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Por: Héctor Barragán.-

Es probable que el dicho de que el valiente muere solo una vez en tanto el cobarde muere cien veces se haya originado en alguna milicia, aunque la realidad ofrece miles de ejemplos diariamente.
Porque el valiente afronta la vida con todas sus características con toda naturalidad, cierto desparpajo y solo en ocasiones ocurre el desenlace fatal.
El sujeto común en cambio es temeroso y ampliamente imaginativo, que en cualquier circunstancia se preocupa por las contingencias, los posibles accidentes, los recuerdos de las noticias nefastas que vuelan por todo el mundo.
Y en tal modo de ver el mundo, sufre por los riesgos, peligros que invaden el planeta, con lo cual el individuo es temeroso y en extremos se vuelve enfermizo, indeciso, a las acciones de casi cualquier naturaleza.
El sentido común debe llamarse constantemente en auxilio de la intranquilidad para recuperar la actitud razonable y sana, por medio de la práctica acelerada de los razonamientos, en búsqueda de la salud y del desenvolvimiento positivo en la vida.

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