Cultura Presupuestal

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Esther Quintana.

A lo mejor recuerda, aunque ojalá no por no ser de su época, que en aquel lejano año de 1993 Rogelio Montemayor Seguy recién había asumido la gubernatura del estado de Coahuila. Meses antes, se había encargado al entonces Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, hoy simplemente Tec de Monterrey, la realización de un estudio amplísimo de lo que podría hacer la administración entrante para detonar el desarrollo económico del estado. Tecnócrata como era, y sigue siendo Rogelio, no pensaba en cuestiones de pobreza, programas asistenciales o cosas así que se pusieron de moda con los populistas, sino como crear infraestructura que potenciara la generación de riqueza, así nada más.

Aquel estudio resultó muy costoso, un millón de pesos o más, pesos de aquellos años, y ponga que haya sido una verdadera maravilla metodológica, incluso pecando de visionario, pero le falló contemplar un asuntillo mínimo, que el primero de enero de 1994 iba a salir del selvático closet el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, y que el gobierno federal iba a cambiar sus prioridades, no que Coahuila hubiera sido una, pero sí, las posibilidades de acceder a recursos, para apoyar económicamente al sureste, y así desactivar cualquier posibilidad de crecimiento de la pretendida guerrilla. ¿Resultado?, que no hubo el apoyo financiero que Rogelio deseaba para hacer crecer a Coahuila como a él le hubiera gustado.

Entre otras cosas interesantes, el estudio del Tec, entonces ITESM, planteaba la construcción de una carretera que conectara Monterrey con Monclova y atravesando el desierto, llegara hasta Chihuahua… ni que decir que se quedó en el puro proyecto, uno interesante en más de un sentido, pero que no pasó de allí por las circunstancias.

Rogelio Montemayor.

Nos acordamos de esto porque recién la secretaria de cultura del gobierno estatal, Esther Quintana, habló de un proyecto poco menos que majestuoso, un plan de inversión millonaria para los museos del estado de Coahuila, y a qué más que la verdad, nos dio la impresión que lo suyo era más la expresión de buenos deseos, que el planteamiento de objetivos concretos a realizar en un tiempo perentorio.

A la hora que pensamos en los museos coahuilenses, lo que uno siente es un poco de lástima, aunque no tanto. Porque mal que bien, los museos a que nos pudiéramos estar refiriendo, el de la Cultura Taurina, el de la Revolución, el de los Presidentes, el del Sarape, el del Magisterio, y algunos otros, están ubicados en edificios antiguos, que por sí mismos, ya vale la pena recorrer, más lo que haya de piezas de valor histórico, pues no es así como para despreciar lo que hay.

Claro, a la hora de invertir… simplemente no hay límites de gasto potencial, puede uno soltar dinero a manos llenas para adquirir toda clase de equipo moderno, ampliar las colecciones y cuánta cosa. El asunto es que para gastarlo hay que tenerlo, y allí es donde quiero verlos.

La posición de Esther nos pareció extremadamente optimista, incluso podríamos decir que aventurada y fuera de lugar, si no por otra cosa, porque… ¿qué ha hecho al respecto en el tiempo que lleva a cargo del área de cultura en el gobierno estatal?, a más de año y medio del sexenio, era para que ya pudiera exhibir la rehabilitación, el embellecimiento, lo que sea, de este museo, aquel y el de más allá, y no… apenas está hablando de un plan.

El asunto es que, desafortunadamente en este estado y en este país, las cosas funcionan por ejercicios anuales, tanto de gasto como de acciones, y cuando uno habla de lo que va a hacer, que no esté haciendo ya, es que se está ubicando en el próximo año, porque aunque estemos a la mitad de 2025, lo que no se programó, se presupuestó y fue aprobado como gasto gubernamental para el ejercicio que corre, tendrá que esperar a que lo propongan para el año entrante…

De lo que estamos hablando es que ya se fueron año y medio, y cuando dé comienzo este gran plan, se habrán consumido dos años, una tercera parte del sexenio, con lo que el tiempo para hacer lo que se quiera, tendrá que contemplar esas restricciones y condicionantes.

Y hablando de condicionantes… una cosa es querer y otra poder, plantear un plan no es lo mismo que tener en la mano el dinero para llevarlo a cabo, y eso importa particularmente porque ni el horno coahuilense ni el federal están para bollos culturales. Claro que son importantes los museos, ¿a poco no se enteró Esther que al Museo Nacional de Antropología le dieron el premio Princesa de Asturias, y que en el momento del anuncio, este y otros quién sabe cuántos museos estaban cerrados porque no había dinero para pagar la vigilancia? Esa y no otra es la realidad museística de México, no muy distinta de la de nuestro estado, incluso a lo mejor estamos un poquito mejor nosotros, vaya a saber.

¿Qué buscarán patronazgos y padrinazgos entre las empresas y los empresarios? Esther… esas cosas ya estuvieran hechas, desde hace dos años, no se estarían pensando a ver si cuajan de aquí al final del sexenio. ¿Para qué son entonces las influencias, las relaciones, los parentescos?, nos queda claro que andarán tocando puertas como cualquier burócrata, y no como los grandes consentidos, recibiendo y capitalizando las ofertas de dinero y apoyo que se estén apilando en sus escritorios.

Esto no pinta como para tema de una exposición.

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