Agsal: palo dado…

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Yo no se si usted es de los llamados nativos digitales, o de los cada vez más nuevos de la generación de la inteligencia artificial, pero los de mi generación seguimos desconfiando de la práctica esa de domiciliar los cobros, o en su defecto, hacer los pagos en línea. Es más, comprar por Amazon o por Mercado Libre, nos sigue dando urticaria, no vaya a ser que nos salgan con que nos llega un ladrillo en vez de un teléfono celular, como cuenta una leyenda urbana que todos hemos escuchado, que en vez de cobrarnos 200 pesos por el producto nos cobren 20 mil, que nos llegue algo fallado que no haya manera de devolver, y en fin, tantas otras cuestiones desagradables que se pueden presentar, ni qué decir de los envíos de Ali Express que solicita uno a China, y que jamás llegan, según, que porque en el correo se pierden, y bueno, allí sí que ni discutir, porque Correos de México estaba para llorar hace veinte años, y hoy hasta las lágrimas se nos han secado de esperar que nos entreguen un paquete.

Pero bueno, dicen que no puede uno sustraerse al avance de la tecnología y a la avalancha de las aplicaciones digitales. Es el caso que con tal de ahorrarse uno una vuelta al banco, donde tiene uno que hacer filas y le cobran comisión, a la tienda de inconveniencia, donde también le dejan caer una comisión nada barata, o ir al Super, donde a lo mejor no le cargan nada por recibirle el pago, pero siempre acaba uno comprando lo que no necesita, o el colmo de lo desagradable, tener que ir a las oficinas de Aguas de Saltillo allá por el Hospital Universitario, donde ni sitio para estacionarse hay, acaba uno doblándose y aceptando pagar en línea.

A algunas personas, que sea que ‘nacieron con el chip’, como dicen los que no nacimos con él, o que tienen una suerte envidiable, que sin embargo desperdician en que no les falla la ‘App’, en vez de aprovecharla comprando los billetes premiados de la Lotería Nacional, les va a todo mecate con sus aplicaciones, mientras que otras… para qué le cuento: no les guarda el nombre de usuario, no les reconoce el correo electrónico, no les registra el password, lo que me pasa a mí, que cada vez me pide que cambie mi contraseña, porque la que tenía no la acepta, y encima me hacen sentir como tarado, cada vez que me veo en la obligación de tener que picarle al cuadrito que dice ‘olvidé mi contraseña’. Total que entre los que cada vez les falla, y los que no les falla nunca, hay una gama enorme, y hasta dudamos que se aplique la Campana de Gauss en esto.

Ah que tiempos aquellos, en los que si los del SIMAS le salían con que no había pagado el agua, tenía uno la opción de sacar el recibo con el ticket religiosamente engrapado. Que sí, podía estar medio despintado, medio amarillento, manchado de café o de grasa de las gorditas, y aunque a veces sí, se daba que lo había uno perdido, por lo general lo guardábamos bien, precisamente porque no nos fueran a salir con su vacilada de que, como no lo  podía uno mostrar, había que volver a pagarlo. Aun con el entrincado de tripa, tenía sus ventajas, ¿ahora?, en el cyber universo, en la Nube, o donde sea, no hay manera de averiguar nada, y demostrar algo, todavía menos.

Nos hemos enterado que en el caso de Aguas de Saltillo, su aplicación para el pago/cobro deja mucho que desear, nos han comentado de casos en los que los usuarios están confiados en que como está domiciliado, o como lo han pagado en línea, no tienen adeudo con la empresa paramunicipal, todo para que un buen día se encuentran con la nada agradable sorpresa que les han cortado el agua…

Y les han cortado el agua no porque ellos no la hayan pagado, sino porque su pago ‘no se ve reflejado’, fíjese lo elegante del lenguaje que usan los burócratas de la informática, verse reflejado… el asunto es que, uno pagó, porque de su cuenta de banco sí salió el dinero, pero en la de Aguas de Saltillo no está registrado, reflejado, el dinero no aparece pues… y pues para pronto llegan y le cortan el suministro.

Allá va el ciudadano hecho un basilisco, como decían los cuentos clásicos, eufemismo para disfrazar una palabra medio soez que nos podrían censurar, a reclamarle a Aguas de Saltillo que ¿por qué les cortaron el agua, si está domiciliada, si la pagaron con la App, y además, está descargado de su cuenta de banco?, a lo que las señoritas de ventanilla, con el cebo que las caracteriza le contestan lo ya dicho ‘no se ve reflejado’, y como no se ve reflejado, se la cortaron, y como se la cortaron… hay que pagar la reconexión, eso claro, si el cliente gusta volver a recibir el agua medio sarrosa que Aguas de Saltillo manda por las tuberías de la red, que si no quiere pagar, pues quédese sin agua mientras aguante, o cómprese su pipa.

No hay manera que AgSal reconozca un error o un abuso, ellos tienen que reportar ganancias, no al municipio de Saltillo o los saltillenses ¡que fregaos!, sino a la matriz allá en las Europas, y sí, 471 pesos de reconexión, son apenas unos pocos dolaritos o euritos, pero de a pocos se van haciendo muchos, cuando los errores de la aplicación se van multiplicando, siempre en perjuicio del cliente.

No, no podemos darle un consejo como tal, pasar las incomodidades del pago presencial son eso, incómodas, sobre todo cuando ahora la tecnología nos ofrece opciones mucho más amables, pero… ¿y las que nos hacen pasar con sus errores abusivos? Para variar, se la juega uno, a veces gana en tiempo y comodidad, otras pierde en dinero, y así nos la tenemos que llevar con estos socios gananciosos.

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