El milagro mexicano en el Tren Maya… ¡nomás no existe!

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Hay gente que cree en los milagros, hay otros a los que la vida los ha tratado tan mal, que han transitado de desengaño en desengaño, que definitivamente no creen en que alguna fuerza superior les vaya a hacer el favor enorme de sacarlos del problemón en el que se hallan metidos.

Pero como lo peor que puede hacer uno es creer que en el mundo solo hay blanco y negro, bueno y malo, están aquellos que se apegan ciegamente a la Ley de Murphy, usted la recuerda seguramente, es aquella que repite siempre el mantra de que si algo puede salir mal, saldrá mal, pero que en el apartado de la milagrería dice muy sabiamente: no crea en los milagros… dependa de ellos…

Y bueno, en el mundo hay toda clase de naciones, pero como dicen las canciones rancheras de toda la vida: como México no hay dos, y nuestro país tiene una cierta propensión a ubicarse en la última categoría de la que hablamos en el párrafo anterior: aquí dependemos de los milagros por encima de cualquier cosa, y cuando no nos salen, cuando no se nos cumplen, no importa, como la esperanza es lo último que muere, nos apuntamos al siguiente milagro con un fervor entre infantil y candoroso, que nos daría vergüenza, de no haber nacido y crecido entre ellos.

Por allá en los años cincuenta y principios de los sesenta, se habló mucho de un milagro mexicano. Nadie podría decir a ciencia cierta en qué se basaban, qué estrategia aplicó el gobierno, qué movilizó el esfuerzo de la sociedad, de los ricos y de los pobres, para que de repente, México efectivamente estuviera viviendo un ciclo de bonanza, al cual no se le encontraba explicación, ni entonces ni ahora, porque definitivamente ni el gobierno ni los actores políticos, económicos y sociales estaban haciendo algo diferente a lo que habían venido haciendo desde que la revolución se institucionalizó, y como lo siguieron haciendo todavía después de que se hubiera decretado como terminada la época del milagro mexicano.

El Mexiquense Hoy.

Todavía después se presentaron dos épocas que no faltó quien denominara con la misma romántica expresión, y hace algo así como cinco años se hablaba de un “Mexican Moment”, el cual ha de haber durado precisamente eso, un momento, y si les preguntáramos a los economistas, públicos y privados que diferenciaban eso, dudo que alguien nos pudiera decir cuándo exactamente comenzó y cuándo fue que se terminó.

Así de magros fueron los resultados, que ni siquiera valieron para calificarse muy distinto de las tristemente célebres lluvias atípicas que se han venido generalizado en nuestra región en los últimos tiempos.

Todo esto viene a cuento porque ahora que estamos viviendo en algo que han dado en llamar sus promotores como la cuarta transformación, ubicándonos en el segundo piso de ella, hay mucha gente que está esperando que se cumpla exactamente eso, una transformación que nos permita decir que somos radicalmente distintos de lo que éramos todavía en el 2018, antes que en las urnas se decidiera mandar definitivamente al PRI, para sustituirlo con un engendro que tiene su ADN, pero pirata y hecho sin muchas ganas.

Cuando acá su servidor era adolescente, me topé con un maestro que se preguntaba, en voz alta y peor, enfrente de su grupo de alumnos ¿qué es lo que nos falla a los mexicanos?, como todo ambiente educativo en el país, nadie respondió absolutamente nada, por lo que aquel siguió con sus reflexiones ¿sí saben que en la época de la revolución mexicana un peso mexicano valía lo mismo que un dólar norteamericano?, en efecto, según sus datos, la paridad cambiaria estaba al uno por uno, y en aquel momento de la plática en que se hallaba no sé si a 12.50 por dólar, o a 15 pesos, él se preguntaba y los pocos que le estábamos haciendo caso también ¿cómo es que desde la Revolución, ochenta, noventa o cien años después, los americanos se las habían ingeniado para ir siempre ganando y nosotros siempre perdiendo?, y terminaba aquel profesor diciendo, a ustedes les toca no que vuelva a estar a un peso por cada dólar, sino que llegue a estar a 18 dólares por cada peso… para usar el tipo de cambio al día de hoy… y la pregunta permanece ¿qué es lo que nos falta?

No atrae a los turistas el Tren Maya. (Foto Ana Paula Ordorica

Todas estas descocadas reflexiones vienen porque nos cayó entre las manos una nota de que en el Tren Maya, esa magna obra, bastante tercermunista si me pregunta mi opinión, con comodidades de camión escolar, pero que se ve más o menos por el solo hecho de que está nuevo, cada pasajero representa un gasto de 361 mil pesos… no a él, o a ella, sino a la nación que tiene que subsidiar cada pasaje con un auténtico dineral, que más barato nos saldría mandarlo en avión privado y hospedarlo en el mejor hotel de Cancún.

¿Qué falta para que ocurra el milagro mexicano del Tren Maya, y que este sea rentable, o sea que tenga suficiente pasaje para que se mantenga de sus ingresos, sin necesidad de estarlo subsidiando?, y no hay respuesta. Según la presidenta Sheinbaum será rentable para el 2030, el fin de su sexenio, en que ya no solo transportará pasajeros sino también carga… lo dudamos, para eso se requieren obras secundarias enormes, que no se están haciendo ni planeando siquiera, nomás son palabras al aire.

No, no existen los milagros, al menos no los que no van acompañados de mucho cerebro y mucho trabajo, además de dinero. No vemos que el dólar vaya a ser barato alguna vez, no vemos que el Tren Maya vaya tan lleno como el Metro, ni que se mantenga solito, lamento desengañarlos, pero los milagros, los de esta clase, nomás no existen.

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