Las licenciosas

BAILE Y COCHINO…

Por: Horacio Cárdenas Zardoni.-

Ahí la va la confesión, tenía su cuate dieciséis años y cierta urgencia, como todos a esa edad, por sacar la licencia de manejo. Bueno no, siendo estrictos, en aquellos años había permiso y licencia, el permiso era para los menores de edad, de los 16 en adelante, y la licencia, ya con todas las de la ley, era a partir de los dieciocho cumplidos, así que por lo que iba yo era por el permiso de conducir.

Para esto, ya sabrá, sí me había subido a un carro… unas cinco o seis veces al volante, mismas que de ninguna manera me habilitaban como un conductor experto, ni de lejos, ¿estacionarme?, ni de relajo, era de los que buscaba un estacionamiento en algún comercio y me iba hasta el final… de hecho soy famoso porque sigo haciendo lo mismo varias décadas después: allá en la lejanía no hay que hacer maniobras, y es probable que me ahorre la vergüenza de que alguien me vea haciéndolas, y precisamente es uno de los puntos en los que más se fijan, y ensañan, los examinadores de manejo, los que le dan su firma en un formatito, diciendo que el interfecto, o sea yo en este caso particular, le se a la manejada.

La escena fue así, yo creo que lo fue para todos los de mi generación. Pasaba uno con el revisor de los documentos, acta de nacimiento, comprobante de domicilio, no se qué más, de allí a una ventanilla donde estaba el examinador, quien decía sí cómo no, quien preguntaba ¿dónde tienes tu carro?, y allá salíamos de la oficina de licencias, nos subíamos al vehículo, uno al volante y el riguroso evaluador del lado del pasajero, quien, casi estoy seguro que tenía, si no ensayado, sí perfectamente calculado el momento, en el instante en que iba a meter la llave en el contacto y encender hecho el proverbial manojo de nervios el carro, me pregunta ¿de veras quieres hacer el examen?

Excuso decir que, chavo como era, neófito en eso de manejar, e ignorando lo básico de la corrupción de las oficinas públicas, me quedé, como dicen los jóvenes, de a seis, en mis tiempos era de a cuatro, sin saber qué hacer ni qué contestar, lago que el servidor público debía disfrutar como enano, hasta que pasó al negocio, aclarándome: si no quieres el examen, son cincuenta pesos, y si sí quieres el examen, a ver qué tal sales…

Seguro que habría chavas y chavos que eran unos auténticos Tarufis, que sabían la parte mecánica, la parte funcional y el reglamento de tránsito al revés y al derecho, ellos sí que se animarían al examen, y negando la dádiva, saldrían reprobados, y uno al que se le mataba el coche en plano y en pendiente hacía el ridículo de buscar otro carro para recargarse, nada de coches automáticos, cincuenta pesos se me hizo el negocio y la oportunidad de la vida, porque lo confieso con todas sus letras: no sabía manejar, y hubiera reventado el examen entre la burla del examinador, quien casi seguro me volvería a tocar al mes, y no pediría cincuenta, sino doscientos. Mea culpa, le unté la mano y pasé con honores, con el carro matándoseme en cada semáforo en rojo.

Bueno, pues la anécdota confesional viene a cuento porque en los últimos días ha estado a discusión el tema de las licencias de manejo acá en Coahuila, asunto que salió a la luz derivado de un accidente automovilístico en el que fallecieron tres jóvenes, a algún colega reportero se le ocurrió preguntar si traían licencia de conducir, y yendo un poco más allá, si habían pasado un examen de manejo. No sé qué les habrán contestado las autoridades sobre las víctimas, pero cuando fueron a checar, se toparon con que no, acá en Coahuila, no se hace examen de manejo a los solicitantes de licencias, y la respuesta que dieron los funcionarios públicos del área, es que es un asunto ‘muy complicado’.

Hace algunas semanas nos pitorreamos aquí de que, populista hasta los tuétanos, Clara Brugada, flamante jefa de gobierno de la Ciudad de México, había cumplido con una de sus promesas de campaña, reinstaurar la licencia de manejo permanente, esa que paga usted una vez y le dura para la eternidad, de hecho recomiendan que en su viaje al Mictlán, la lleve, porque todavía está vigente.

De veras que hay que ser de MORENA para promover una acción así, la gente, cualquiera, todos, va perdiendo facultades con el paso de los años, entre ellas los reflejos, la vista y la habilidad al volante. Tan es así, que en Estados Unidos, siempre la comparación con los conservadores fifís, la renovación de la licencia de manejo implica el volver a presentar examen, y si no lo aprueba, la licencia que le ha servido durante cincuenta o más años, se le retira, pues ya no es apto para manejar. Pero como a los de MORENA les importa quedar bien con los votantes, sobre todo con los viejitos, les quitaron la obligación y el gasto de la renovación.

No sabemos que es peor, si mantener manejando a personas que ya no ven bien, con los reflejos disminuidos por la edad, que padece alguna enfermedad degenerativa que afecta sus capacidades físicas y mentales, o lo que se hace en Coahuila, más bien lo que no se hace, otorgar la licencia a quien no ha demostrado con nivel de suficiencia, que sabe manejar.

La primera vez que acudimos a la oficina de licencias acá en Coahuila, el módulo estaba allí en Presidente Cárdenas frente al Colegio México, nos llamó la atención que tenían un examen por computadora, pensamos qué modernos acá, y lo que pedía el tal examen era responder una, una sola pregunta, en general sobre el significado de una de las señales de tránsito. Delante de mi pasó alguien que se equivocó, era una vuelta continua a la izquierda o algo así, lo único que hizo el aparato fue ponerle otra pregunta, y como ésta sí la tuvo bien, lo dio por aprobado.

Eso era antes, luego que hemos renovado cada dos años la licencia, ya ni eso, ‘es muy complicado’ según los funcionarios, y sí ha de ser, porque el trámite que antes se tardaba diez minutos, con examen electrónico y todo, se convirtió en un asunto de meses, sobre todo si aprovechaba el descuento del buen fin, podían pasar seis meses antes que le tocara, y todavía… tener que llegar a las cinco de la mañana porque solo reparten cincuenta fichas y el que no alcanzó, no alcanzó.

Cuando vaya conduciendo, volteé a su alrededor ¿los conductores de los lados, el de atrás, el que pasó hecho la cochinilla, habrán pasado un examen de manejo?, es más ¿tendrán licencia?, ¿tendrán capacidad para manejar con esa licencia que tienen? Y entonces recuerde si usted también anda por la vida con una licencia para la que no hizo examen.

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