La peligrosa porquería reciclada

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

¿Alguien recuerda la historia de un par de barcos de bandera holandesa llamados Probo Emu y Probo Koala?, la verdad que no creemos que muchas personas los tengan presentes ni siquiera por lo extraño del nombre, a menos claro, y lo cual sería bastante raro que la gente de tierra adentro tuviera un particular gusto por las cuestiones de la náutica internacional.

Este par de barcos se hizo famoso por allá en los años 2005 y 2006 porque, primero en un puerto, y luego en otro, y total que en un par de decenas de puertos en distintas partes del mundo les fue negado el permiso para atracar y mucho menos se les concedió para descargar la carga que traían. ¿qué era esa carga tan indeseable que ni siquiera cubriendo los nada baratos costos aceptaban las distintas naciones, no digamos las del primer mundo, sino también las del segundo, tercero y cuarto, algunas de ellas ampliamente conocidas por su nivel de corrupción que les hacía proclives a aceptar literalmente lo que fuera? Ah, pues resulta que transportaban residuos tóxicos industriales de un cierto grado de peligrosidad que los hacía inmanejables y más que eso, muy peligrosos para la población.

En el camino se pierden los datos, además que entran en juego las diversas legislaciones nacionales en materia de protección industrial. El caso es que nunca supimos bien a bien, qué es lo que transportaban los hermanos navíos Probo, pero de que representaba en un riesgo allí a donde fuera nadar esos materiales agotados, pero sumamente tóxicos, ninguna duda cabía.

Pero el océano es muy grande y luego de haber sido rechazados aquí y allá, de repente aparecieron los dos navíos como si nada, listos para el siguiente embarque de lo que fuera, para llevarlo a dónde fuera, que si por algo se han caracterizado las empresas navieras desde que existen ha sido por no preguntar lo que no les interesa. Greenpeace y otras muchas organizaciones ambientalistas sospechan que la carga de los barcos simplemente la tiraron al mar… ¿dónde? dónde fuera, donde nadie los viera, donde por supuesto no se saliera de costos llegar, pero realmente tiene poca importancia el dónde, pues en esta canica azul en la que vivimos cualquier cosa termina afectando, tanto lo bueno, pero sobre todo lo malo.

Viene a cuento todo esto porque, el sábado pasado ocurrieron dos incidentes en territorio coahuilense, aislados, digo no se puede pensar que sea una acción concertada, pero curiosamente similares. En la ciudad de Monclova se quemó el relleno sanitario. En Saltillo ardió una recicladora, como genéricamente le llaman a esos negocios que acopian y dizque procesan, residuos de todo tipo, desde lo relativamente inertes domésticos, hasta los de negocios y empresas de todos tamaños y giros. Si hasta parecía que entre la capital del estado y la otrora capital del acero, nos estábamos haciendo señales de humo, de tan visibles que eran las columnas desde decenas de kilómetros de distancia.

Cosa de ponerse a investigar. Pero con muy escaso margen de error, nos atreveríamos a decir que prácticamente todos los confinamientos, recicladoras, Cimaris, instalados en Coahuila han ardido por lo menos en una ocasión, y dos que tres de ellos, se han quemado en varias ocasiones, al grado que cualquiera que se ocupara de esta clase de detalles tan aburridos y poco interesantes, sospecharía que es parte del proceso… si no es que parte del mismísimo modelo de negocios.

Porque a nadie le extrañe los confinamientos tienen una determinada capacidad instalada, que como el negocio es tan bueno, tiende a llenarse en un plazo más o menos corto. ¿Qué mejor manera se le ocurre a usted de hacerse de más espacio para confinar nuevos y fresquecitos desechos tóxicos, que quemar los que ya estaban allí desde hacía meses o años? Es ni más ni menos que el equivalente de tirar los residuos al mar, práctica de la que le comentábamos no hace ni 20 renglones.

Aparentemente no hay sanciones para cuando se quema un confinamiento de residuos tóxicos, siempre pasan por accidentes fortuitos, no hay multas, no hay la exigencia de tomar acciones, que por lo demás serían costosísimas, de remediación del daño causado al medio ambiente y a la salud de todo ser vivo, entre ellos por supuesto los seres humanos.

Al rato vuelve a abrir el confinamiento ya con bastante espacio totalmente limpio para almacenar lo que le venga de la industria, cobrando por supuesto cantidad de sustanciales, y volvemos a comenzar otra vez.

Foto: Presidencia Municipal de Saltillo.

Quemarlos hoy o quemarlos en 10 años, provoca el mismo nivel de daño, esto no es más que una hipótesis lanzada al aire, ya que habrá algunos materiales que sí se degraden, en tanto que otros aumentarán su nivel de peligrosidad. Pero de que no deberían llegar ni a la piel, ni a los pulmones, ni a los huesos de nadie, eso está perfectamente claro, muchos de esos componentes ni siquiera deberían existir ante la incapacidad de la naturaleza de procesarlos y volverlos inocuos.

Un periódico decía que en el curso de un año se han quemado cuatro confinamientos, legales o ilegales, en la región sureste de Coahuila. Esto simplemente no puede ser llamado casualidad, a veces culpan al calor, a veces a los rayos del sol, lo siempre útiles cortocircuitos, nada más falta que le echen la culpa al enemigo público número uno de la burocracia en Coahuila, los rayos.

Las autoridades se comportan con pasmo, si es que eso puede llamarse comportarse, pues más bien no hace nada de nada. Se limpian la cara diciendo que van a investigar, y si lo hacen no averiguan, y se averiguan no dicen. Y así vivimos los coahuilenses, entre el último incendio y el siguiente incendio, respirando cosas, que para empezar no deberían estar en el aire o yendo un poco más allá, que no deberían ni existir.

Hasta aquí la queja de lo que a muy pocos importa realmente. incidentalmente uno de los barcos de los que hablábamos en el primer párrafo provocó un derrame de residuos tóxicos en Costa de Marfil en África, que en el 2005 provocó enfermedades, de leves a graves a más de 85,000 personas, quién sabe si alguien haya dado seguimiento a esos pacientes y que haya resultado en un número significativo de fallecimientos.

Lo decimos porque… ¿Cuántos saltillenses y habitantes de Ramos Arizpe, Arteaga, y más allá estarán ya o en los próximos días resintiendo algún padecimiento asociado directamente a lo que se quemó en la recicladora de El Toreo, tal vez sean algunas decenas, cientos o miles, pero si fuera uno ya estaría mal, pues esta clase de cosas no debería pasar y pasan.

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