BAILE Y COCHINO…
Por: Horacio Cárdenas Zardoni.-

Tres años, más de tres años se le fueron a la actual administración de Saltillo, si consideramos el tiempo transcurrido entre el día de la elección y aquel en que finalmente asume el poder, sin que lograra una transformación razonablemente para mejor, del funcionamiento del transporte público concesionado.
Póngale usted el punto inicial que guste, dependiendo de su edad si es nacido en Saltillo, o de que vive y conoce la capital de Coahuila por la circunstancia que sea, pues si son cuarenta, veinte o diez años, desde entonces el transporte público es un problema.
A lo mejor hace cuatro décadas el problema era pequeño, manejable, quizá hace veinte el pulpo camionero estaba en su pleno poder y control de las vialidades y con capacidad de obligar a las autoridades a hacer lo que les ordenaran y les conviniera, y hoy… bueno, hoy el pulpo camionero acabó por ser víctima de sus propios vicios, la gente que pensaban que tenían en sus garras, logró salirse de ellas comprándose su carrito, caminando, arriesgándose en una bicicleta o de la manera que sea, el caso es que cada vez menos usuarios se trepan a un camión de ruta, por lo caro del costo y por el pésimo servicio que otorgan.
Pues bien, este trienio que está a punto de fenecer, enfrentó el mismo problema con el transporte público que sus quince o más antecesores, e igual, prometió a los ciudadanos, los que votaron por ellos y los que lo hicieron en contra o se abstuvieron, agarrar al toro por los cuernos, devolverle a Saltillo un servicio de transporte urbano de calidad, a un precio razonable, con un rango de cobertura en tiempo y amplitud razonable, y… se hizo rosca con todo.
Fueron tres años desperdiciados, más con ganas de taparle el ojo al macho que de veras entrarle a solucionar algo, inventaron la tristemente célebre NET, la Nueva Estrategia del Transporte, de la que dijeron maravillas al principio, cuando era un mero proyecto en una servilleta de papel, y aire caliente en los discursos del alcalde y sus funcionarios.
¿Qué no dijeron?, de lo más elaborado, es que tendría wi fi y aire acondicionado en las unidades… que circularían con una frecuencia que la hiciera atractiva para los usuarios, aun los que habitaran en colonias más alejadas, y otras lindezas, de ello no se ha cumplido nada.
Ya para mediados del trienio la iniciativa se había reducido a la creación de una “app”, una aplicación de celular, mediante la cual los usuarios sabrían dónde estaban los camiones de su ruta y más o menos cuánto tiempo tardarían en llegar a su parada… y de los camiones nuevos con esta y aquella comodidad, ya se habían olvidado. Cuando mucho hablaban de camiones nuevos, pero de los más modestitos en el mercado.

Todavía a principios de año, y luego de gastar mucho dinero de los saltillenses en dizque estudios y el diseño y pruebas de la NET, dijeron que la iban a lanzar, vaya usted a saber si está en funcionamiento o quedó en pura vacilada, como vacilada fue lo de los nuevos vehículos, las rutas troncales, la frecuencia, la capacitación exhaustiva de los choferes, la modificación de las condiciones de propiedad de las concesiones para hacer innecesario el que conduzcan a veces como alma que se lleva el sexenio, y otras como si nunca fuera a llegar la navidad.
Pero en el fondo y en la superficie podríamos aventurar que ningún alcalde hizo menos por mejorar el tema del transporte público que el actual, José María Fraustro Siller. Ni siquiera aquellos a los que presionaron los concesionarios por pertenecer al PAN y no al PRI, ni aquellos que les debían el apoyo en directo y en dinero, fueron hicieron tan poco como Chema, que se la pasó en puras promesas vacías, confiando en dos factores, primero la mala memoria de la gente, y segundo, en que ningún trienio es eterno, terminado el suyo, ni quien le fuera a reclamar algo, y ni que fuera a hacer algo si le reclamaban.
No, de ninguna manera vamos a decir que el tema del transporte público sea sencillo. Lo que sí podemos señalar es que hay ciudades y hay administraciones en los que se nota que traen a los concesionarios muy bien controladitos, y otras en las que hacen lo que se les da su regaladísima gana. La actual de Saltillo es de estas últimas.
Vaya a saber si es porque el alcalde no quería ser alcalde sino gobernador, si ya estaba y está tan cansado como se ve, si la chamba le quedó grande o de plano no la quería, o que sus compromisos con los transportistas y con los burócratas municipales a los que ratificó, impidieron que hiciera algo más que dejar hacer, dejar pasar. Lo más probable es que se trate de una combinación de todo esto, junto.

Para no variar se fueron por todo lo alto, queriendo una transformación de lo pésimo a lo óptimo, y que esto no le costara nada a nadie, eso es simplemente imposible, y menos si no se quieren ensuciar las manos. Pero algo se pudo hacer y no se hizo: okey, no camiones nuevos, pero camiones limpios, en buenas condiciones mecánicas, con rutas bien establecidas, amplias, y con horarios cumplidos al minuto.
También se podía hacer algo con los choferes y no se hizo, en vez de cafres, aspirantes a asesinos, pudieron buscar y encontrar gente que le guste esa chamba, que maneje con cortesía, que no utilice el monstruo de fierro para demostrar lo macho que es y lo mucho que desprecia a los conductores de otros vehículos, a los peatones y a los usuarios que lleva a bordo.
Los concesionarios, no nos cabe duda, se siguieron burlando de la autoridad, ni más ni menos que siempre, les tienen tomada la medida. Pero como decíamos antes, cada vez menos usuarios aceptan ese trato infame, y los camiones van cada vez más vacíos. Si parece que lo hicieron todo para matar a la gallina de los huevos de oro, pero no cejan, ahora parecen empeñados en hacer caldo con ella, y moler los huesos para ver si se los pueden vender a alguien, lo cual dudo.
Viene un nuevo trienio ¿qué nos espera?, ¿Qué Javier Díaz acepte que no tiene más opción que seguir con la NET, que plantee una iniciativa propia, que sí pueda lograrse, o que también decida nadar de muertito?, allí se lo encargo, en materia de transporte peor no podemos estar… ¿o sí?

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