BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

A cierto sector de la sociedad saltillense le encanta que Saltillo aparezca bien posicionada como ciudad en los rankings. Les gusta, lo disfrutan, lo presumen, que Saltillo sea la ciudad más competitiva del país, o la más segura, o que tenga el alcalde más bien peinado, que tenga esta o aquella característica que la distinga del resto de las poblaciones del país, no solamente de las del norte, con las que es hasta cierto punto natural que haya algún grado de competencia, sino con todas las de la república, grandes y chicas, costeras o del interior, viejas o nuevas, a estos saltillenses lo que les gusta es figurar.
Hay otros saltilleros a los que estar en los rankings no les significa absolutamente nada. Agradecen lo bueno que hay en la capital de Coahuila, y como es razonable, se quejan de lo que está mal. Sea que sean nativos de aquí, saltillenses de toda la vida, o gente que llegó y se ha quedado o se quedará de por vida, aceptan la realidad tal cual. No son de los que ven las cosas tan mal, que deciden hacer maletas e irse a cualquier otro lugar del país o del extranjero, digamos que en la comparación, no de indicadores, sino de lo que las personas perciben con sus sentidos, Saltillo no sale tan mal parado, y por eso es por lo que radican aquí.
Pero una cosa es ver a Saltillo como el mejor sitio para vivir, y otra verlo como un sitio soportable, pero sobre todo estos últimos son quienes se encargan de documentar y señalar allí donde se pueda y cuando se pueda, lo que les gustaría que cambiara o mejorara en la capital coahuilense, o yendo un poquito más allá, lo que les gustaría que no se perdiera, en ellos es en quienes se puede encontrar la motivación para mejorar lo que se necesita, y no caer en la autocomplacencia de que porque a nosotros nos va bien, ya por eso no es necesario mover un dedo para conservar lo que se tiene, o echarle ganas para mejorar.

Podríamos comenzar por cualquier lado, pero visto lo ocurrido con las lluvias de las últimas semanas, podemos decir que sí, Saltillo será seguro, competitivo, con mejores salarios que en muchos otros lados, pero se inunda… sí, ¿quién iba a pensar que este lugarcito del semidesierto chihuahuense, iba a ser vulnerable a las avenidas de agua, cuando llegan a caer?, pues tal cual.
Este no es un asunto nuevo, la orografía y la hidrografía estaban así antes que llegaran los primeros grupos nómadas, antes que se establecieran los primeros habitantes permanentes, y antes que los fraccionadores quisieran sacar hasta el último centavo de cada metro cuadrado que le venden a los incautos que no saben que esa bonita casa que adquirieron con el sudor de su frente durante veinte o treinta años… está edificada sobre lo que era el lecho de un curso de agua, o peor aún, sobre tierras de inundación, por donde el agua corría a su gusto, y que por el tipo de material, no permite la absorción rápida para que se vaya al subsuelo.

Esta gente lo que quisiera de Saltillo no es un drenaje pluvial eficiente, que es lo que claman los residentes de las colonias que se inundan, especialmente las ubicadas al norte, sino que se hubieran respetado los cauces naturales, y que sus casas las hubieran edificado a suficiente altura como para librar el agua cuando esta corriera.
Claro, ni modo de arrasar las colonias, trazar las calles y casas de nuevo, ahora sí como debe ser… eso costaría una millonada, más o menos lo que costaría un drenaje pluvial como el que se imaginan particulares, constructores y autoridades, lo que pone la tal obra a la par del otro proyecto, simplemente es imposible en las condiciones económicas del país, del estado y del municipio, que se haga una obra que es solo para emergencias, cuando no las hay, es dinero enterrado en el caño.
Efectivamente, en un Saltillo ideal, no habría necesidad de un drenaje pluvial, porque los arroyos serían parte del paisaje urbano, algo con lo que los ciudadanos, la fauna y la flora, convivieran en armonía. Con una limpiada de vez en cuando, con algunas obras para evitar su ensanchamiento, con eso que se hiciera, estábamos del otro lado, pero no, estamos de este, y a hacer como que se hace, porque realmente es limitadísima la capacidad de solucionar el problema de inundaciones, estando las cosas como están.
Además que ya lo veo, son capaces de gastarse 500 millones de pesos en drenaje, en entubar arroyos, y otras soluciones que han mencionado, y… a la hora que se venga una tromba de esas típicamente atípicas, no solo se verá sobrepasado, sino capaz que lo destruye, como ha ocurrido en varios puntos de la ciudad, en donde ingenieritos buenos para nada calcularon mal, y ejecutaron peor obras de drenaje que el agua humilló destruyéndolas hasta dejar aquello en los puros escombros… río abajo.
Sí, Saltillo es una ciudad razonablemente conveniente para vivir, pero tampoco estamos sentados en los cuernos de la luna. No podemos conformarnos diciendo que estamos bien mientras no llueva, porque cuando llueve, todo se convierte en caos. Así que bien haríamos, en comenzar a pensar en cómo arreglar en serio los problemas, en vez de solo quejarnos y dejarnos envolver por burócratas que le darán una mano de gato, que se llevará la siguiente lluvia.

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