BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Decía la banda sonora de aquella antigua película, de los años setenta del siglo pasado, que el dinero hace que el mundo dé vueltas. La película causó furor en su momento, creo que hasta algún premio Óscar se llevó, y en ella Lisa Minelli la hacía de artista de cabaret, cantante y bailarina en un tugurio de la Alemania durante la Segunda Guerra Mundial.
Como musical vale la pena desde luego, y como cinta satisface, pero el trasfondo no es muy diferente de lo que se vive en el momento presente, en cuanto que la gente vende lo que tiene para medio vivir, entre ellos su cuerpo, su dignidad, a sus congéneres, lo que sea, y sí, hay que ver las caras de embelesamiento cuando hablan del deseado de todas las gentes (sic), el billete, muchos billetes, que hasta un número de baile le dedican con toda la compañía.
Sin venir a cuento, o más bien sí, porque es ineludible la cuestión, se dio a conocer en días pasados que la administración pública estatal estará abonando una cierta cantidad de dinero para aliviar la célebremente triste megadeuda que pesa sobre las espaldas de todos los habitantes del estado desde hace ya tres sexenios, y que tenemos la sospecha, a como se ha venido dizque administrando, que primero nos convertimos en polvo o cenizas, antes que algún gobernador del siglo entrante organice una ceremonia para comunicar al respetable público que la deuda contraída equis número de décadas antes, ha sido saldada hasta su último centavo, luego de haber sido renegociada cada jueves y domingo, y haber multiplicado los intereses de tal manera, que se ha abonado a los acreedores varias veces el equivalente al capital.

Qué bueno por la actual administración, que malo por las precedentes, que se hicieron rosca a la hora de pagar la megadeuda, y todavía le incrementaron más, hasta el límite permitido por la federación, que, sus razones tendrá, se arrogó el derecho de meter sus federales narices en las finanzas de los estados, donde tenían evidencias de que la irresponsabilidad, en materia financiera y todas las demás, campeaba, y sigue haciendo de las suyas suyitas.
Los préstamos de FAMSA, cuando existía FAMSA, o de Elektra que todavía existe o de Coppel no son muy distintos para la gente común y corriente que lo que son los préstamos bancarios para las entidades gubernamentales del nivel o tipo que estas sean. Tanto el que saca una televisión en abonos chiquitos como el que pide prestado para cubrir los aguinaldos o la nómina, hacer obra pública o completar para las becas y pensiones del bienestar negocian las condiciones del préstamo, entre las que aparecen de manera preponderante dos elementos: el monto de los intereses y la fecha de vencimiento del préstamo. No hay contrato bancario que no incluya eso en letra bien grande, y decenas de cláusulas en letra chiquita, minúscula o microscópica que obliga al abajo firmante a una cantidad de cosas que si se examinan bien, llegan a constituir violaciones a los derechos humanos, lo menos.
En el colmo de la mercadotecnia para convencer al borrego pascual de aceptar el sacrificio, le hacen cuatro, seis o más cuentas, alguna de las cuales seguro que logra brincar las barreras de protección que se ha impuesto, sin las cuales es un suicidio andar por el mundo: si el crédito es a un mes, es tanto, si es a seis meses, es tanto otro, si es a un año o cinco o diez, y a nivel gobiernos, se barajan hasta los treinta, cincuenta o cien años. Mientras más largo es el plazo, más pequeñas son las aportaciones mensuales, hasta el más bragado dice, 50 pesos diarios sí los puedo pagar… sí, nada más que 50 pesos diarios por veinte años, acaba uno pagando el triple o más veces que si lo hubiera pagado de contado, porque los intereses también se ven mínimos, y como nos da flojera sumar, pues allí están las consecuencias.

Durante tres sexenios los sucesivos gobiernos de Coahuila prácticamente no abonaron a la deuda, al pago de capital, concretándose a pagar intereses y renegociar la deuda. Es entendible, el pago de la deuda no luce más que en ciertos círculos sociales, al gran público hay que convencerlo con obras, programas sociales, eventos, de que son un buen gobierno, para allá se va el dinero, y siguiendo el viejo paradigma del sistema político a la mexicana, ojo que no decimos priísta, haz obra que algo sobra, la deuda que la paguen los que vengan después… si quieren o pueden, que eso a los que se van, no le interesa en lo más mínimo.
Y bueno, llegamos al momento de que el gobierno estatal actual tiene programado abonar sustancialmente más dinero que los anteriores, definitivamente no para que se salde ni en este sexenio ni en esta década, pero algo que se vea, que se pueda señalar y que se pueda usar políticamente en alguna campaña futura, por si se llegara a ofrecer.
Qué bueno, muy loable, donde ya no nos gusta tanto es que se programen gastos de manejo de deuda por un monto que se acerca a los sesenta millones de pesos. ¿De veras hay necesidad de pagar esas cantidades por esos trámites?, la respuesta muy probablemente será que sí, que es indispensable, que está en el contrato… pero por una vez… ¿no podría el gobierno, con el dinero del abono en la mano decir: aquí está, pero bájale a tus gastos de gestoría?
Si uno de los ganchos cuando uno compra un carro es el de “sin gastos por apertura” refiriéndose al crédito, ¿qué no se puede solicitar, pedir, exigir algo así?, que además de lo que estamos hablando es de que alguien imprima el contrato, o en el caso del cobro, o de la renegociación o del nuevo crédito, saque las copias, las ponga en un folder, las pase a firma del jurídico y de los que autorizan.
Que tampoco somos ingenuos, allí es donde se esconden las comisiones, las de los funcionarios bancarios y los funcionarios de gobierno que manejan el delicado tema del dinero, pero caray, se sirven con la cuchara sopera por hacer lo que es su trabajo, por el que les paga o el banco o el gobierno, y aun así se dejan caer. Tantita más consciencia ¿no?, de todos modos les sirve para presumir lo buenos negociadores y lo muy honrados que son.

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