Ahí viene el tren

BAILE Y COCHINO…//Horacio Cárdenas Zardoni

Foto: Conoce Saltillo.

Forma parte de la manera democrática y republicana que tenemos en este país de gobernarnos. Seguramente ha de ser igual en otros países, dependiendo de la idiosincrasia de cada pueblo, a lo mejor es más discreta, más elegante, o por el contrario, más folclórica y populachera, pero de lo que se trata es de mostrarle a los posibles electores, que el gobernante y su partido, son cumplidores de lo que prometen, y solo por eso, merecen ser, el primero votado a favor en sus nuevas y superiores aventuras, y el segundo, pues que se conserve en el poder, faltaba más.

Sería interesante conocer y poder analizar cómo eran las campañas políticas de Porfirio Díaz Mori. A veces, si no es que siempre, era candidato único, pero se supone que había elecciones libres, y bueno, lo obvio para que la gente pudiera sufragar por él, por él o por él, era que conociera sus propuestas a realizar en el siguiente período presidencial. Como lo que campeaba era, en su caso la reelección, él candidato dictador podía ofrecer lo que pocos en tiempos más modernos, la continuidad.

Si Don Porfirio había llevado el ferrocarril, digamos, hasta Querétaro, pues podía ofrecer para su siguiente cuatrienio continuarlo hasta San Luis Potosí, y así hasta llegar a Monterrey pasando por Saltillo. En otra vía, traerlo de Piedras Negras hasta Monclova, y de allí hacia el sur, hasta llegar a Aguascalientes, o donde fuera. Digo, son propuestas de campaña que se me ocurren a mí, comparándolas con las que hemos visto en los últimos dos sexenios, el anterior de Andrés Manuel López Obrador, y el actual de Claudia Sheinbaum Pardo.

Claudia Sheinbaum anunció la construcción del Tren de Pasajeros Saltillo-Tamaulipas. Habrá que esperar para ver si la termina o queda como las faraónicas obras de López Obrador. (Foto de La Jornada)

Lo que sabían perfectamente los gobernantes priístas era que: obra que emprendas en tu sexenio, acábala, porque con toda seguridad tu sucesor la dejará tirada, ¿qué importa que la inversión se haya llevado al 90% o más, que solo queden detalles y que la obra traiga innumerables beneficios a la población?, no le va a dar el gusto a su antecesor de hacerlo aparecer como visionario. Es más, sabemos de casos acá en Coahuila, donde un gobernador dinamitó la obra magna de su predecesor, y puso encima obras con su sello, él sí se sabía la plana, al fin profesor, de hacer y terminar, que si no… le hubiera ido igual o todavía peor.

Durante la administración federal pasada el énfasis estuvo en las obras que sus opositores llamaron faraónicas, y pese a que las inauguró dos, tres, cinco veces… ninguna de ellas quedó completa, ni mucho menos trabajando al 100% de su capacidad. Lo que privó durante la pasada gestión, fue la improvisación, el ofrecer fechas para la conclusión de los trabajos, mismas que se llegaban y nomás no se había concretado nada, nueva fecha y nueva desilusión, pero no por eso se desaprovechaba la oportunidad de llevar a cabo ceremonias de inauguración parcial, que acá entre nos, rayaban en lo ridículo, pues de la refinería de Dos Bocas no salía un litro de gasolina, al aeropuerto Felipe Ángeles llegaban aviones, los militares que siempre han operado allí por ser su base militar de siempre, y lo mismo para todas las demás.

Ahora que Claudia Sheinbaum, siguiendo la tónica de la cuarta transformación, de la que no tiene vergüenza de decir que es el segundo piso, está empeñada en la construcción de tres mil kilómetros de líneas férreas, ojo que no dice de vías de ferrocarril, porque en algunas de las líneas lo que se está planteando es compartir las que se privatizaron en el sexenio de Ernesto Zedillo a empresas de transporte de carga, para correr por ellas los trenes de pasajeros.

El Tren Maya quedó inconcluso. Pero así lo inauguró el entonces presidente López Obrador. (Foto de La Jornada)

En este momento no vale la pena ya revivir la discusión sobre si valía o no la pena revivir un medio de transporte que había sido superado, sustituido por el transporte por carretera y por vía aérea, pero bueno, dijeron que era por una cuestión de justicia social, el que la gente pudiera llegar a los ejidos y rancherías, como lo hacía durante el siglo pasado, en el lento e incómodo tren, confiando en que este segmento de población justificará con demanda el proyecto de los ferrocarriles. Más justo me hubiera parecido a mi que esa misma gente tuviera ingresos suficientes como para tomar un camión hasta allá donde va, o pudiera comprarse un carrito para lo mismo, pero bueno, los científicos son ellos y confío en que sus cálculos hayan estado bien planteados.

Todo esto viene a cuento porque una de las últimas noticias respecto del ‘Tren del Norte’, que parece que así se va a llamar, es que estará concluido en las etapas que se están licitando y comenzando a construir, por allá por el año 2028, más o menos a la mitad del sexenio… si es que todo sale como se debe, si es que no falla el financiamiento, que es el huachicol con que funciona el motor, porque si no…

Y es aquí donde vemos un pequeñísimo problema, como con el Tren Maya, dividieron el proyecto en tramos, que se irán construyendo y concluyendo de a poco a poco, pero… ¿de qué sirve un tramo que nos deje, digamos en Lampazos? No conozco yo a nadie que viva en Saltillo y labore en Lampazos, o al revés. Este es de esos proyectos que si está completo, funciona, si no… a lo máximo que podríamos aspirar es a que esté completo el tramo entre Saltillo y Monterrey, con sus tres estaciones acá y sus tres o cuatro en Nuevo León, pero eso sería un tren suburbano, que venimos pidiendo desde hace cincuenta o más años, pero no el que recorra media república, desde el centro hasta la frontera, pasando por Saltillo.

En fin, sí, estaremos contentos, cuando lo veamos, pero esto no es ahorita, ni el año entrante ni el que le siga, será allá por el 2028, si bien nos va, así que guárdese sus ilusiones para entonces.

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