Manos a la planeación

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Habíamos comentado en alguna colaboración anterior, que ese asunto de la planeación gubernamental era un asunto de lo más peliagudo, por no decir que un bautismo de fuego, en el que la mayoría de los gobernantes se tateman antes de ser redimidos de sus pecados de campaña.

Ahora que se sabe que en el ejercicio de planeación en el que se emboletó, por su propio gusto, el ayuntamiento de Saltillo, la cosa salió todavía más complicada de lo que a lo mejor se esperaban sus promotores, comenzando con el alcalde Javier Díaz González, y sus colaboradores encargados de este asunto específico de planear el rumbo del desarrollo de la ciudad en el corto y mediano plazo.

Sí, porque según se informó, cayeron algo así como 780 propuestas a ser integradas en el Plan Municipal de Desarrollo, y ese, por sí mismo, es un número que raya en lo inmanejable, eso si existe la voluntad de hacer caso de las sugerencias que hicieron los ciudadanos, y si no existe… es algo que sepultar en el relleno sanitario, donde no lo encuentre nadie en los próximos cuatro o cinco siglos, suponiendo que Saltillo permanece para festejar el milenio de su fundación.

Puesto en términos aritméticos, el trienio de la administración municipal, todavía en las condiciones actuales, que por demás está decir, son siempre cambiantes en este país y tiempo, tiene una duración de 1,095 días, a los cuales ya podríamos irle descontando los primeros tres meses, dos que ya se fueron y uno que está corriendo a pasos de gigante hacia la semana santa, que este año cayó tardíamente en abril.

Mil días para hacer todo lo que se espera de un gobierno municipal. Mil días, que comparados con los 780 planteamientos ciudadanos, nos da que los saltillenses se interesaron en el presente y futuro de su ciudad lo suficiente como para solicitar, recomendar, exigir una acción de parte del gobierno, para dos años completos… incluyendo sábados, domingos y feriados, y todavía le restan cincuenta…

Y si la cuenta la hacemos descontando los sábados, los domingos y los días de guardar, esto ya valió lo que se le unta al queso, porque habría que dar cumplimiento a una promesa por jornada, por cada día hábil del trienio, y eso sí que son palabras mayores, ¿pero qué quieren?, eso que lo que buscaron y encontraron.

Ahora que, no todas las propuestas, recomendaciones y sugerencias son iguales, de ninguna manera. Hay unas de nivel macro, casi que podríamos decir que global, como las que formularon los invitados especiales al proceso, gente de primer nivel en lo suyo, que aportaron lo que se les ocurrió, lo que les nació, lo que ven en el día a día en sus despachos de consultores, o donde sea que se desempeñen en la actualidad, y están aquellas otras que presentan los ciudadanos, que denotan lo que ven en su cotidianidad, no en estudios o proyecciones, sino sufriéndolo en carne propia, y pensando en que de no meterle mano al asunto que los ocupó, es muy probable que empeoren todavía más, así de visionarios solemos ser las personas cuando vivimos insertas hasta el cuello en los problemas de convivencia en un espacio delimitado, urbano o semiurbano.

Pero de entrada todas las propuestas son respetables, y deberían ser tratadas por igual, ya que cumplieron el requisito de que las personas se molestaron en pensar cuál sería su aportación, y cómo redactarla de manera que fuera lo suficientemente atractiva para ser tenida en cuenta, que es allí donde vemos que la situación se torna complicada, ¿cuáles propuestas elegir?

Por lo pronto, nos imaginamos que el equipo del presidente municipal está considerando establecer prioridades entre las propuestas, cuáles son inaplazables, dentro de lo que propusieron los saltillenses y gente interesada, cuales pueden aguantar todavía un poco, y cuáles de plano pueden ser desechadas o dejadas para cuando haya dinero, que es más o menos nunca.

Claro que también se puede proceder desde ya a hacer una rigurosa agrupación de las propuestas por tema, o por dependencia responsable. Es sencillo, todas las que tengan que ver con vialidad, que bien podrían serla mitad de las presentadas, de ese tamaño sentimos los saltillenses que es el problema: también están las de seguridad, que deben tener un bien número de representación, y es que, en cualquier lado, en cualquier barrio o colonia, en el instante menos pensado, brinca la liebre del delito.

Otro tema gordo en propuestas ha de ser el del agua, y aquí si la cosa debe estar del cocol, porque hay la que hay, y no hay más… o bueno, sí claro que se pueden considerar como recursos hídricos las aguas negras y las aguas grises, su tratamiento y reutilización, sí, pero esto tiene costos muy elevados, lo que nos lleva a otra manera de clasificar las propuestas recibidas de los ciudadanos, aquellas que demandan una fuerte cantidad de dinero, aquellas que lo necesitan menos, y aquellas que pueden realizarse más bien con las ganas de los funcionarios y los ciudadanos, esto pensando en que la disponibilidad de  recursos financieros no debe ser el principal impedimento para que se cumplan los mejores planes, las mejores intenciones de ver a Saltillo convertida en la mejor ciudad para vivir, y no solo para presumir.

Lo sabemos por experiencia, planear, con tantos insumos como los que recibió la comisión evaluadora, no es tarea fácil, eso si se hace el mejor esfuerzo por hacer justicia a todos aquellos que quisieron participar, y que son los principales interesados en que Saltillo permanezca, mejorando siempre su capacidad de atender y resolver los problemas que se nos van presentando.

No los envidiamos, organizar todo lo aportado en un plan de trabajo coherente, que refleje además la intención del presidente municipal, que es quien toma las decisiones de por dónde irá la administración, a qué tareas se aplicará el recurso, que es escaso, pero que debe lucir, por esas cosas de la conveniencia política y partidista.

En fin, la cosa no pinta simple, sinceramente esperamos que cada una de las 780 propuestas aparezca, cuando menos en la redacción de un documento en el que, en primer lugar, los ciudadanos se reconozcan como que participaron en su redacción, y segundo, que se les hizo caso en un proyecto, conjunto y diverso, que de veras haga una diferencia a la vuelta de unos pocos años.

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