BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni

El dicho no ha de ser muy viejo, es beisbolero, y el beisbol es un deporte que sí, ya para estas alturas tiene su siglo y medio, pero en México no pasa del siglo, y ya como para haber desarrollado una cultura, un lenguaje, y un conjunto de frases de aplicación general, es que nos ha llegado muy hondo. No picha, ni cacha, ni deja batear, es la frase a la que nos referimos, y mire que incluye tres palabras que originalmente no forman parte del español, pichar, cachar y batear son adaptaciones del inglés para explicar exactamente qué es lo que estaba ocurriendo en el terreno de juego. A la hora que las ponemos juntas, o bueno, que las puso juntas el manager, el papá, la mamá o el tío aficionado al beis, quedó perfectamente claro qué es lo que querían decir, y a nivel de instrucción, qué es lo que querían que aprendiéramos.
A lo largo de la vida se nos presentan montones de ocasiones en las cuales utilizar la frase anterior, probablemente se la haya usted dedicado a alguien, de la familia, en el trabajo, en dónde sea, se encuentra uno gente que, con su actitud, nomás estorba lo que otros quieren hacer. Peor se la pongo, en vez de colaborar con lo que uno esperaría, su justa aportación al bienestar común, y disculpe el uso de la palabra bienestar, patentada por la cuarta transformación, hace lo imposible para que las cosas no se hagan, o si se puede todavía, empeoren.
El Ayuntamiento de Saltillo ha hecho propia la inquietud, la preocupación, por resolver de una vez por todas el problema del transporte público de pasajeros en la ciudad.

Hablamos de la actual administración, pero las anteriores, digamos seis, ocho, o más, han intentado lo propio, sin que esto haya resultado suficiente para que los saltillenses, usted, yo, todos, podamos movilizarnos de un extremo a otro de la ciudad común, con un mínimo de comodidad, seguridad y a un costo que resulte conveniente, siendo las alternativas: plegarse a aceptar un transporte sucio, ineficiente, tardado, caro e inseguro, desplazarse a pie, o hacerse de un vehículo propio, que sobre todo las dos últimas opciones se han venido generalizando entre los saltillenses, que cada vez quieren tener menos que ver con el nunca mejor llamado, pulpo camionero.
Lo que ha hecho la actual gestión municipal es poner las cartas sobre la mesa: Había tantas concesiones, están operando menos de la cuarta parte, había tantas rutas, varias de ellas están abandonadas, el horario a cubrir es de tal hora a tal hora, ustedes van y encierran sus camiones antes de lo convenido, y así por el estilo. Yo creo que cada concesionario está plenamente consciente de lo que tiene entre manos, un negocio que solía ser excelente y ahorita ha venido a menos, sin que nadie pueda decir que sea algo para ponerse a llorar, la verdad es que han descuidado mucho su fuente de ingresos.
Si la teoría más elemental dice que los negocios deben de crecer, siempre crecer, no es explicable el cómo o el por qué los concesionarios del transporte público en Saltillo lo han dejado caer de tal manera, a menos que para ellos sea una fuente de ingresos secundaria, y sus ganancias grandes vengan de otro lado, con lo que medio se entendería que no procuraran el máximo de ganancias, a cambio obvio, de una inversión que lo permitiera.

Bueno, pues el proyecto de transporte colectivo del ayuntamiento lo que está promoviendo es un resurgimiento de este como actividad económica, mediante la cual todos salgamos ganando, los usuarios de los camiones, los concesionarios, todos los que compartimos las calles y avenidas.
Pues bien, resulta que algunos de los concesionarios no están de acuerdo con el modelo que se les está proponiendo, son los que caen en el supuesto de no pichar, no cachar y no dejar batear, traducido a la situación actual, que no están colaborando para que el problema del transporte público mejore, y al contrario, con su actitud lo que propician es que se deteriore todavía más, que cada vez haya menos usuarios demandantes, lo que les lleva a tener menos ingresos, y entonces se quejarán de camiones vacíos, y bueno, a reducir corridas, rutas y horarios, en una espiral viciosa que nos llevará a que en un caso extremo, no haya más transporte público.
Claro que no les está gustando lo de las rutas troncales, sobre todo si no les dan entrada, o no pagan su entrada con camiones a la altura, les estarían tocando las rutas alimentadoras, y esas no les gustan, sienten que los están dejando al margen del gran negocio. Y es que efectivamente sí es un gran negocio, que dejaron decaer, no queremos decir todavía que lo dejaron morir, pero no está demasiado lejos de este escenario.
La situación es crítica, el momento también lo es. Por trienios se dejó la cuestión del transporte concesionado a la deriva, en consecuencia, nos llenamos de coches particulares, camiones de transporte de personal, carros de alquiler y de aplicación, en vez de tener un transporte colectivo que pase a pocas cuadras de nuestro domicilio, que nos lleve y traiga sin problemas. Ahora que el agua llega al cuello, literalmente se ponen sus moños, quieren ser los socios privilegiados en un negocio que no quisieron llevar por ellos mismos y su conveniencia.
La opción sería desechar a esos socios y conseguirse otros, locales o de fuera, que tampoco importa tanto, lo relevante es resolver el problema de una vez por todas, y de aquí en adelante. Ya no es momento de ceder, una vez más, cuando lo que está en juego es que las calles vuelvan a ser circulables, que en este instante ya no lo son.

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