BAILE Y COCHNO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Una de las teorías conspiracionistas más recurrentes, es la de que existe una entidad, un consejo, un poder supremo, por encima de todas las organizaciones, empresas y aun de los gobiernos.
Una muestra de esto la tuvimos en aquella película setentera llamada Locura Americana. En el revoltijo del alucinado argumento, de repente se reunía lo que la gente entendía como el Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, compuesto por el general comandante del Ejército, el almirante, comandante de la Marina, el de la fuerza Aérea y el de los Marines para decidir sobre una gravísima crisis que asolaba al país.
Donde la cosa pretendía ponerse chusca pero, que al contrario, le da un tono de temerosa verisimilitud, desde el punto de vista de la conspiración, es cuando se incluye al general en jefe del Ejército de Salvación, quitándose su disfraz de pordiosero buena gente, a quien los otros comandantes le otorgan el mismo reconocimiento que a los demás, como si fuera uno de ellos. El mensaje que transmiten, intencionadamente o no, es que ese grupo de hombres son quienes tienen el control y el mando sobre todo lo que ocurre en los Estados Unidos y en el mundo, así que hay que tener cuidado con ellos.
Pero más allá de lo que nos muestra una propuesta tan forzada como esta, lo cierto es que mucha gente se ha sentido tentada a pensar que hay un supra poder que todo lo decide, y que esto se da en distintas escalas, pero cumpliendo con el objetivo único de controlar, orientar hacia dónde se dirige un determinado segmento de la sociedad, y agrupados, el conjunto de ella.

En algún momento existió en México el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, organización medio formal y muy informal que agrupaba, por invitación nos queremos imaginar, a los veinte hombres más ricos y poderosos del país. Ya luego hubo que cambiarle el nombre, porque llegó una mujer, con el suficiente dinero como para decirle a dos o tres, quítate que ese es mi lugar.
Bueno, pues ante ese Consejo Mexicano tenían que desfilar los candidatos a la presidencia de la república, los del Partido Revolucionario Institucional, cuando este era el único con posibilidades de ganar la presidencia, y ya luego cuando se dizque abrió la baraja de partidos, recibían a los dos o tres con mayores posibilidades. Incluso se llegó a decir que cuando José Antonio Meade salió como candidato presidencial por el PRI, habiendo sido secretario de estado en gobiernos panistas y priístas, se llegó a pensar que era una selección, no del partido o del presidente del momento, sino del consejo, de los que mandan en este país.
Les habría salido mal la cosa, pero no importa mucho realmente, porque con el que salga o el que esté negocian con ventaja, y así lo hicieron, algunos dicen que con López Obrador les fue tan bien como les hubiera ido con Meade, lo cual no puede decirse del resto de la población mexicana, pero ese no es el punto.
Viene a cuento esto de la existencia de grupos de poder que rebasan a los gobiernos, porque es la única explicación que le encontramos a fenómenos como el del huachicol, y en particular al huachicol fiscal.

Sí habíamos escuchado, a principios del sexenio pasado, que existían piratas que operaban en torno a las plataformas petroleras de PEMEX, las cuales habían llegado a tener la capacidad operativa como para robarse barcos enteros, cargados de crudo, mismo que iban a vender al mercado spot de Ámsterdam, donde al parecer se negocian los cargamentos de los buques sin preguntar origen, legalidad, nada. La verdad se nos hizo increíble, pero luego nos venimos a enterar, ya en este sexenio, que de veras que existe un huachicol que podríamos llamar inverso del que conocíamos antes.
Porque sabíamos de las bandas criminales, y aun particulares, que se dedican a perforar los ductos de PEMEX para robar combustible, y a últimas fechas incluso gas. Hacen un agujero, destapan el ducto, hacen algunas maniobras para introducir una válvula, y listo, a sacar litros y litros de combustible, que luego venden a quien quiera comprarlo, gente común y corriente, gasolineros… quien sea.
Bueno, pues vino a resultar que ahora eso se quedó como un negocito balín, lo que están haciendo es robarle a Petróleos Mexicanos, pero en gran escala, pipas completas, huachicol con bombas y toda la cosa, de manera de que salen carros tanque llenos, que cruzan la frontera con los Estados Unidos, para vendérselo a intermediarios que luego lo mandan a otros países en buques.

Esas pipas que pasan para el otro lado, regresan cargadas con combustible que pasa por las aduanas sin pagar impuestos, para distribuirlo por todo el país, a razón de cientos de pipas cada día… en ambos sentidos. Es más o menos como los decomisos que hubo en los puertos de Ensenada y de Altamira el mes pasado. En total alrededor de veinte millones de litros de combustible.
Y es cuando se nos ocurre preguntar ¿quién tiene capacidad económica para fletar un barco, dos, veinte, para estar trayendo combustible para venderlo ilegalmente en México? ¿quién puede conseguir la interconexión a los ductos, los permisos de aduanas, de PEMEX, de Hacienda, del SAT, todos chuecos?, ¿Quién puede mover cientos de pipas de un lado a otro de la frontera y que se muevan por todo el territorio con papelería aparentemente en orden, o sin el aparentemente?
Estamos hablando de que hay gente en este país tan poderosa, política, económica y burocráticamente, como para saltarse todas las leyes, reglamentos, inspecciones, aduanas, etc. todo lo que le pongan enfrente.
Sus ganancias, dicen, que están ya a la altura del narcotráfico, o cerca, con la ventaja de que operan con algo que no está prohibido, y que en cualquier momento y con tantito maquillaje económico, se convierte en legal. ¿Quiénes son, dónde están, cómo le hacen para robarnos a todos, y que no les pase nunca nada?, es solo una nueva teoría de la conspiración, mucho más plausible que otras muchas, y que nos está costando un país.

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