BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

No sé usted, pero de donde yo vengo, la gente solíamos tomar agua de la llave. Y cuando digo tomar agua de la llave, me refiero a cualquier llave… No es que uno se restringiera a beber agua de la llave de la tarja o del lavabo en casa, donde hay una cierta, remota, seguridad de que estaba clorada, o de que no se hubiera contaminado en un tinaco sucio, no, tomaba uno allí donde hubiera una llave de nariz. Con sed, toda el agua sabe rica, y más allá en el centro del país, y tanto que me acuerdo de la palomilla haciendo fila ante una llave en el parque cercano a la colonia, y hasta donde puedo recordar, ni yo, ni ninguno de los cuates reportó alguna vez que se hubiera enfermado de cualquiera de las enfermedades que se asocian a la ingesta de agua no purificada. Así era allá, y así era en aquellos tiempos.
Luego me tocó venir a Saltillo, y a varios otros lugares de la república, y me llamó mucho la atención que, en gran parte de las ciudades y los pueblos, la gente comprara agua de garrafón. Ya en aquellos lejanos años sesenta y setenta, había una importante industria del agua embotellada, imagínese, los garrafones, esos de veinte litros, eran de vidrio, ¡la tragedia cuando se rompía uno!, además del problema de ¿qué hacer con los pedazos?, y pesaban lo suyo, el agua más el vidrio, era complicado. Curioso que era uno, pregunté, y me dijeron que lo que pasaba es que, bueno, en la ciudad de México purificaban el agua que se distribuía por las redes, en provincia se supone que también, pero era demasiada la desconfianza de la población, que, pobres y ricos, preferían el ritual de comprar el agua del camión, la camioneta o la bicicleta que las repartía por todos los puntos de la ciudad.

Desde entonces ya se notaba una diferencia importante en el costo de un litro de agua de la llave, y un litro de agua embotellada, en presentación de garrafón, todavía a un precio más o menos razonable. Todo fuera que hiciera su irrupción en el mercado la presentación de medio litro, de un litro o litro y medio, para que ahora sí, aquella forma simple y baratísima, por no decir gratuita de satisfacer la sed, se convirtiera en un negocio multimillonario de las empresas, y en una sangría importante de dinero de la gente, que sigue con la mentalidad de que el agua de botella está limpia, y la de la llave no lo está. Además, lo aceptamos, hablando como sociedad, como una realidad económica ineludible, no algo que debiéramos o pudiéramos regularizar, en beneficio de nuestras finanzas personales y familiares.
Hay ‘tiendas de conveniencia’, nombrecito que seguramente se inventaron ellos mismos para publicitarse, porque al menos conveniencia en cuanto a precios, no tiene ninguna, bueno, pues en esas tiendas, el garrafón de 19 litros se lo llegan a vender en 60 pesos, dejando a cambio el suyo. La entrega de garrafones a domicilio en el camión de la compañía, sale más o menos en lo mismo, uno se ve obligado a agradecer que se lo llevan a su casa, en vez de tener que cargarlo y descargarlo de su carro.

En los negocios de esos que han proliferado tanto, donde le venden agua purificada, el costo es bastante menor, pero ronda los 17 o 18 pesos por garrafón de 19 litros, lo cual nos sirve para hacer cuentas rápidas, el litro de agua viene costando un peso, que es barato en comparación con el litro de garrafón de empresa purificadora, que viene saliendo en tres pesos, o el de las coquetonas botellas desechables de agua, tan a la moda desde hace años, que nos sale a 10, 15 o 20 pesos ¡el mismo litro de agua!, ¿y qué decir del humilde litro de agua que sale de la llave de casa?, si el metro cúbico de agua potable, la de la red, cuesta diez pesos, veinte, si le aplican tarifa especial, el litro le vendría saliendo en un centavo, sí, en un centavo, de esos que no han tenido representación monetaria desde los años setenta de los que platicábamos antes.
Ponga que si usted desconfía del agua de la llave, por aquello que no le cree nada a las autoridades, a ninguna y a las del agua menos, todavía le puede agregar una gota de desinfectante, de yodo, de nitrato de plata, hay varios, y listo, el agua de la llave queda más potable que lo que cualquier otro método que cuesta 10 mil por ciento más.
Parece increíble que seamos así. La inmensa mayoría de la población mexicana no está para regalar el dinero, y eso es exactamente lo que hacemos con el agua, cada vez que como comercial de Evian o de cualquier otra agua ‘natural’, ‘rejuvencedora’, ‘alcalina’, o lo que sea, porque efectivamente el agua es eso, natural, trae sales, pero de que rejuvenece, de eso nada.
Ahora que tanta discusión hay en torno al establecimiento de una distribuidora de Grupo Arca sobre la carretera 57 en Saltillo, en lo que deberíamos estar pensando es, no en el agua que van a extraer y que nos va a dejar sin líquido en nuestra colonia, sino en: vamos dejar de comprarles y usar la que viene por la red, además a una milésima del costo.
Pero somos esclavos del mercado, esclavos de una economía que nos exprime, mientras no valoremos lo que nos viene casi de gratis, y tiremos el dinero en lo que nos prometen como lo máximo, sin serlo, nos seguiremos mereciendo lo que nos sucede.

Deja un comentario