BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Ahí le va de anécdota. Hace muchos, pero muchos años, así como solían comenzar los cuentos antes de la era del TikTok, publicábamos una columnita en un periódico que, fíjese qué curioso, es este mismo que está usted leyendo, con la diferencia enorme de que en aquellos tempranos años de El Demócrata, se imprimía en papel, y ahora… ahora para bien o para mal, todo es digital. Bueno, pues la historia de la columna es esta: andaba, como todos los días, entrando y saliendo de palacio de gobierno, donde se hallaba la sala de prensa, y esto nos obligaba a recorrer la calle Juárez, pasando por unos localitos que de mañana funcionaban como cafés y desayunaderos más o menos bien servidos, nada elegante, no se vaya a imaginar que por ser vecinos de la sede del poder ejecutivo estatal, servían platillos gourmet, eran las típicas gorditas, tacos y ya exigiendo mucho, chilaquiles. Pues esos mismos localitos en la tarde y noche se convertían en antros de mala muerte. Nada del otro mundo, bastante pueblerinos como no podía dejar de corresponder al pueblo que era Saltillo, y que algunos puristas opinan que sigue siendo.
Bueno, pues por alguna razón en vez de tener que mandar la nota en la mañana, tuve que hacerlo por la tarde, y al pasar por Juárez mi prominente nariz, a la cual no hace justicia un sentido del olfato particularmente fino ni receptivo, captó un cierto olor que estaba, en mi ingenua opinión de periodista todavía casado con el deber ser, fuera de lugar.
Tal como se los platicamos, allí, cruzando una callejuela, la de Juárez, se hallaba el Palacio de Gobierno de Coahuila, se estaba fumando mariguana… ¡Uy que susto!, pero tengamos en cuenta que por aquellos años esta droga estaba muy lejos de ser considerada ‘lúdica’ o ‘recreativa’, y solo unos pocos hipocondriacos la promocionaban por sus cualidades medicinales. No señor, en aquella época la mariguana estaba prohibida, nada de que lo que le agarraban a uno se lo perdonaban por ser una dosis para uso personal, prohibida, forbiden, ferboten, interdit, como lo quiera leer… y se fumaba frente a Palacio, para más señas abajito de las oficinas del señor gobernador que, en aquel tiempo, no sé ahora, tenía su despacho casi en la esquina del primer piso del edificio.
Todavía me llevé un cuate, experto en esa clase de cosas, en diferenciar olores, aromas y otros efluvios, Pepe Marroquín, quien me dio su dictamen imparcial: sí, es mota, y de la buena, nada de cocos ni varas. Pues ni tardo ni perezoso, bueno lo dejé para la siguiente vez que salía el periódico, redacté la notita: frente a Palacio de Gobierno, del lado de la plaza de la Nueva Tlaxcala, se puede ver (aun hoy) la tienda de lencería que tiene allí años y más años, ah, pero del lado de Juárez… se fuma mota desde medio día y hasta altas horas de la madrugada.
Todavía lo aderecé diciendo que por esa calle pasaban policías preventivos municipales, pasaban los estatales, pasaban los judiciales (que así se llamaban, antes de cambiar el pellejo a ministeriales), es más, por allí pasaban a todas horas los guardias de Palacio, y nadie, pero nadie, había notado, o le había importado que el hornazo subiera hasta los balcones del sr. Gobernador Rogelio Montemayor Seguy.

Si no me acuerdo mal, El Demócrata salía los jueves por la mañana, y salió la nota, para las diez de la mañana ya había ardido Troya hasta las mismísimas bachas, y las autoridades, eso sí no sé cuáles, si la municipal o la estatal o hasta la PGR, habían clausurado el local, que por cierto permaneció cerrado varios años, no le perdonaban la afrenta, o déjese la afrenta, que un periodista de medio pelo los hubiera balconeado de tan fea manera.
Era cuando la prensa servía para algo. Hoy, no sirve para nada.
No me lo va a creer, o sí, o como quiera, pero tengo dos, tres semanas reportando por las benditas redes sociales (Andrés Manuel López Senior dixit) que en un parquecito ubicado en el cruce de bulevar Francisco Coss y Venustiano Carranza, allí donde hay una fuente, y casi enfrente del magno edificio alterno del Congreso del Estado, se ha establecido a vivir un indigente.
No sé decirle si se trata de un clochard, de un migrante, de uno de nuestros locos del pueblo, todos y cada uno de ellos auténticos personajes de nuestro Saltillo de hoy, como lo han sido desde que yo me acuerdo, pero el asunto es que allí ha hecho su guarida, su covacha, no encuentro las palabras exactas para calificarlo, quizá ni existen.
No es que me importe mayormente, ni tampoco que me moleste, cada quien vive, sobrevive o muere como buenamente puede o quiere. Lo que sí, me llama la atención que se halla a la vista de, igual que el caso anterior, autoridades del Poder Legislativo, por allí pasan los magistrados del Poder Judicial, y la plana mayor, media y menor del ayuntamiento de Saltillo, y nadie… pero nadie, es para agarrar su costoso teléfono celular para llamarle al DIF, a la policía, a atención ciudadana, al voluntariado, yo qué sé, para decirles: moviéndose, allí hay un cliente, atiéndanlo, llévenselo de desayunar al Viena, báñenlo, vístanlo, vacúnenlo y suéltenlo, nada.
Pero déjeme decirle que, ahí donde lo puede ver, el compa ha juntado cajas de cartón, grandes, como de lavadora o refrigerador, donde cabe acostado, recargado en la fuente, en un hueco que ha hecho la lluvia yo creo, del lado de Coss. Me ha tocado verlo en las mañanas, cuando se levanta, haciendo sus abluciones con la misma agua de la fuente, luego de lo cual, junta todos sus cartones, los acomoda junto a la fuente, y se va a hacer su vida, cualquiera que sea esta.

Tres semanas publicando cartones, comentándolo en las redes, etiquetándolo en la cuenta del gobierno municipal de Saltillo, del gobierno del estado de Coahuila, la del alcalde Javier Díaz, y nadie le hace caso a este pobre periodista acomplejado, que tanto duda de la capacidad de observación de sus autoridades, que yo creo que se teletransportan a sus despachos, porque no ven, no oyen, no huelen lo que ocurre a su alrededor.
¿Pues no que tanto amor por Saltillo? A este carnal le hace falta atención, como a todos los que viven en la vía pública y por los que se hace poco menos que nada.
Ah, y por si tiene dudas. Me ha tocado ver que varias tardes a la semana se para una pipa del municipio allí junto a la fuente, no sé si para llenarla, o haya allí un pozo, algo hace, por lo menos el conductor y sus ayudantes han visto que la famosa fuente es residencia gratuita de alguien que merece la ciudadanía por conocer Saltillo hasta su suelo, de día y de noche. Así que, de que la autoridad lo sabe, lo sabe.
Allí lo tiene, un caso para la Araña amorosa, a ver si sirve de algo puesto por escrito, a la antigüita.

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