BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Ah, las lindezas de vivir en un país donde manda un partido único. No estamos hablando de la antigua URSS, donde mangoneaba el Partido Comunista Soviético, o de China, donde igual, el Partido Comunista Chino, o de Cuba, o de tantos otros países cuyos gobernantes han dejado de andarse por las ramas, no, estamos hablando de México, un país donde el sistema no quiere ser catalogado bajo ninguna circunstancia, de ser autoritario o dictatorial, prefiere seguir vendiéndose en el escenario mundial como auténticamente democrático, y es más, para no andarnos con chiquitas, que no nos queda tanta falsa modestia, de ser el país más democrático del mundo.
En un país que se precia de lo recién dicho, no de estar en el ‘top 20’, en el ‘top 10’, en el ‘top 3’, sino de ser el único e indiscutible país más democrático del planeta, no se persigue la disidencia, ni se cancela la existencia o el registro de ningún partido político, lo cual no quiere decir que estén dispuestos a cederle más que migajas del poder, y a pelearles hasta el último coto de poder, alegando lo que han alegado desde que eran la más recalcitrante oposición: que se trató de una elección de estado, de un ataque a la democracia, de una violación al estado de derecho, entre otras muchas sandeces que no le van bien a nadie, después de todo lo que buscan es hacerse o quedarse en el poder público, pero mucho menos a quienes ya lo tienen y son capaces a recurrir a todo lo que sea necesario con tal de no soltarlo.
En la pasada elección judicial, como se dio en llamar, aunque llevaba un nombre más largo, algo que incluía las palabras renovación y poder judicial federal, se probó un elemento hasta eso novedoso en los procesos electorales mexicanos, algo que no necesariamente contraviene la ley, porque no se había presentado, o si lo había hecho, no era una proporción tan elevada como la que se dio ahora en la elección del primero de junio. Estamos hablando de la utilización de acordeones, y lo decimos así porque se doblaban como tales y porque la prensa y los ciudadanos bien pronto adoptaron esta denominación para referirse a ellos.

¿Qué eran los tales acordeones?, lo que nunca nos hubiéramos imaginado que pudiera contener, un listado de los nombres de los candidatos a ministros, magistrados y jueces del poder judicial federal, y ya entrados en gastos, los números que se le habían asignado a cada uno de ellos para identificarlos. Acá nada de tachar el nombre, eso implicaría una tarea de lectura a la que el personal del Instituto Nacional Electoral no estaba dispuesto a aceptar, luego se pensó que copiaran los nombres de los candidatos de la preferencia, pues sí, pero no, porque se tardaría mucho el elector en copiar tanto nombre, y más complicado ¿qué tal si se equivocaba en el nombre o el apellido de alguien y había que anular la boleta?, tan desangelado como pintaba y como finalmente fue, no podían permitirse ese lujo desmedido. Voto emitido voto contabilizado, tan sencillo como eso.
Sería cosa de haber hecho una encuesta de salida, sí ya sé que no están permitidas, pero no con fines de saber quién ganó, sino sobre cómo estuvo, ¿podría decirnos los nombres de las candidatas y candidatos por los que votó?, esa sería la pregunta al ciudadano, si le puede recitar los nombres que favoreció, ya no decimos nada, pero a la primera patinada… va para atrás y se anula el voto.
Pero le digo los números… no, no, no, como decía uno que fue presidente no hace muchos meses todavía, ¿cómo que nomás los números?, necesitamos saber los nombres de por quién votó la gente, y detrás de cada nombre, qué experiencia judicial, legal tiene, si cumple el 8 de 8, y todo lo demás que uno espera conocer de una persona que juzgará sus asuntos, en el caso de presentarse alguna cuestión que involucre a los tribunales.

Sería de risa loca ver a la gente que sí votó, con su acordeón en mano todavía, decir que no se acuerda, que no sabe, que solo copió los números que le dijeron, para ponernos a llorar después.
Pero ese no es el punto, para mal o para peor, eso ya pasó, lo que nos importa es lo que viene para el 2027, y lamentamos decirle que pinta peor todavía. ¿Por qué?, pues por el hecho de que será una elección más complicada que la recién pasada.
Tan sencillo como que no solo se habrá de elegir al resto de los funcionarios del poder judicial que quedaron pendientes en este proceso, si creían que se habían salvado de la tómbola guillotina están muy equivocados, no, se les va a sustituir, casi seguramente apelando al esquemita del acordeón, que han de pensar que es lo máximo, y tanto que ya quieren reformar la legislación electoral para ‘blindarlo’, pero ¿y qué onda con las otras elecciones?
Sí porque para alcaldes, diputados locales, diputados federales, esas eran a la antigüita, o como siempre, tachando el emblema del partido o el nombre del candidato, los que supieran o quisieran leerlos, ¿entonces qué, va a haber acordeones para todos?, imagínese la de papelitos que va a haber en circulación ¿y si se equivocan?, mejor que sea un solo acordeón, donde vengan las ‘recomendaciones’ o la orden de por quienes quieren que votemos…
Sí, nada más que eso va a implicar la intervención de los partidos, o de cierto partido color sangre quemada, y como que la cosa se va a complicar… ya nos pitorreamos de esta elección judicial, espérese a la siguiente, va a estar todavía más curiosita.

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