
Por: Alfredo Reyes.-
Hoy es Domingo de Resurrección, día en que conmemoramos el triunfo de Jesucristo sobre la muerte, con todo lo que significa para los creyentes que hoy sobreviven en este país donde el promedio de homicidios es de 75 al día, porque que en este México asesino “si Caín no mata a Abel, Abel mata a Caín”, donde los sicarios llenan de cadáveres las barrancas fúnebres, las fosas clandestinas y las hogueras con desaparecidos.
Y es que la señal de Caín nos abruma con la masacre de todos los días, aunque sea Semana Santa, por eso el pretexto de este tema de creyentes, para tratar de explicarnos tanta violencia, aunque ya sabemos que es por un Estado fallido, la ineptitud y colusión gubernamental, y atenuamos diciendo que el pecado cainita nos persigue y nos recuerda que Caín mató a su hermano Abel por envidia, porque Jehová prefería las ofrendas de Abel a las de Caín. La biblia nos relata el infausto suceso: “Y Caín llevó a su hermano al campo y se levantó contra su hermano Abel y le mató. Y entonces Jehová inquiere a Caín: ¿Dónde está tu hermano Abel? Y él responde: No lo sé ¿Acaso soy guarda de mi hermano?” y Jehová le reprendió “¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra, ahora pues maldito seas tú de la tierra que abrió la boca para recibir la sangre de tu hermano y desde ahora serás en la tierra errante y extranjero…”
Los teólogos han de saber por qué Jehová prefería las ofrendas de Abel a las de Caín, un desaire que fue el origen del pecado cainita del cual dice Unamuno que es una de las más profundas intuiciones de nuestra historia y causa del crimen que convirtió a Caín en el primer homicida de la humanidad.
El caso es que con Caín llega la muerte al mundo. La muerte para los seres que habían sido creados inmortales. Con el drama de Abel y Caín comienza la gran tragedia humana, la transformación de un ser creado perfecto, en el implacable “homo, omini, lupus”, el hombre como un lobo para el hombre.
Caín trascendió a Abel porque hay constancia de que el homicida dejó descendencia. De Abel no se cita algo al respecto. Los doctos han de saber por qué Jehová permitió que la sangre homicida de Caín se mezclara en la humanidad. Cuestionamiento bizantino. Y disculpe usted la necedad de objetar estos mitos religiosos pero habría que preguntar por qué Caín fue protegido por Jehová iniciando así la impunidad que, decimos exagerando, es la que hoy sobreabunda en este México asesino.
La historia bíblica nos dice que Jehová protegió a Caín de la Ley del Talión, la ancestral venganza del ojo por ojo y diente por diente. “Y respondió Jehová. Cierto es que cualquiera que matare a Caín siete veces será castigado. Y puso señal en Caín para que no fuera herido por aquellos que le hallasen”.
Y mire que aquí en México nos da por culpar a Felipe Calderón, a García Luna o a López Obrador por el baño de sangre y la impunidad de los criminales cuando todos sabemos que la culpa es de Caín, el primer ser nacido de hombre y mujer, el primer homicida de la humanidad y el primero en gozar la rampante impunidad. ¡Y de ahí pal real!

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