundante la lectura del texto: en cinco meses avanzan tres cuadras en la modernización de la Calle General Cepeda. De hecho es de esos encabezados de premio, que desafortunadamente enojan tanto al lector, que lo que menos quiere es sentir cómo se le retuerce la tripa de coraje con cada línea que lee, pues lo único que hace es remachar lo que ya le dijo la primera frase, pero bueno, no somos “X” antes Twitter, no podemos vivir con mensajes de 218 caracteres, lo nuestro es la comunicación larga, y pues a llenar la nota con datos, por más que signifique llenarle los hígados de piedritas.

El tiempo ha seguido corriendo, lo cual no se corresponde directamente con que el ayuntamiento de Saltillo se haya apurado a darle continuidad a los trabajos de dizque remodelación, remozamiento, rehabilitación de la calle de General Cepeda, una de las principales del centro histórico de Saltillo, y nótese que lo escribimos con minúsculas a propósito, pues será el centro geográfico y político de la ciudad, pero de histórico si tuvo algo, lo ha perdido ante la desidia y el abandono de todos los involucrados en tenerlo como se debe, o se debería.

Algún político con más interés en el cómo evaluarán su gestión, en el qué dirán los ciudadanos y posibles electores para algo que se ofrezca en el futuro, habiendo visto una nota como esa, mandaría apersonarse ipso facto a sus colaboradores para exigirles cuentas -a ver ¿qué pasó con esa obra? ¿porqué está tan retrasada?- y lo  más importante de todo, averiguar si se va a terminar antes que se acabe el trienio, porque oh… crueldad del tiempo, los trienios ni los sexenios no son eternos, llegan a su fin, y lo primero que hace la población, y obvio, también los que llegan en calidad de sucesores, es ver qué se quedó pendiente del trienio anterior, momento en que comienza el acarreo de tierra y materiales orgánicos varios, de preferencia en proceso de descomposición, para quitarle a cualquiera la menor duda de que los nuevos son infinitamente mejores que los viejos que se van a la goma.

La peor pesadilla de un político, de esos no demasiados que tienen un cierto sentido de la responsabilidad, es dejar cosas pendientes. Lo que a estos les gusta es dejar todo cerrado y amarrado, todas las cuentas pagadas y las promesas cumplidas, para que nadie, ni por asomo, cuestione que hubo desidia, flojera, falta de compromiso, incapacidad operativa, peor todavía, incapacidad de gestión ante las autoridades que aflojan los dineros. Que nunca faltan los criticones, gente que se la pasa buscando, encontrando o inventando defectos en el trabajo realizado, pero si encima les deja uno las evidencias…

¿Y qué peores evidencias que obras sin terminar?

Lo de General Cepeda es un caso sintomático de mala planeación. Sí, lo que es la ejecución de la obra se puede calcular hasta el minuto, sobre todo cuando se negocia con los contratistas que se va a pagar a destajo, y estos ajustan sus presupuestos y organizan a su gente para que se pegue a la chamba como si no hubiera día de mañana, porque no lo hay. Ah no, acá la programación es de lunes a viernes, con sus respectivas jornadas comenzando a las nueve de la mañana y tirando la cuchara a las cinco de la tarde, con sus correspondientes dos horas para comer, sus pausas para el café, y no nos extrañaría que hasta para dormir la siesta, así se las gastan.

Las veces que pasamos por General Cepeda con ánimos de periodista criticón, lo que vimos es que había una dotación mínima de personal, y dijera uno, estaban trabajando a bordo de las máquinas,  excavadoras o compactadoras, pero no, al más puro estilo burocrático, estaba un cuate con una pala, recargado en la pala, y otros cinco ayudándole a no hacer nada, en lo que se veía que todos ellos eran expertos. Las máquinas, allí paradas, se veía que de días sin siquiera prenderlas.

Y es que el asunto de la planeación no es solo el de programar los trabajos de hombres y equipos, también tiene que ver con la planeación de las finanzas, y allí es donde las cosas se les complican a los burócratas. Porque para negociar horarios nocturnos, o de fin de semana, tiempos extra, o el pago a destajo, hay que tener el dinero en la mano, o bueno, en la cuenta de banco. Si no está el dinero, pero hay la esperanza de conseguirlo, la promesa de recibirlo para determinada fecha, pues claro que se emprenden las obras y se publicitan las fechas en las que serán entregadas, se establecen compromisos con los comerciantes, con los vecinos, con las líneas de camiones que pasan por allí… pero ¿y si no cae la lana?

Allí es dónde. Porque ponga que sí, que ni el presidente municipal ni su director de Obras Públicas, José María Fraustro y Virgilio Verduzco, hallan ganado en su vida un premio de puntualidad para la entrega de los trabajos que tenían asignados, a los dos les gusta tomarse su tiempo… pero si encima carecen de dinero para apurar a los contratistas, a los que siempre les urge cobrar para solventar los gastos en que han ido incurriendo, pues estos suelen reaccionar como lo han hecho los de la obra de General Cepeda.

Nadie podrá decir que han abandonado la obra, de ninguna manera, eso los haría meritorios de una sanción en dinero o hasta penal, no, pero sí mantienen una cuadrilla mínima de operarios, apenas para que la gente que pase por allí no diga que no hay nadie haciendo nada. No hablamos de los supervisores de obra o funcionarios, que esos no se aparecen, no vaya a ser que les reclamen la falta de pago de lo que ya se ha hecho o les pida los anticipos para seguir con lo que falta.

Sí, la obra de General Cepeda lo más probable es que no se termine ya no digamos en tiempo, sino que ni siquiera se concluya dentro del período de la administración municipal, que entrega el último día del año. Tal vez si hubiera una inyección de dinero suficiente… se podría trabajar tres turnos continuos y hasta los pocos fines de semana que quedan, pero si no hay el mugroso aliciente económico, pues obvio que nadie dará una paletada de tierra extra.

A lo mejor no debió emprenderse la obra, si no había la certeza de que se pudiera concluir. Tal vez no pensaron en ir concluyendo cuadra por cuadra, antes de abrir las siguientes zanjas, hasta que no estuviera depositada la partida necesaria para garantizar la continuidad. ¿Yo que sé de eso?, lo de la política y la negociación entre instancias de gobierno no es nuestra especialidad, pero hay cosas que tienen su lógica, sobre todo sabiendo cómo son las cosas en México, en Coahuila y en Saltillo.

Por lo pronto se viene una nueva administración, y lo que menos querrá será terminar lo que la anterior dejó pendiente, no es cuestión de pleitos, lo es de planeación y de saber con qué plata se cuenta y con qué no. Ahorita ya es demasiado tarde… para acabar, olvídese de planear bien.

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