BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Le llaman el principio de Pareto, y dice que, para muchísimos casos en gran variedad de ámbitos, el 80% de las consecuencias provienen del 20% de las causas. Expresado así, es difícil de visualizar, hasta que se pone uno a examinar caso por caso, y se da cuenta que si es en física, en química, o en cuestiones de orden estrictamente social, tiene bastante relevancia, a lo mejor no para tener un resultado preciso de lo que estamos tratando de entender, averiguar o explicar, pero sí para darnos una idea de por dónde es que vienen las cosas.
La ley de Pareto, por el economista italiano Vilfredo Pareto, no se considera una ecuación matemática como tal, sino se le tiene como un fenómeno que puede tener una utilidad práctica en la ciencia económica, en los negocios, en la administración del tiempo, y en las cosas menos imaginables.
Acá nos vamos nosotros a permitir utilizar el principio 80/20, como también se le conoce, a cuestiones de seguridad pública, tan importante en estos tiempos en los que el presidente de los Estados Unidos Donald Trump tiene secuestrado al gobierno de Claudia Sheinbaum con la amenaza de imponer aranceles de 25% a todos los productos mexicanos, si es que no puede exhibir con pruebas contundentes que se han puesto a combatir dos vertientes específicas de la seguridad: el tráfico de drogas, especialmente del fentanilo, y la migración de personas indocumentadas hacia territorio estadounidense.

La cuestión de entrada es que habría que modificar ligeramente la ley de Pareto, que de todos modos estamos advertidos desde el principio que no es nada formal, para ajustarla a un 90/10.
¿De qué estamos hablando?, a lo mejor se ha fijado, o a lo mejor lo ha pasado por alto, pero muchas de las estadísticas que utiliza el gobierno federal para describir la situación de inseguridad en el país se guía por el principio de Pareto. Al principio lo dimos por un hecho, como cualquiera de tantas declaraciones que hacen los funcionarios públicos, pero luego comenzamos a percibir cierta consistencia en los datos, y eso ya no nos gustó tanto.
Resulta que, por ejemplo, se habla de que ingresan ilegalmente a México algo así como doscientas mil armas de fuego cada año, y el gobierno mexicano logra, cuando mucho, el decomiso de unas veinte mil de estas, entre fusiles, pistolas, escopetas, lanzagranadas, ah, y también municiones para aquellas armas.
La verdad es imposible saber a ciencia cierta si ingresan 250 mil o 150 mil, o medio millón, lo dejan en 200 mil como número de referencia. Lo mismo ocurre con el otro dato, el de los decomisos, porque no hay una certeza absoluta de que ese sea el número, con la práctica tan común en las policías mexicanas de quedarse con el arma sin registrar el decomiso, a cambio de soltar al detenido, y así la pueden vender con una excelente ganancia, pues no les costó nada, más que estar de guardia en el retén donde cayó.
También está el dato de los decomisos de droga. Este dato lo hemos escuchado tanto del lado mexicano como del norteamericano, cuando nos dicen que cuando mucho se logra el decomiso de un 10% del total de las drogas que sí consiguen cruzar al otro lado de la frontera. Si se trata de mariguana, cocaína, ahora fentanilo, metanfetaminas, lo que sea y todo. Si nos dicen que se decomisaron tantos kilos de coca, equivalentes a cien mil dosis de droga vendida en la calle de cualquier ciudad estadounidense, quiere decir que lograron ingresar un millón de dosis. Y que si se incautó droga por un millón de dólares, sí se colaron por el equivalente a diez millones, así son los datos que suelen manejarse, a nivel nacional e internacional.
¿Por qué sacamos esto a relucir?, ah pues porque en el transcurso de una semana se lograron tres importantes decomisos de droga en el área de Saltillo y sus alrededores. Esta zona de la república, de la cual presumen las autoridades estatales y reconocen las federales que es de las más seguras en la nación, de repente nos enteramos que hay un movimiento de estupefacientes en serio, acompañada por supuesto de los delincuentes que la mueven y las armamento con que la protegen.
Aplicando el principio de Pareto, y sin pretender ser alarmista en ningún momento, deberíamos de pensar que en Saltillo hay o pasan por aquí, drogas por diez veces lo que lograron decomisar. Si hubo decomisos por un par de toneladas, calcule que andan por aquí no menos de veinte toneladas, algo de lo cual se queda, y el resto sigue su camino para la frontera.
Ahora, en otro tenor, hubo tres decomisos en una semana, ¿qué debemos inferir, que hubo treinta que no se olió ninguna autoridad? Esa es una manera de verlo, otra es que durante semanas, varias, quizá meses, no hubo ningún decomiso, lo que nos hace suponer que cruzaron francos los cargamentos, sin ser incomodados por ninguna autoridad municipal, estatal o federal, esta última la que tiene jurisdicción.
Son meras suposiciones, repetimos que no está reconocida como una ecuación sólida, y sin embargo da mucho que pensar, ojalá nos equivoquemos, pero tenga por seguro que no es por demasiado.

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