BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Como decenas de miles, quizá hasta cientos de miles de saltillenses, formo parte de uno de los equis número de grupos de seguridad establecidos por el Ayuntamiento desde muy al principio de la administración de Manolo Jiménez Salinas como alcalde, y continuados por José María Fraustro Siller, y que puede calificarse como la gran carta de presentación política y de seguridad de Manolo, y tanto, que en esa estrategia ha basado la percepción de seguridad que vive la ciudad y ahora el estado, como se refleja en las sucesivas aplicaciones de las encuestas del INEGI, y en que un buen puñado de autoridades electas de otros estados y municipios hayan venido personalmente a enterarse del funcionamiento de los famosos grupos de WhatsApp.
De que funcionan, funcionan. Hasta un servidor ha tenido la oportunidad de reportar tres o cuatro situaciones, que han sido atendidas, claro, en la medida de lo posible, porque Saltillo como cualquier otra ciudad, puede enfrentar lo que parece una epidemia de incidentes que requieren la presencia policiaca en días y horas específicos, y luego entrar en una calma que hasta parece sospechosa, para reiniciar un ciclo que nunca acaba, pero del que nunca uno es igual al siguiente.

Cuando comenzaron a integrarse los grupos de seguridad la gente se sorprendía de lo eficientes que eran. Acostumbrados como estábamos a que el 911 no sirve para maldita la cosa, perdón lo puse en presente debiendo ponerlo en pasado… no, sigue sin servir para maldita la cosa, acudían las patrullas a una velocidad sorprendente, y no solo la traqueteada de la policía municipal, sino la del Grupo de Reacción, que muy ponderada y educadamente atendía la situación. Poco a poco, o ni tanto, los saltillenses comenzaron a sentirse cómodos, seguros, a gusto, y lo manifestaron así en las encuestas.
A que más que la verdad, estábamos contentos con la modalidad esa de que hasta mandaban fotografías de la ‘unidad’ en el lugar de los hechos, allí comprobábamos que la situación conflictiva se había desactivado, o mínimo, que estaban trabajando en ella. Nada que ver con las horas que antes esperaba uno que llegara la policía, si es que se aparecía, que no era lo más frecuente que digamos.
Pero sí, a lo mejor es que los grupos de seguridad crecieron más allá de la capacidad para administrarlos, o que en su segundo trienio no han recibido el mismo grado de apoyo que al principio, o también que simplemente hay gente que no está a la altura de la tarea, o que los agarra uno en un momento pesado de la jornada, el hecho es que… ya no están rindiendo los grupos de seguridad de WhatsApp del municipio de Saltillo como deberían.

Por esas cosas de la vida, nos tocó estar en el que se denomina Seguridad Jardín, en el que muy diligentemente, el comandante de turno envía un mensaje por allí de las seis de la mañana para dar los buenos días, presentarse con su nombre y decir que están a la orden de los ciudadanos, para lo que se llegue a ofrecer en asuntos de seguridad. Esa es la parte bonita, a la que estamos acostumbrados y hasta agradecidos cuando nadie nos tira un lazo y menos en Saltillo donde los buenos días los repartimos a cuentagotas. Pero nos tocó atestiguar un hecho bastante lastimoso, por no decir grave, en la atención del Grupo de Seguridad por parte de las autoridades.
Nos referimos al atropellamiento y presunto homicidio imprudencial de Martha García, de 89 años de edad, vecina de la Calle Sauce en la Colonia Jardín Oriente. Como mucha gente, escucha uno el aviso, y abre el Whats para checar que hay, y para pronto nos encontramos con un audio en el que una persona que iba pasando por el lugar, reporta el atropellamiento de una persona, y lo acompaña con una fotografía, en la que efectivamente se ve a alguien tirado en la banqueta y un camión pesado parado. Ese fue el primer aviso, a las 16:13. Un minuto después, a las 16:14, y seguramente sin haberlo checado por ir conduciendo, otro usuario envía otro audio y otra foto, con los mismos datos, nada más que va un poco más allá, y solicita el envío de una ambulancia, y muy atingente, hasta envía el mapa de ubicación.
Quede claro que en ese instante no se sabía más que lo que le relatamos, pero con la pura foto era para que el despachador… así se le decía en mis tiempos, dispusiera el envío de una patrulla urgente, para verificar lo que ya entonces se perfilaba como un asunto complicado, mínimo con una persona seriamente herida o algo peor. Ah no, la respuesta de los Comités Ciudadanos fue, textual “recordemos que las unidades de ambulancia son directamente al 911 ya que es la estancia correspondiente en despachar las unidades de ambulancia.”, a ver quién le explica al que contestó, la diferencia entre instancia y estancia, pero eso es pecata minuta, lo que no lo es, el hecho de que pasa la bolita para más allá, cuando ya había la presunción de un delito, la posibilidad de que el perpetrador se diera a la fuga en el camión o corriendo, y ella o él o elle, ocupado en decirle a la gente que llamara al 911…
Con razón los vecinos que iban pasando o salieron, se enfurecieron: ya para ese entonces habían hecho varias llamadas al 911, todavía nos queda la enseñanza anterior, llamar en vez de mandar mensaje, con el resultado obvio de que nomás nada.
Continuando con su pachorra, el policía, empleado o lo que sea, dice que entonces hablen directo a la Cruz Roja, y allí sí que se pone servicial, y hasta el número de teléfono les pasa… pues más se enchila la gente. Ya después de eso llegó la primera patrulla de tránsito al lugar de los hechos, y hacerse cargo de la situación.

No vamos a especular si la señora Martha habría tenido alguna posibilidad de salvar la vida si no se les hubiera hecho bolas el engrudo en el Grupo de WhatsApp, ni su edad era un factor a ignorar, ni el golpe de un tractor de diez toneladas es algo que sobreviva cualquiera, pero queda siempre la duda de si algo, lo mínimo, lo estrictamente humano se hubiera podido hacer, y no se hizo, todo por estar ocupado el encargado de quien sabe qué cosa que no era el análisis instantáneo de la foto y corroborar con quienes llamaron la situación, ocupándolos de algo así como ‘primer respondiente’.
A lo mejor como dijimos al principio, fue un mero error, una baja en la efectividad, que ya llegaron a su nivel de incompetencia según las fórmulas de Peter, o que ante situaciones extremas, los protocolos valen chetos, por lo pronto en este penoso caso, y en quien sabe cuántos otros, la puerca torció el rabo.

Lamentable hecho, y como siempre hasta de estos sucesos tan penosos es un gusto leer a este periodista.