BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Existe un principio político en los Estados Unidos, pero que también tiene aplicación social, económica y hasta en las relaciones sentimentales, que dice que ‘no existe el desayuno gratis’.
Si acaso ha ido usted, alguna vez, a un destino de playa en México, seguramente se habrá topado con uno, veinte, cincuenta fulanos, todos guapitos, galanes, bien prendiditos, super amables, que con sus sonrisas infaltables tratan de convencerlo de aceptar una invitación a un desayuno gratuito en un elegantísimo hotel nuevecito, del cual le ofrecen la oportunidad de la vida: hacerse socio de un tiempo compartido, por treinta años y si tiene la mejor de las suertes, por toda la vida, para disfrutar de una semana de vacaciones por un precio risible.
Algunos caen a la primera, otros a la quinta, otros cuando los presiona la esposa o los hijos, lo de aceptar el tal desayuno gratis y el paseo por las impresionantes instalaciones de un hotel que efectivamente, o es nuevo o lo acaban de remodelar y está al puro tiro. Le sirven un desayuno bufet de primera calidad, y luego viene la plática: firme usted, pague usted, reciba aparte del desayuno, un regalo de equis o ye, y comprométase a pagar por tres décadas, religiosamente, el mantenimiento de la suite, mantenimiento que nunca baja de precio, y sí al contrario, siempre sube, más el contrato, más esto, más aquello, y total un cuentón bárbaro.

Claro que siempre puede usted decir que no… momento en que se acaban las sonrisas, y le presentan una cuenta por el desayuno y el transporte que lo deja temblando, aparte de haberle hecho perder media mañana de sus vacaciones en una estupidez, o bueno, no una estupidez porque es un negocio de ellos, sería estupidez suya si cae, pero más o menos de allí viene lo de la frase de que no hay desayuno gratis, para nadie, bajo ninguna circunstancia, el que invita es porque algo quiere de uno, en general, su dinero.
Bueno, eso es la anécdota y la descripción genérica de algo que, no es estrictamente un fraude, pero que camina a milímetros de convertirse en tal. Lo quisimos traer a cuenta por el caso de la los defraudados de la Alianza Nacional Multimarca, que saltó a las páginas de los medios de comunicación cuando los afectados cerraron una primera y luego una segunda vez el bulevar Venustiano Carranza, en exigencia de que se atendiera su asunto por parte de la empresa, y en su defecto, de las autoridades competentes.
No voy a decir que fue su culpa, pero sí fue su culpa ¿realmente alguien se cree que una empresa, o como en este caso, una pretendida financiera, va a aceptarlo a uno como cliente, prometiéndole que le otorgará el préstamo para lo que sea, sin consultar su expediente en el buró de crédito?

Un principio por el que operan todos los bancos, del mundo y de México, es que el dinero se le presta a quien no tiene necesidad de él, o bueno, que tiene con qué pagarlo. Es hasta cierto punto un contrasentido, porque si tiene dinero ¿para qué pide prestado?, y por el contrario, si pide dinero es porque no lo necesita y no lo tiene ¿no?, pues sí, pero pues no, y de repente se aparece bajo un halo salvador, entre nubes, música suave y ojos tiernos alguien que nos dice que no solo están dispuestos a prestarnos para comprar el carro que queremos o necesitamos, la casa con la que soñamos, y, la cereza del pastel, sin consultar el buró de crédito para ver qué tan bien nos hemos portado con los créditos que en el pasado alguien nos ha otorgado.
Otra vez, si tuviéramos un historial impoluto, pues sí ‘chéquenme, que no me van a encontrar ni una carie en un diente’, pero si nos hemos atrasado aquí o allá, si tenemos algo atorado, la oferta de obviar el buró de crédito es música para nuestros oídos, y nos lo creemos.

Y allí están las consecuencias. ¿Cómo es posible que alguien, usted, yo, quien sea, acepte firmar un contrato de financiamiento por un carro por un lapso de 144 meses, la friolera de doce años?, ya quisiéramos que la agencia nos diera garantía de que el carro en cuestión durará esos mismos doce años, sin necesitar que le cambie absolutamente todo, y allí va uno alegremente a firmar.
Si de por sí, con financiamiento a tres o cuatro años, anda uno pagando entre vez y media y dos veces el valor original del vehículo, que durante ese tiempo se deprecia de una manera lastimosa, punto y aparte que se está sirviendo uno de él, ¿cuántas veces pagará uno un carro si el plazo es a doce años?, se nos ocurre que mínimo tres veces, y quizá todavía más.
Según las cuentas de la Fiscalía, la que finalmente tuvo que tomar cartas en el asunto, que si por ella fuera se hubiera seguido haciendo rosca por los siglos de los siglos, iban 250 saltillenses que habían caído en el ofertón que se convirtió en tremendo fraude maquinado. No todos ellos han participado en las tomas y cierres en bulevar Carranza, sino una pequeña muestra de todos los que son, a los que les han bajado cantidades que van de los doce mil hasta los setenta mil pesos, esta última que ya es una décima parte del valor de un carro de los normalitos.
Que no es la primera ocasión que se dejan venir como buitres sobre los saltillenses. Tampoco vamos a ensañarnos, así han de andar por toda la república, montando oficinas de utilería, que a la hora que se comienzan a poner calientes las cosas, dejan todo tirado, incluyendo al personal que habían contratado aquí, para que sean ellos los que den la cara y las explicaciones, y respondan ante las autoridades, de algo que no tienen ni idea, pues ellos solo vendían, y se han dado caso en que hasta a ellos emboletaron.
Si de algo le sirve, acuérdese, que nadie regala nada por nada, ni la cuarta transformación, ni las financieras, ni los tiempos compartidos, ni absolutamente nadie, y si acaso lo hace…no vaya a ser que está lavando dinero, y salga todavía peor.

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