Promesas incumplidas… ¿A dónde va Fraustro Siller?

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Prometer no empobrece, eso lo sabe todo el mundo, y los políticos lo saben mejor que todos. De hecho, estamos tentados a sospechar que lo aprenden en las ‘escuelas de cuadros’, como le dicen a los cursillos motivacionales que dan los partidos políticos a sus integrantes, jóvenes y no tanto, para cómo integrar sus discursos, sus plataformas, sus trípticos: tú promete lo que sea, que nadie te lo va a venir a reclamar, y si acaso alguien viene, tú tíralo a lucas.

De allí que los políticos parece que juegan a las competencias para ver quién es el que promete más y mejores cosas a la gente que los está escuchando.  Son clásicas las promesas que le hace a las grandes audiencias, las que les juntan en los mítines durante las campañas, allí sí que parece que ofrecer el sol, la luna y sus estrellitas es un requisito que acompañan siempre de gritos desaforados, sonrisas al por mayor, abrazos y besos a quien se deje, que sean de los sexos y géneros permitidos, claro, que tampoco se vaya uno a comprometer demás.

Pero eso son promesas a nivel de raza, multitudinarias podríamos denominarlas, hay promesas más acá, más personalizadas, por más que también se suelan hacer en público de la gente, como parte del rollo y al calor del momento, las cuales en ocasiones, tampoco tienen las grandes posibilidades de ser cumplidas, aunque quede claro, tampoco exigidas, porque tanto el que las lanza como el que las recibe, son gente que juega el juego con nivel de experto o de gran maestro, no van a arruinar ni la partida, mucho menos una carrera política, andando de pedigüeño al reclamar que le cumplan algo que, cuando mucho, es dejar abierta la puerta así sea un milímetro, que la esperanza del político también es lo último que muere, y en el descuido de una coyuntura favorable, se abre a lo grande, ha pasado y a eso es a lo que le prenden una veladora.

Recordamos un ejemplo de esto digno de mencionarse, más por la impresión que ahora tenemos de que se hizo con mala intención, quizá con algún objetivo de vengarse de alguna afrenta pasada, que porque obedeciera a una circunstancia política del momento específico.

Si no recuerdo mal era un evento en la Infoteca Arteaga de la Universidad Autónoma de Coahuila, quizá un aniversario o algo así, el caso es que estaba presente el entonces gobernador, Rubén Moreira Valdés y entre los invitados estaba Armando Fuentes Aguirre, el célebre cronista de la ciudad de Saltillo y periodista de escala nacional e internacional.

Vaya a saber a cuenta de qué, a Rubén se le ocurrió lanzar la gracejada de que Catón donaría su biblioteca, por lo demás una de las mejores de Coahuila, si no es que la mejor, a la UAdeC, y que el gobierno del estado cedería el espacio que tiene en la esquina de Juárez e Hidalgo, actualmente ocupado en parte por la secretaría de cultura y en parte por la Academia Interplanetaria de Derechos Humanos (como le dicen por allí con cierta sorna), para albergar tan importante acervo, poniéndolo a disposición de académicos, historiadores y el público en general.

Quizá en la plática previa al evento, Catón comentó algo al respecto al gobernador, quien para pronto se quiso colgar la medallita y ganarse el aplauso fácil, sin que luego moviera un dedo para cumplir su promesa, que en la práctica hubiera representado poco, pues la academia de Luis Efrén, mejor conocida como la ‘casa morada’, quien sabe por qué, habíamos oído de giros rojos, pero morados, no, tenía espacio en la UAdeC y le estaban haciendo su propia sede en el campus Arteaga, que ya se inauguró el año pasado.

La administración de los acervos correría a cargo de la universidad, así que para Moreira todo era poner su huella e imperialmente ordenar ‘hágase’, pero nunca lo hizo. ¿A quién le quedó mal?, pues a Catón, primero que nada, a la universidad, a las Infotecas, al pueblo, pero a él le aplaudieron.

Ya más en corto, recordamos que cuando se dio el cambio de rector en la Universidad, el gobernador Manolo Jiménez hizo la promesa de cajón al saliente, Salvador Hernández Vélez, de que en breve le daría cabida en su administración a tan insigne académico, investigador y cuanta cosa, muchos pensaron que el sitio de destino sería el COECyT, usted sabe, por aquello de su dominio de la ciencia y le tecnología, y pues nada, un año después nada de nada,, nomás para empezar, el caso es que la promesa sigue incumplida.

El alcalde Javier Díaz recibió obras inconclusas.

Ahora con el cambio de administraciones municipales, el mismo Manolo Jiménez prometió igual, en público, a José María Fraustro Siller, llevárselo a una posición estratégica en el gobierno estatal, ¿y cómo no, si Saltillo es la capital más segura, la más competitiva, y otras lindezas?, sí, la NET resultó un engaño monumental y no pudo acabar la obra de la calle General Cepeda, que hasta el obispo emérito Raúl Vera casi le lanza una excomunión luego de caerse, pero son detalles…

Detalles que en política cuentan mucho. Porque como lo que menos quiere un político es cargar con gente que le traiga problemas, en vez de soluciones, y problema es lo de la calle General Cepeda, que no era ninguna obra magna, por más que así lo hayan manejado como pretexto, que casi implicaba un rescate arqueológico, y que por eso… Debió estar y no estuvo, tan sencillo como eso. Ahora es un baldón para el nuevo alcalde y para el propio gobernador, ¿y así espera ser llamado?

Que igual se lo perdonan, ya sabe cómo pesan ciertas influencias, pero hasta estas la han de pensar dos veces si seguir conservando a Chema como cabeza aparente del grupo Saltillo, o ya, dar paso a la nueva generación.

En fin, todo depende de lo pronto que Nerio acabe el mugrero que le dejaron en el centro, y que no salgan a relucir trapos sucios que hagan inconveniente a Manolo cumplirle la promesa a Chema, aunque este no tenga parcela en un ejido para ir a entretenerse.

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