BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Cada quien tiene su opinión respecto al desempeño de Claudia Sheinbaum como presidenta de México. Allí tiene por ejemplo el repetido ejercicio de encuestar al respetable público el cual, según las casas encuestadoras, se ha volcado en apoyo, simpatía y preferencia por la mandataria mexicana. Lo normal es que luego de transcurridos unos pocos meses desde la toma de posesión y la gente comienza a darse cuenta de cómo es el gobernante y cómo pintan las cosas durante el período de gestión, el desencanto empieza a manifestarse precisamente en las encuestas.
No es el caso de Sheinbaum, quien no solo no ha perdido preferencia, sino que incluso la ha logrado elevar, no por algo que ella haya dispuesto particularmente, sino porque las cosas se han ido poniendo de tal manera, que le ha permitido lucir su estilo muy personal de administrar, uno con el que no estamos de acuerdo, pero que al común de los mexicanos parece encantarle, eso de actuar con la cabeza fría… deja más incógnitas que buenos resultados, excepto a ella, que al no tomar decisiones, las decisiones se toman solas, y como ya se imaginará, de lo que estamos hablando es de la relación con el atrabancado presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien por todos los medios ha buscado enfrentarse con ella, y simplemente no lo ha logrado, Claudia se lo lleva todo con extrema parsimonia, y eso que él ve como virtud, el pueblo bueno y sabio de nuestro país lo interpreta como el triunfo de una estrategia de gobierno, que en realidad, no existe.
Otra muestra de cómo se le han ido acomodando las cosas a Claudia Sheinbaum, lo tenemos en la inclusión de su persona como una de las cien personas más influyentes del mundo en este año 2025. ¿Quién no se infla como pavorreal al aparecer en esa lista, que equipara a personas que se admiran, o a lo mejor que se desprecian y detestan entre ellas, pero que como conjunto imaginario no dejan de tener su peso en la opinión pública?, pero…

¿Realmente influye tanto Sheinbaum? No lo podríamos asegurar a ciencia cierta. Van algunos ejemplos: Ella no quería que ratificaran a Rosario Piedra en la Comisión Nacional de Derechos Humanos, y tómala, que el Congreso de la Unión la ratifica, se sospecha que por intervención, por no llamarle orden directa, de Andrés Manuel López Obrador.
Claudia Sheinbaum envió una propuesta de reforma constitucional para impedir el nepotismo y la reelección de servidores públicos, y también se la batean, en este caso por los intereses de individuos y partidos políticos, que tampoco se enfrentaron con ella directamente, por eso presumen de políticos, nada más le cambiaron la fecha de entrada en vigor, en vez de 2027, será hasta 2030, y así por el estilo, se han venido dando casos de fracasos en lo que la mandataria ha pretendido hacer en cuestiones de orden político, administrativo y legislativo, de hecho sus únicos logros son los que traen el patrocinio de su antecesor, mentor y titiritero, y eso, le debe de pesar bastante, sobre todo cuando dudan los analistas, que ella sea la que de verdad está mandando.
Pero donde sí se nota un estilo diferente de Claudia Sheinbaum de su predecesor, quien nos había acostumbrado a gobernar en base a mentiras, la actual presidenta supuestamente gobierna por consensos, por acuerdos, por pactos, que supuestamente tiene a todos contentos, por más que al final de cuentas pueda verse que su estrategia es más de dorarnos la píldora, que de veras hacer caso de lo que le dicen las partes involucradas.

Allí tiene sin ir más lejos el asunto del precio de la gasolina, siempre doloroso para quienes tenemos que pagarla, y que tiene tintes eminentemente políticos, al ser el gobierno el proveedor único de combustibles, salvo los que se importan, y los que se huachicolean (¿está bien conjugado el verbo?). Sheinbaum, como López Obrador, se había comprometido a no subir los precios de las gasolinas, e incluso a bajarlos. Ninguno a cumplido.
Nos llamó la atención que en un momento dado, la presidente convocara a la firma de un pacto a los empresarios gasolineros, invitándolos a aceptar el compromiso de imponer un límite al costo de la gasolina verde, la regular, la del pueblo, para la otra, la cara, la de los fifís, esa sin restricción, ni al Diesel, que es con el que operan los vehículos de la planta productiva, no, solo la Magna.
El tal pacto no fue otra cosa que una simulación, porque al menos acá en Saltillo, eran pocas las gasolineras que vendían al precio de 24 pesos por litro, la mayoría se hallaba por debajo y algunas hasta dos pesos o más más baratas. Ah, pero si les ponen un límite de precio a cobrar y de ganancia a obtener, pues para pronto que lo aceptan como regalo de parte de un gobierno que, como todos los demás, hace como que hace, y no hace nada.
En las pasadas dos semanas cada vez más gasolinerías se han ido aproximando al precio límite, en lo que es un gasolinazo en toda forma, pero disfrazado de lo contrario, los empresarios firmaron y están respetando el límite, sí, pero antes vendían hasta un diez por ciento por debajo de ese precio, la oportunidad de subirlo y de todos modos aparentar que quedan bien, es el estilo de Claudia Sheinbaum, dora la píldora de que los precios se quedan bajos, cuando están subiendo. Hoy ya no queda una gasolinera en Saltillo que venda por debajo de los 22 pesos, y de las dos que tres que lo tenían en 21, ah y todas con la cara lavada, de que están del lado del gobierno y del pueblo que cuidan entre ambos…
De estos trucos hemos visto varios y veremos más de lo que quisiéramos, por lo pronto, a apechugar el aumento, que nos sabe a regalazo.

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