La farsa de los nuevos ministros de la Corte quebranta el Estado laico

Quebrantaron el orden constitucional por oportunismo ideológico de la 4T

Por: Aarón Lara//El Demócrata

Ministros de la Suprema Corte durante ritual. Foto: El Informador.MX)

El lunes pasado, el país entero fue testigo de uno de los actos menos republicano de toda la historia de nuestro país, quebrantando flagrantemente el orden constitucional y sobre todo el Estado laico de parte de quienes se supone, serán la máxima autoridad para juzgar, en apego a la Constitución, sobre los asuntos más trascendentes para el país: los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

La semana pasada denunciamos la absurda posición del senador Gerardo Fernández Noroña, al reconvenir a la Senadora Lili Téllez por haber mencionado en tribuna, que es “Dios la razón de ser de su causa”. El senador Fernández Noroña textualmente, dijo: “las invocaciones a la divinidad, no caben en este Estado laico mexicano”, lo que es una muestra de ignorancia de lo que es el Estado laico, pues entonces el Himno Nacional también atenta contra el Estado laico pues hace invocaciones a la divinidad.

Ser laico no es ser ateo. Laicismo es la doctrina política para mantener al Estado, no al individuo, al Estado neutral para no favorecer ni atacar ninguna expresión religiosa y esa es la diferencia con el actuar de los ministros de la corte. Ellos sí, quebrantaron el Estado laico.

La ley de Liberad de Cultos emitida por el presidente Benito Juárez, el 4 de diciembre de 1860, expresamente dice “aunque todos los funcionarios públicos, en su calidad de hombres, gozarán de una libertad religiosa, tan amplia como todos los habitantes del país, no podrán CON CARÁCTER OFICIAL asistir a los actos de un culto”. Los ministros de la Suprema Corte asistieron a tres actos de carácter cultico, primero en la zona arqueológica de Cuicuilco, después en la sede del propio recinto de la Corte, y en la explanada del Zócalo, donde recibieron “bastones de mando” e invocaron a Quetzálcoatl, a los nahuales y a los espíritus. Asistieron y participaron formalmente en cultos religiosos en su carácter de Ministros Electos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Finalmente, las personas participantes de estos actos no representan a pueblos indígenas, o como ahora les quieren llamar “pueblos originarios”, sino que son más bien personas que practican actos espirituales que pretenden hacerlos pasar como cultos prehispánicos.

En el valle de lo que hoy es la zona metropolitana de la Ciudad de México, existieron más de 40 naciones indígenas: los cuhuas (en Cuicuilco), los Xochimilcas, los Chalcas, los Tepanecas (en Azcapotzalco), los de Texcoco, de Ecatepec, Zumpango, Xaltocan, Coatlinchan, Tlalpan, Iztapalapa, Coyoacán y, por supuesto, los aztecas y sus ritos, ceremonias, y en general, lo que podríamos denominar su religión, no consistía en limpias o en invocaciones, sino en sacrificios y prácticas que nada tienen que ver con estas expresiones espiritistas, que fueron las que se realizaron a nombre o bajo el disfraz de los pueblos originarios.

Se trata, lisa y llanamente, de una suplantación, de un montaje, de una farsa, pero que indudablemente, no sólo quebranta el Estado laico, sino que acarrea maldición para la nación.

Estamos en lo más oscuro de la noche.

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