BAILE Y COCHINO
Por Horacio Cárdenas Zardoni

Podríamos decir que qué bueno que como el presidente Vicente Fox Quesada, en sus tiempos, recomendaba a la gente que no leyera periódicos, así como él no lo hacía. ¿Cómo se enteraba Fox de cómo iba el mundo, las cosas relevantes para su gobierno y para la nación?, vaya usted a saber quién se las platicaba, afortunadamente él mismo confesaba que, por ejemplo, su secretario de Hacienda, Francisco Gil, ‘no lo pelaba’, no le hacía caso de las instrucciones que le daba, así han de haber estado…
Se han hecho múltiples encuestas e investigaciones tendientes a determinar las fuentes de donde la población obtiene su información, la de orden general y aquella que le es útil en lo personal. Ni que decir que los periódicos nos vamos quedando atrás, si alguna vez fuimos la fuente número uno, este puesto lo ocupan ahora las redes sociales, que como también se ha documentado en innumerables ocasiones, no suele ser de lo más confiable que nos podamos encontrar, al contrario, no es extraño que las notas, la manera en que están redactadas, obedezcan a ciertas tendencias que no tienen gran cosa que ver con la situación que están reportando.
Facebook, X, Snapchat, Instagram, distan mucho de informar sobre los hechos tales como estos ocurren, y es que esa no es su función, su negocio es muy otro, entretener, divertir, servir de vínculo entre personas y a veces con instituciones, pero las noticias, definitivamente no. Además de que, sobre todo aquellas que son más relevantes, cada plataforma suele dar la que más le conviene, tenga o no que ver con la verdad.

Respecto a esto, nos preocupa que los gobiernos también se hayan metido más al rollo de la desinformación, que al de informar con sobriedad, con hechos documentados, lo que a la gente finalmente le interesa, o debería interesar, pues nos equivocamos, la actitud de los gobiernos, hablando concretamente de la administración pública federal en este país, es la de que las cosas van bien, cuando que es exactamente lo opuesto, las cosas en el terreno económico están mucho peor de lo que nos han dejado entrever, y como ellos controlan ahora también lo que hasta hace poco era la transparencia y la rendición de cuentas, nos tememos que viven dedicados a dorarnos la píldora, de que las cosas no son graves, sino al contrario, van en franco mejoramiento.
El tema quizá más preocupante para la salud financiera de México, es el lastimoso estado que guardan las finanzas, y en general, el funcionamiento de PEMEX, empresa que durante sexenio sostuvo el funcionamiento de la administración pública, que con eso no se sintió obligada a desarrollar una estrategia de aumentar la base de contribuyentes. Lástima que se nos esté acabando el petróleo, México hubiera podido vivir indefinidamente de la venta de crudo, así, sin refinar, tal como sale de la tierra, pero no, estamos sacando lo que nos va quedando, y buscando a ver si encontramos otro yacimiento como el de Cantarrel, pero el milagrito, quien sabe por qué, se nos sigue negando.
Hace cosa de tres semanas la Secretaría de Hacienda anunció el enésimo programa de rescate financiero a Petróleos Mexicanos, en esta ocasión por la friolera de diez mil millones de dólares, ojalá fuera de humildes pesos, no, es de dólares. De las noticias malas, una no tanto, en esta ocasión no se trató de recortar tales o cuales programas gubernamentales con recursos ya de por sí restringidos, para que de plano se contrate más deuda, y con esa se atiendan las necesidades más apremiantes de aquella que presumía de ser la empresa de todos los mexicanos, y que ahora resulta que lo es… para que la saquemos del agujero donde administraciones sucesivas se han encargado de hundirla.
¿qué es peor, recortar programas a lo largo de toda la burocracia, o endeudarse, todavía más de lo que ya lo estamos, que nos tiene ahogados, con más del 50% del PIB destinado a pago de adeudos pasados?, cada quien decidirá lo que quiera, ambos tienen ventajas y desventajas, siendo obligado descartar la ideal de no endeudarnos, y sí, cada préstamo implica intereses, altos o bajos, pero que si además seguimos con la pésima costumbre de no pagar los préstamos… ya sabrá por qué estamos tan empantanados.

Bueno, pues eso fue hace tres semanas, lo de los diez mil millones, luego la semana anterior nos enmendaron la plana, no iban a ser diez mil, sino doce mil… ¿qué pasó en ese par de semanas para que la cifra se elevara en un 20%?, a lo mejor efectivamente ocurrió algo en el mercado internacional de dinero, sobre todo de estos ‘bonos precapitalizados’ que en la vida habíamos oído de su existencia, pero que según son la octava maravilla del mundo, pero que se nos ocurre que son el último clavo ardiente del que pudimos colgarnos.
Pensando mal, viendo por allí una rendija, el gobierno dijo ‘de aquí soy’ y se dejaron caer con un mayor endeudamiento, dinero que será aplicado en… vaya usted a saber en qué, si en cuestiones relacionadas con Petróleos Mexicanos, o con cualquier otra de las tantas dependencias gubernamentales que están haciendo agua.
Quisiéramos pensar que el dinero que está ingresando a PEMEX irá a inversión productiva, o sea, a incrementar la capacidad de producción de la empresa, para que tenga más petróleo que vender, más gasolina, más diésel, más derivados, más gas, las cosas que PEMEX hace, pues. Ah, pero si se va a usar para pagar los vencimientos de los préstamos que se tenían programados, resultará que nomás alargan la agonía de una empresa que sospechamos, ya no tiene remedio.
Vale la pena acordarse de que hace un par de meses fue noticia que encontraron una mini refinería en la selva, en Veracruz o Tabasco. Estaba ubicada en ninguna parte, y según quienes reportaron el hallazgo, se las arreglaba con un equipamiento mínimo para producir la mitad de la magna obra del sexenio pasado, la refinería de Dos Bocas, con la diferencia que mientras que la ilegal costaba un precio insignificante, la otra ha consumido recursos inmensos, y todavía no acaba.
Si a esas vamos, el petróleo es negocio, siempre lo ha sido, para quienes le saben al negocio. Por demás está decir que el gobierno mexicano, de centro, de derechas y de izquierdas, nunca le ha sabido. Hay momentos en los que hay que sacar crudo y venderlo, hay otros en los que hay que refinar y vender refinados, pero eso requiere un conocimiento del mercado mundial, el actual y el futuro, que no se le da a un agrónomo, por citar solo una de las últimas metidas de pata.
Hoy lo que urge es la sinceridad energética, ¿vale la pena seguir metiéndole dinero a PEMEX, o ya, es mejor declararla en quiebra y comenzar a recoger los pedazos, los de la empresa, antes que nos toque recoger los del país entero?

Deja un comentario