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Por Héctor Barragán

A diferencia de otros animales, el ser humano y particularmente el hombre aparecen insaciables y fuera del ritmo natural de la procreación, generando los abusos hacia la mujer, violencia y aún asesinatos, válidos de la ventaja de vitalidad y fuerza, agresividad y cobardía inherentes.
Sin embargo, tal ventaja no es aprovechada por la mayoría de varones, afortunadamente para las mujeres, por la mayor inteligencia que tengan, el reconocimiento al valor de sostener el desarrollo de la especie, preparación moral o nivel de inteligencia respecto a los «machos». Por cierto, cabe rectificar este vocablo, natural para los equinos que producen hijos estériles y no el presuntuoso varón presumido.
Respetar al supuesto sexo débil es capaz de estimular la superación femenina hasta su nivel potencia, posiblemente superior en valores al de los varones, para beneficio de la sociedad en su conjunto.
Tomar conciencia en esto tan sencillo, debe invalidar la farragosa legislación para proteger a las mujeres y niñas, considerando que el valor de sus vidas es equivalente al del hombre, de los niños y niñas, agilizando la capacidad judicial en favor de la comunidad toda.
Se fortalecería la solidez de las unidades familiares, para recuperar su capacidad educativa, tan ausente en todas las comunidades de cierto tamaño que alimentan grupos delincuenciales u ociosos, que hacen falta en esas comunidades para lograr un pujante y positivo desenvolvimiento, que asegure paz y progreso.

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