BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Solía decir el célebre ideólogo del sistema político mexicano, César ‘El Tlacuache’ Garizurieta; no pidas que te den, pide que te pongan donde hay… y sí, esto presupone que los políticos, en el momento en el que son bendecidos con una designación, nombramiento o unción como servidores públicos, en ese momento advierten, ellos y todo el mundo, que tienen una habilidad innata para aprovechar las posibilidades que dicho puesto les ofrece para hacer dinero.
La verdad de las cosas es que hay gente que nace, gente que se hace, y hay otra que para su mala fortuna, aunque quizá para tranquilidad de su alma y pobreza de sus cuentas bancarias, aunque le pongan las oportunidades que se le presentan en bandeja de plata, nomás no sabe aprovecharlas. Estos son los menos, o no, a lo mejor sí los hay muchos, pero rara vez reciben la invitación para ocupar una posición donde se hace mucho dinero, y cuando por casualidad se les concede y al no reaccionar como se espera de ellos, de inmediato son desplazados a otra posición de mucho menos confianza y cero rentabilidad, aquí como en la empresa privada, tiempo es dinero, y el tiempo que no se aprovecha capitalizando el milagro de la mutiplicación de los billetes, es tiempo que hasta los ángeles caídos en el infierno lloran.
Ahora que está en serio entredicho la honorabilidad de la Marina Armada de México, y su entidad burocrática, la Secretaría de Marina, que ellos mismos han sacado a relucir la fecha de que tiene doscientos años de heroísmo, servicio y honestidad, se nos ocurre preguntarnos: ¿cómo es que habían conservado durante tanto tiempo esas cualidades, y cómo es que la perdieron en el corto tiempo que lleva en el poder la cuarta transformación, en su advocaciones de planta baja y segundo piso?

La razón que a nosotros se nos ocurre, sin formar parte de la Fiscalía General de la República, de la propia Secretaría de Marina, de la Secretaría de Fiscalización y Buen Gobierno, ni de ninguna institución siquiátrica, es lo que pusimos hasta el principio de esta columnita, la cita del maestrazo Garizurieta, no pidas que te den… sino que te pongan donde hay.
Pero en este caso que nos ocupa, ni la Secretaría de Marina ni la Secretaría de la Defensa Nacional, o sea ni la Marina Armada de México ni el Ejército Mexicano solicitaron del en su momento presidente Andrés Manuel López Obrador, posiciones de poder, negocios, la gestión de dependencias donde hubiera manejo de dinero, no, no lo pidieron y se los dieron…
Lo comentamos en su momento, ¿qué necesidad había de poner a prueba la honorabilidad, la decencia, la honestidad, y otras cualidades que se atribuían desde siempre a los integrantes de las fuerzas armadas?, se nos antoja que se trató de un plan maquiavélico que no tenía otro objetivo que el de destruir desde dentro a las instituciones militares, apelando a las más bajas pasiones, uy qué dramático, pero sí, si aceptamos que las más bajas de todas tiene que ver con el dinero y lo que este puede comprar.
López Obrador, como buen izquierdoso de librito, desde siempre tuvo un odio cerval contra cualquier cosa que significara autoridad, ¿y qué más autoridades que la del Ejército, la Marina, la Fuerza Aérea, las corporaciones policiacas federales? Siempre de candidato dijo que desmantelaría el Ejército, y en la polla iban todas las demás.

Quesque porque México no tenía enemigos externos, ¿para qué un Ejército?, pero también siempre cobarde, y temeroso de que sus discursos le llenaran el hígado de piedritas a los generales, le pudieran dar un golpe de estado, decidió utilizarlos, encomendarles cuanta misión estaba fuera de la capacidad de sus secuaces de la cuarta, en la parte de hacer como que se hacía, no en la de beneficiarse de la corrupción de las dependencias que las solían tener a su cargo, pues comenzó a apilarles chamba y más chamba, para la que los militares no estaban preparados, pero como genéticamente están incapacitados para desobedecer… Total si las fuerzas armadas se corrompían, él podría salir a decir ‘ya ven, se los dije’, además que ya no siendo presidente, ¿qué golpe de estado pueden darle?
¿Y qué cree?, que se corrompieron. No voy a decir que todos, pero como la mafia que es la cuarta transformación, les hicieron ofertas (o les dieron órdenes) que no pudieron rehusar. Casi que de arriba les ordenaban a los de abajo, te van a llegar con unos sobres… acéptalos… haz buen uso de ellos, y ya con esa venia u orden, la corrupción de las fuerzas armadas se consumó. ¿A qué nivel?, eche nomás ojo a las fortunas de algunos generales, de los que se quedaron en el Ejército y la de otros que les encargaron las medicinas, los aeropuertos, las aduanas, los puertos, a los almirantes también les tocó lo suyito.
La Marina fue en el sexenio pasado algo así como la policía de. D. F. en tiempos de Arturo Durazo, alias ‘El Negro’, una fábrica de dinero que recorría el escalafón de abajo hacia arriba, donde se concentraba en pocas manos, y de donde seguramente alimentaban algunos de los bolsillos más selectos de la 4T. El daño está hecho, costará muchos años de trabajo y esfuerzo recuperar el prestigio perdido. Como el desprestigio del Ejército luego de la masacre de 1968, habrá mucho que pagar en acciones heroicas para que a la gente se le olvide que la Marina tocó fondo gracias a López Obrador.

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