Historias de una lucha que no ha concluido

Por: Rafael Delgado Hernández

MI HERMANO MAURO

Mauro Delgado Hernández, es mi hermano mayor, sé que apoyó a mi madre con todo lo que podía para que sus hermanos menores pudiéramos salir adelante; ahora reconozco que desde joven fue muy entregado e idealista.

Aún siendo yo un niño recuerdo que lo vi luchar en contra de las injusticias sociales que se cometían sobre alguna persona fuera o no conocido de él, ya que siempre estuvo y está presto a ayudar a sus semejantes.

Así es, para mí, mi hermano Mauro es un ejemplo vivo y real de la entrega incondicional a sus grandes ideales de luchar a favor del pueblo. Sé que mi “carnal” encabezó luchas sociales que lo pusieron en prisión y al borde de ser catalogado como un agitador, pero no obstante lo que otros puedan decir de él, para mí “El Jipo” como lo conocen sus amigos de barriada, es un auténtico luchador social pues toda su vida se ha dedicado a ayudar a los demás.

Ahora recuerdo, que de niño lo observé organizando grupos sociales en las colonias marginadas de nuestra ciudad. Se involucró en el Partido Revolucionario Institucional siendo muy joven y ahí ha militado toda su vida.

Creo que mi participación en el “PRI”, se debe a que me trajo de niño pegando posters en Peñoles de los candidatos del “Pirrín”, como él le dice a su querido partido.

Me consta que Mauro pensaba en los demás antes que pensar en él o su familia, ya que para Mauro el pueblo en general es su propia familia y más los que son necesitados, a mí me gustaba ver cómo grupos de colonos se reunían alrededor de mi hermano y cuando él hablaba la gente le escuchaba con atención, ahora sé que lo atendían porque él siempre estaba dispuesto a ayudarles ante cualquier circunstancia ya fuera de día, de noche, o en la madrugada, para  mi  hermano “Jipo” no había días festivos, ni de descanso cuando se trataba de luchar por un compañero que lo necesitaba.

Creo que mi “carnal” tiene esa sensibilidad social por las enseñanzas que le dio mi madre, ya que Doña María siempre tuvo una moneda, un taco o un abrigo para todo aquel que tocaba las puertas de nuestra casa. Mi Madre, que en paz descanse, cada vez que veía a algún necesitado a las afueras de la casa salía a ofrecerles algo de lo poco que tenía, pues su pensión del Seguro Social era de mil seiscientos pesos al mes.

Quedo asombrado de cómo mi mamá tenía adoptados a dos hermanos ya grandes que estaban casi ciegos, y que varios días a la semana iban a la casa en donde vivía ella en la colonia Nueva California a recibir su comida; considero que ellos en su discapacidad y necesidad pensaban que realmente mi mamá era su mamá o que ella era un ángel que les mando Dios para que los cuidara, de ahí, que esté convencido de que mi hermano Mauro heredó de mi señora madre esa capacidad de dar sin esperar nada a cambio.

Qué bueno que Mauro es así como es, bueno como el pan, no del Partido Acción Nacional, porque éstos eran sus “archirrivales” pues él con su sensibilidad social considera firmemente que ese partido representa a los burgueses y a los ricos, a quienes solo les interesa la fuerza laboral que representan, pero no se solidarizan más allá de pagarles un emolumento, salvo honrosas excepciones de Empresas responsables y con alto sentido social, que son las menos. 

No es que mi hermano sea un radical, más bien es un sentimental, pues quiere mucho a su partido el PRI, a su patria y con ello a su pueblo, por supuesto que a los más necesitados, por eso encabezó luchas dignas de contar por la historia, entre ellas la de cómo se enfrentó al multimillonario “Bailleres” dueño del consorcio metalúrgico Peñoles, un simple luchador social en contra de todo un potentado poseedor de una gran fortuna y considerado uno de los hombres más ricos del mundo, ya que con su dinero compra conciencias y un supuesto estatus social.

(Foto de El Universal)

Mi hermano Mauro quien con su valor y entereza realizó las primeras manifestaciones en contra del peligro real de la contaminación por plomo que esa empresa realizaba en detrimento de la salud de los torreonenses y en particular de la de nuestros niños; los bloqueos que mi carnal realizó en las vías alternas de esa empresa y la denuncia que presentó en el Congreso del Estado, fueron los instrumentos sociales y legales que impidieron que Met-Mex Peñoles ampliara la fundidora que tiene al sur de nuestra ciudad, y lo que obligó a que tal empresa haya realizado las inversiones económicas necesarias para abatir la grave contaminación por plomo que en altos índices había en nuestros aires.

Me consta que después de esas luchas que mi hermano Mauro realizó, otros políticos oportunistas, como hay muchos, capitalizaron esa situación y algunos hasta puestos públicos consiguieron.

Bueno, como mi hermano no buscaba puestos de gobierno sino justicia, él quedó tranquilo de que el emporio Peñoles ya no siguiera contaminando y perjudicando.

A mí me tocó defenderlo, ya como abogado, de las denuncias penales que le interpusieron para quitarse de encima a ese agitador, como consideraban a  mi querido hermano, pero no pudieron hacerlo, ya que no obstante el dinero y el poder de esa empresa, gracias al apoyo de funcionarios estatales honestos que sí quieren a su comunidad, no lograron tal objetivo, y así mi hermano Mauro siguió su lucha para evitar que Peñoles construyera una barda que encerraría a todos los habitantes del sur de la ciudad, por supuesto que él y sus compañeros no lo permitieron, y sólo se levantó una barda medianera que permite a los habitantes de esas colonias el acceso a las vías de comunicación que les son necesarias, proyecto original que de haberse materializado les negaría tal derecho, qué feo sería levantarse por la mañana y ver al frente de tu casa un “muro”, el cual me imagino los haría sentirse como en un “ghetto”, excluidos de la civilización.

Fueron muchas las luchas que mi hermano Mauro encabezó y que aun dirige por defender a los torreonenses que menos tienen, así que de cierta manera nosotros le debemos algo a él, pues luchó con toda su capacidad y valentía para que en muchas de las colonias de la periferia haya luz, agua, pavimento y otros servicios, y además, luchó para que los derechos que por tales servicios se pagan no sean excesivos, ya que él siempre se opuso al incremento de los mismos, así como del costo del servicio del transporte público y de la privatización que se pretende hacer de ellos.

Aun a su edad, sigue luchando en contra de cualquier injusticia que se cometa sobre ciudadanos indefensos, por eso, y por muchas cosas más, yo admiro, quiero y respeto al “Gran Mauro Delgado”, y desde ahorita le otorgo desde lo profundo de mi corazón la medalla al “ciudadano distinguido”, porque lo que ha hecho por nuestra comunidad le da el mérito suficiente para obtener ese y cualquier otro galardón que una persona de bien como mi hermano debe de recibir.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ofrecido por WordPress.com.

Subir ↑

Descubre más desde El Demócrata

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo