BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Ahora sí que las obras faraónicas nomás les salían a los faraones… cualquier otro que no sea emperador del antiguo o del nuevo reino de Egipto, se topa con que definitivamente, intentar las inmensas obras de infraestructura urbana, religiosa, funeraria, o hidráulica, a la inmensa mayoría de los gobernantes, les queda demasiado grande, no siendo exagerado decir que dejan a sus naciones y sus pueblos en la más triste pobreza.
Ya vimos lo que ocurrió con las llamadas obras faraónicas emprendidas por el anterior presidente de la república, ni una sola se concluyó, ni una sola está funcionando como se ofreció que funcionaría, todas ellas costaron mucho más dinero del que se programó originalmente, y desde la primera hasta la última es omisa en cumplir con el requisito, por lo demás planteado, de recuperar la inversión pública realizada.
Ahora que el gobierno mexicano está empeñado en otra obra faraónica, la construcción de tres mil kilómetros de infraestructura ferroviaria, se nos ocurre preguntarnos ¿y de dónde van a sacar el dinero para llevarlas a cabo?, ah porque esa es otra, en su faraónica modestia, se llenan la boca diciendo que son las obras más grandes, más modernas, más avanzadas, en una palabra, las mejores del mundo, así nomás.

Si por algo se significó la administración de Andrés Manuel López Obrador acá en Coahuila, fue por la total y absoluta inexistencia de obras públicas. Año tras año durante el sexenio, revisamos y comentamos la ausencia de programación de obras públicas, déjese de relevantes, sino siquiera de mantenimiento mínimo de la infraestructura existente para que pudiera seguir prestando servicio. Tampoco nos vamos a echar a llorar, acuérdese que mal de muchos… no fuimos el estado más castigado, otra veintena de entidades federativas fueron olímpicamente dejadas de lado porque el gobierno federal tenía otras prioridades, el tren maya, el AIFA, la refinería…
Pero bueno, para sacarnos la espinita, ahora nos enteramos que el sexenio de Claudia Sheinbaum sí que contempla obras para Coahuila, aunque sean solo para la región sureste, y solo lo relacionado a un proyecto, el del tren de pasajeros que recorrerá la ruta México Nuevo Laredo, y que pasará por Saltillo por ser esta ciudad, la ruta más sencilla para conectar ambos puntos.
Como siempre en estos casos, se siente uno tentado, bueno ellos porque yo no estoy en esa situación, los políticos metidos a servidores públicos, en la modalidad de realizadores de obra pública, se sienten tentados a utilizar la infraestructura ya existente, darle una manita de gato, e inaugurarla como si fuera nueva en toda la línea, y a veces sin la manita de gato, que al final de cuentas, lo importante no es lo gastado, sino lo que se lograron ahorrar, para presumir luego que fue en beneficio del pueblo, por más que las magnas obras se estén cayendo en pedazos a la vuelta de pocos meses.

Cuando se comenzó a hablar del tren, y que pasaría y pararía en la capital de Coahuila, para seguir luego engolosinándose con que también lo hará en Ramos Arizpe y en Derramadero, los entusiasmos se desbordaron, ¿cómo podía ser de otra manera, si eso es lo que pedíamos de limosna?
Y lo primero que pensamos fue, usarán la infraestructura de vías que ya hay, allá que se pongan de acuerdo con los cargueros del Kansas City Southern y del Canadian Pacific, pero no, salieron con la vacilada de que serían vías distintas… nuevas… ni siquiera utilizarían la antigua estación de trenes, que tienen allí sin usar, todo de primera, todo nuevecito.
Todo para que ahora nos salga el presidente municipal con que… este bueno… ¿y qué tal si ubicamos la estación de Saltillo en bulevar Francisco Coss?, para los que tengan edad para ello, les vino un supiritaco: pero, pero, pero ¡allí es donde estaba hace años!, de allí la quitó Óscar Flores Tapia para poder darle espacio al desarrollo de la ciudad de Saltillo, ¿y ahora nos salen con que quieren regresar al Saltillo de hace medio siglo?, no manchen… a lo mejor Javier Díaz ni siquiera había nacido cuando pasó aquello de Flores Tapia, quien a su estilo gangsteril norteño, expropió los terrenos, levantó la vía, y háganle como quieran.
Sinceramente pensábamos que una estación de trenes, y más con lo que se dijo de un trazo diferente, debería ubicarse en las afueras de Saltillo, a suficiente distancia como para permitir un desarrollo ordenado de infraestructura vial y de servicios, lo que además la convertiría en un polo de desarrollo en un espacio totalmente nuevo, y pues resulta que no, la quieren poner donde ya no hay espacio para hacerlo, o ponga que sí, hablando de la estación, total sacan al correo de allí y vámonos tendidos, ¿pero y las vías?, ¿de dónde van a venir y a dónde van a ir?
¿Será que quieren que la mentada estación sea una espuela de ferrocarril, que entren los trenes y luego salgan para incorporarse a los rieles que ya están tendidos desde la época de Don Porfirio?, esa es buena, muy republicana y muy austera. Y si lo hacen igual para la estación de Ramos Arizpe, con cambiarle el letrero a la estación Hipólito, ya estamos, y en Derramadero, con poner un tejabán huachicolero, ya estuvo el cuento.
Todavía es pronto, a lo mejor se corrigen, pero podemos decirle que esto no va pintando nada bien.

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