BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

El caso de la profesora Irma Hernández Cruz es de esos tantos a los que, en este país de balazos, califican los gobiernos y las buenas consciencias de lamentable.
Desde luego que es lamentable todo lo relacionado con el asunto. Comenzando con el final, que la gobernadora del estado de Veracruz, donde ocurrió el incidente, en el municipio de Álamo, haya minimizado el hecho diciendo que se trató de un infarto, lo cual es una verdad de Perogrullo, cuando cualquier persona se muere, se le para el corazón, eso que ni qué, hasta ella que en el pecho seguro tiene tubería de la que se perdió en Dos Bocas, a la hora que fallen los retenes, se le desconchinflará la bomba.
¿Pero qué fue lo que provocó el infarto?, ah, pues quizá el secuestro, quizá los golpes, las patadas, el trato, las amenazas de una célula de la ‘Mafia Veracruzana’, de la que acá en pueblo chico no teníamos noticia, pero que parece que allá en la costa opera a sus anchas y que hasta cuenta con la protección de la mismísima gobernadora.
Eso es lo relativo al evento, lamentable si lo quiere llamar así también. Que definitivamente no debió haber ocurrido, una persona que se dedica a una actividad económica honesta, andar de ruletera, no tendría por qué verse interceptada, ser secuestrada, recibir amenazas y golpes de un grupo de fulanos que según parece, se dedican a la extorsión en su modalidad de protección o cobro de piso, que portan armas prohibidas, pero nada de eso es motivo para que se les busque, se les censure, se les detenga, se les procese y entambe, nada.

Lo censurable es que, una persona que se jubiló de su empleo como profesora, se vea en la necesidad de seguir trabajando, de lo que sea, para mantenerse. Con tan malísima suerte, que los fulanos estos de la Mafia jarocha decidieran hacer escarmiento en ella, de todos aquellos que decidan que no quieren contribuir con la causa, la suya propia, cualquiera que sea esta.
Hombre, luego de treinta años de dedicarse a tratar, que quién sabe si lograr, quitarles lo burro a esas, treinta generaciones de alumnos, resulta que el sistema de pensiones con el que contaba Irma Hernández no era suficiente para completar el gasto, o vaya a saber usted si lo que pasa es que se sentía todavía con ánimo de trabajar, ya no de profesora, sino de algo que en algunos sitios quizá todavía es divertido, manejar, llevar gente de un lado a otro, a cambio de dinero.
A lo mejor le parece que damos demasiadas vueltas, pero el asunto que nos interesa, aparte de dejar constancia de nuestra opinión respecto del infarto inducido a golpes y amenazas, es que las pensiones no son suficientes para vivir el resto de la existencia.

Lo peor de todo, en mi opinión estrictamente personal, es que es una lástima enorme, una pérdida monumental, que toda la experiencia que alguien ha logrado a lo largo de los muchos años de dedicarse a una actividad, se desperdicie, cuando si tiene que seguir trabajando, lo haga en una actividad menos calificada que aquella en la que se volvió experto. Eso es lo que me puede.
Ser maestro no es nada sencillo, buen maestro, todavía menos. Al paso de los años desarrollan estrategias, mañas, habilidades, y cuanta cosa para que los alumnos no terminen el año sabiendo lo mismo que cuando entraron, no, debe haber un cambio, y un cambio para mejor, nunca para peor. ¿Y terminar de taxista?, ¿de taxista expuesto a extorsiones, violencia y morirse de un infarto inducido?, eso, salvo su mejor opinión, es un desperdicio imperdonable.
Claro que hay gente a la que le urge jubilarse, dejar de hacer el trabajo que ha venido haciendo, si además de esa urgencia no tiene necesidad económica y quiere dedicarse a no hacer nada, pues bien por ellos, pero a como está organizado el sistema pensionario mexicano, estos son bastante pocos, la gran mayoría sufre una disminución en sus ingresos, y esa hay que buscar paliarla con algo que no sea muy demandante, que sea divertido, que permita algún grado de convivencia, ¿o porqué no?, algo que sea satisfactorio, que complemente lo que venía haciendo como actividad profesional u oficio.

Un cuate que conozco, que ya está en edad de jubilarse lo sabe poner en su justa dimensión: ¿quieren que deje de trabajar para que me ponga a trabajar en otra cosa?, mejor me quedo donde estoy. Repito, a algunos sí les conviene, imagínese, cobran su pensión, buena o mala, y reciben otro salario, eso si no se da cuenta el Seguro Social y le suspende la pensión para que siga cotizando, encima tiene que buscarse algo que cae en la definición de economía informal, ¡valiendo Cheetos!
¿Qué le podemos decir?, lo mismo de siempre, piénsele bien cómo va a jubilarse, la cosa no es ni de lejos, tan sencilla como uno podría creer, y luego se expone a cosas como la que le pasó a Irma, ¡de veras que qué país!

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