BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Todos alguna vez hemos escuchado aquella frase de que la tercera guerra mundial no será por cuestiones políticas, étnicas o religiosas, sino que nos estaremos peleando por algo tan prosaico como el agua.
Pues sí, será prosaica, el agua, pero no la tenemos en cantidades como para decir que no se convertirá en un motivo de discordia entre grupos sociales o entre naciones… y ahora que lo pensamos bien, ya existe un diferendo bastante serio entre México y los Estados Unidos, el jumento por delante, por el tema del agua, ya lo sabe, el Tratado de Límites y Aguas, quien sabe por qué interpretaciones de traducción, obliga a México a entregar un mundo de líquido, millones de hectólitros cúbicos a los Estados Unidos, haya agua o no haya agua… en el peor negocio del que tengamos noticia desde que alguien inventó la propiedad privada al decir esto es mío, y los demás se lo creyeron.
No recordamos el autor de la frase, que se ha adaptado de distintas maneras al paso de los años y de acuerdo a las conveniencias del discurso de cada quien, pero no deja de tener su trasfondo de realidad posible, el que la gente de distintas latitudes comience a pelearse por el agua, cuando esta sea escasa, y de esas cosas de la vida, nos está tocando en suerte presenciar, si no es que sufrir precisamente eso, la escasez de líquido para todas las necesidades que tenemos, que además, son mucho más que lo meramente elemental, para constituirse en un asunto de estatus y capricho.

En los últimos días se ha venido dando un fenómeno no del todo desconocido en Saltillo, la falta de presión en la red de distribución de agua, o de plano que no haya agua en las tuberías. La única diferencia es que, en esta ocasión, el fenómeno se está presentando en invierno casi primavera, y cuando lo habíamos vivido era en pleno verano, y esto debería ser motivo de preocupación, aparte de la incomodidad que nos ocasiona que a la hora de abrir la llave, no salga lo que esperamos.
Ahora, había zonas en las que el agua nunca había faltado, sea porque están ubicadas en las cercanías de los pozos o de las líneas centrales de distribución, que tenían una red relativamente nueva, libre de fugas o alguna otra situación, el caso es que había un abastecimiento regular, como para que la gente no tuviera motivo de queja, porque esa es otra, cuando la hay, nadie dice nada, pero cuando falta, todo son quejas, a cual más de encendidas, e inversamente proporcional, a menos agua, más acaloradas. Otras estaban más hechas al caldo sin agua, les faltaba uno de cada dos días, uno de cada tres… son los que tomaban las avenidas cuando la escasez alcanzaba las tres semanas, lo cual no es fácil de soportar para quienes están acostumbrados al baño diario, lavar el carro a manguerazos, lavar la banqueta, y otras delicias del desperdicio.
Pero como que durante marzo el tema se generalizó, y comenzaron a correr rumores por aquí y por allá, de que Saltillo estaba comenzando a vivir una crisis de agua, una de proporciones importantes por lo ya dicho, estar fuera de temporada y afectar colonias a las que no les había faltado antes.

Como suelen ser estas cosas, a lo mejor la cosa surgió de los hogares, de las personas afectadas, o como nos sospechamos, fue un borrego que soltó y dejó correr la administración de Aguas de Saltillo, y más arriba, el mismo Ayuntamiento, para que la gente se mostrara sensible, así le dicen, a un tema de por sí delicado.
Luego nos venimos a enterar la semana pasada que el consejo de Aguas de Saltillo recibió la autorización del cabildo para la solicitud de un préstamo que permita atender el problema de la falta de disponibilidad de agua, tanto presente como futura, y en cuanto a esto, no demasiado futura, pues la cosa pinta mal.
No sería la primera ocasión que nos asustan con el petate del muerto. Es muy fácil, lo ha sido siempre, crear escasez artificial, para que la gente no se muestre reacia a aceptar medidas como el incremento de precios en los productos o servicios, o lo que le comentamos ahora, aceptar un endeudamiento que se nos antoja descomunal.

Y sí, nos están diciendo que Saltillo, que ha tenido un historial crediticio de primera en los años recientes, de repente contratará un crédito por 150 millones de pesos, pagaderos a ocho años, esto es, dentro de tres administraciones municipales, en lo que puede convertirse en una avalancha de deuda y renegociaciones, como las que padece el estado y muchos municipios y entidades federativas, además del mismo país, avalancha de la que puede que no salgamos nunca.
Claro, la disyuntiva que se nos plantea es, o lo aceptan o nos quedamos sin agua, con lo que además quedamos como los culpables de lo que pueda suceder.
Pero la pregunta aquí es ¿tiene el ayuntamiento, el consejo, la empresa Aguas de Saltillo idea de cómo convertir el dinero en agua?, que sepamos, nadie sabe hacer eso. Parecerá una necedad lo que estamos diciendo, pero es que la otra opción no es mejor, lo que se estará buscando es traer agua de más lejos, ya que no mencionan la posibilidad de explorar más profundo para sacar más agua, que además, quien sabe en qué condiciones venga, en lo que toca a saturación de sales y metales pesados.
Este asunto va a dar demasiado que hablar, y a como son las cosas, se autorizó el crédito, el gasto, y nadie nos garantiza que realmente estaremos ganando en cantidad de agua, ni que la tengamos por un período de tiempo lo suficientemente razonable para hacer valedera la inversión que se nos está enchalecando.
¿Quiere todavía más?, nadie está hablando de limitar el crecimiento de la ciudad, mucho menos de no aceptar la instalación de empresas grandes consumidoras de líquido, a las que suele dárseles preferencia, ya que nos están haciendo el favor de instalarse aquí. Eso para que se vaya dando idea de por dónde viene la cosa y lo grave que se presenta.

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