BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Podríamos decir, de una manera un tanto simplista, que todo comienza con el reglamento de construcciones. Con esa tradición choricera tan saltillense, bueno, se da en otras ciudades del país, pero como Saltillo no hay dos, en eso de hacer casas con poco frente y larguísimas de fondo, de allí el mote de chorizos, de los que hay muchísimas casas en el centro de la ciudad. Quizá por haber crecido en alguna de ellas, o no encontrarle un uso más productivo a los terrenos, los fraccionadores han dado en reproducir el modelo en los nuevos asentamientos que se dan por todos lados en la región sureste de Coahuila, casitas con poco frente… y no demasiado profundas, tampoco se vaya a creer, que ahí que, literalmente, se hagan bolas como puedan, los que las compren.
Es muy común en los nuevos fraccionamientos encontrar casas con lo que parece son cinco, seis metros de frente. Lo cual puede no ser especialmente malo, pero es que a quienes construyen y venden las casas les importa muy poco que los habitantes de esas viviendas que tan caras les venden, suelen tener un carro, un carro cuando menos, a veces dos o más. ¿Y se ha preguntado cuánto mide un carro de largo?, pues alrededor de cuatro metros. Esto quiere decir, explicaciones sobrantes, que apenas se puede estacionar un vehículo frente a una casa, y si tienen dos… o si reciben visitas que vengan en su carro… pues a ver a quien incomodan, a quien perjudican, con quien se bronquean, todo porque los constructores son unos maloras, y porque las autoridades no exigen que el diseño de las viviendas contemple suficientes estacionamientos como parte de la casa y enfrente.
Claro, se la barrerán diciendo que ellos no tienen la culpa de que tanta gente tenga tanto carro, ¿de veras no?, todo es parte de la misma melcocha en que vivimos. Para empezar, si hubiera transporte colectivo de calidad, en cantidad y barato para todos, ¿usted cree que tiraríamos nuestro poco o mucho dinero en carro, si pudiéramos subirnos en un Mercedes, o en un Volvo con aire acondicionado, con chofer y capacidad para 40 pasajeros cómodamente sentados?, serían pocos, y esos pocos tendrían sitio para guardar sus carros. Por otro lado, los fraccionamientos los hacen cada vez más lejos de los centros de trabajo y educativos, con lo que se hace entre difícil e imposible llegar si no es en el carro familiar o personal, así las cosas.

Bueno, pues si las cosas no fueran lo suficientemente complicadas, las empresas no solo no ayudan, sino que contribuyen al caos de una manera que solo ellas. No estamos hablando de cualquier empresa, ni generalizando a todas ellas, aunque habrá algunas que permiten a sus empleados llevarse el carro de la compañía, sobre todo si van a comenzar a trabajar de madrugada. No, estamos hablando de las compañías de transporte, esas que uno pensaría que son parte de la solución de los problemas, y al contrario, son parte agravante del mismo.
Hace tiempo que no vemos uno, pero antes había algunos camiones que portaban su propia publicidad atrás: viaje en camión, usted no tiene que estacionarlo, era una de sus frases más efectistas y afectivas. Y ponga que algunas empresas se decidieran a contratar esas unidades para transportar a sus empleados, fuera por cuestiones de que no tenían donde estacionarse, que estaba muy lejos la planta, que así garantizaban que llegaran temprano, una variedad de razones, el caso es que las proveedoras del servicio de transporte de personal comenzaron a multiplicarse peor que hongos alucinógenos.
Lo que comenzó como una solución al problema de la proliferación de vehículos unipersonales, pronto se ha convertido en una pesadilla, hablando en específico de la ciudad de Saltillo, porque las compañías están felices con sus contratos con las empresas, el problema radica en que no contemplan dónde poner sus monstruosos armatostes en los tiempos muertos en que no están llevando o trayendo gente a las plantas.
O capaz que sí, quiero suponer que toda compañía dedicada a este giro tiene patios o encierros donde guardar sus camiones mientras están fuera de servicio, es por razones de seguridad, pero por la razón que guste, que están lejos, que les da flojera, que tardan mucho en ir y venir, o cualquiera de veinte otras, los camiones los vemos estacionados por muchas calles de Saltillo, a veces por horas y más horas, mientras llega el momento para que vayan a cubrir el siguiente servicio.

Les vale plantarse en raya roja, en calles de dos sentidos obstruyendo uno, hacer fila con cuatro cinco camiones que estorban cocheras, y un sinfín de molestias más. La gente se queja, con razón, y los agentes de tránsito hacen lo que pueden, que no es demasiado, y eso suponiendo que tengan un momento en sus cargadísimos turnos.
¿Creerán que así hacen amigos?, ¿Qué así la gente estará a gusto de treparse en sus camiones para ir al trabajo?, ¿les importará aunque sea lo más mínimo a los directivos de las empresas, o de plano carecen del control para saber exactamente dónde está cada camión, cuando no está cubriendo una ruta contratada?, entre tanto, los camiones se multiplican, lo mismo que los carros, mismos que no hay dónde poner, ni de los unos ni de los otros, porque en esta ciudad motorizada estamos al borde de una embolia vehicular.

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