BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

No sabemos de otras ciudades de Coahuila o de México, pero en Saltillo los negocios tienen una vida más bien efímera.
Tenemos una famita, ganada a pulso, no me va a decir que no, de que somos un pueblo novelero. Estamos nomás pendientes de que un negocio nuevo se va a instalar, para andar allí fisgoneando de qué se va a tratar, quién es el inversionista, si es de aquí o de fuera, el giro que va a tener, todo para lanzar la sentenciosa: le doy seis meses… tres meses… mes y medio, que lo que está diciendo de forma lapidaria es que a la vuelta de ese lapso de tiempo, la empresa se habrá quedado sin clientes, y se verá obligada a cerrar, luego de haber tenido algunas semanas, o incluso algunos meses, de jauja, que en el mejor de los casos, sirven para haber justificado la aventura, llevarse una ganancia razonable y no puras pérdidas, que estas son el patrimonio que le queda a los que ponen un negocio en Saltillo con la idea de que sea lo más permanente posible.
Entonces sí, los negocios van y vienen. Son tan así los renteros, que hasta presumen que el sitio que están rentando, ya tiene buen cartel entre la población, que durante equis tiempo tuvo el local lleno a reventar, pero como todo en esta vida, cumplió su ciclo y hubo de cerrar. Así hay sitios que han sido restaurantes durante décadas, habiendo cambiado de nombre y especialidad cinco o más veces. Los clientes están esperando la renovación para regresar al sitio al que de no haberla, no se volverán a parar, así somos.
Nuestro comentario en esta ocasión, es que ¿por qué no aprovecha la ciudad, la sociedad, el gobierno, para tratar de poner algo de orden en el grave desorden que impera en nuestras colonias y calles, en las que se instalan negocios que no tienen ni el espacio ni las condiciones para operar debidamente, y para las que es una oportunidad importantísima la terminación de un contrato de renta y el inicio de otro.

Ejemplos los hay por todos lados. Los negocios que no tienen espacio de estacionamiento para clientes, lo más probable es que reciban un número limitado de estos, y tanto, que muy probablemente se vean obligados a replantear su modelo de operación, o de plano a cancelarlo, todo porque el local que rentaron con tanta ilusión, carecía de sitio para colocar los vehículos de sus clientes, de manera que estos se sintieran cómodos yendo y regresando al lugar, peor se la pongo, hay sitios que no tienen espacio de estacionamiento ni siquiera para los empleados, ¿dónde dejar el carro, que esté seguro, si ni siquiera hay dónde se estacionen los clientes?, y de estos los hay por docenas.
Seguro que le parecerá una simpleza, pero el hecho de que tantos y tantos negocios hayan quebrado en saltillo se debe en buena medida a no haber contemplado que la gente llega en carro y se va en carro, y tener que estacionarse a la vuelta, o frente a una cochera de alguien que seguro se molestará, es un factor que desanima la ida al negocio.
En otras ocasiones hemos tocado el punto referente a la malísima práctica de las autoridades, a lo largo de decenios, de permitir la construcción de locales comerciales sin suficientes cajones de estacionamiento. Lo hemos calificado como un síntoma de corrupción que involucra a los dueños, los ingenieros, los peritos, los funcionarios, pero que como en las sagradas escrituras, en el pecado llevan la penitencia, porque un sitio en esas condiciones, está condenado a recibir pocos clientes, y eventualmente a cerrar, resintiendo pérdidas económicas que van de lo leve a lo grave.
Hay decenas, si no cientos, de edificios en Saltillo que ya no se pudieron rentar por ese solo hecho. Ni modo, los construyeron en una época en la que no había tantos carros ni tanta necesidad de estacionamiento. Hay terceros y cuartos pisos que nunca tuvieron un ocupante, luego fueron quedándose solos los segundos y finalmente hasta los primeros batallan para obtener clientes.
Bueno ¿pues a nadie se le ha ocurrido que cuando sucede que un arrendador deja un local, es la oportunidad para replantear, de una parte y de otra, la conveniencia de poner más cajones?

Algunos dirán que ya caerá quien quiera rentarlo así como está. Puede ser que sí, pero cada vez son menos los que aceptan esas condiciones anteriores. Son los que se quedan vacíos por años y más años, y que cuando se rentan finalmente, a precio de oro, terminan volviendo a quedarse solos, pues no cumplen las expectativas de número de clientes que esperaban, se ve todos los días.
Por parte de las autoridades lo correcto sería preguntar ¿y qué negocio va a poner allí?, aquí está mi contrato, y quiero poner esto o aquello. Era para que Desarrollo Urbano, o Ecología, o la Tesorería ¿yo que sé?, dijera, ah no, para ese negocio necesita usted de diez cajones de estacionamiento, más otros cuatro o cinco para sus empleados, piénselo mejor.
Consejos aparte, era para que dieran un dictamen por escrito, esto se puede y esto no se puede poner.
Si no se trata de que nos vivamos incomodando los unos a los otros cada día que pasa, se trata al contrario de ir encontrando soluciones a problemas que no se veían de origen, pero que saltaron, y que son difíciles de solucionar cuando un local está ocupado, ¿pero cuando se desocupa?, piénselo, a lo mejor va por allí la posibilidad de arreglar este nudo de pesadilla en el que vivimos.

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