BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

De esas cosas de la vida, hasta que no los necesita, no se da uno cuenta de cómo están ciertas cosas. Las da uno por hechas, lo ponen de buen humor, las agradece, y resulta que no, no funcionan como deberían, los mantienen así para que la gente siga creyendo, que no exija, que todo siga igual, hasta que se ofrece, y entonces sí, como dice el lugar común, arde Troya.
Resulta que en el país, en Coahuila también, existe desde hace ya varias décadas, normatividad en materia de atención a personas con discapacidad, o como les gusta llamarle en estos tiempos Woke, personas con capacidad diferentes, pero que en la práctica, presentan alguna discapacidad mental, física o emocional que los diferencia del resto de la población.
Nos parece por lo demás justo, que la sociedad busque equiparar las oportunidades de movilidad de aquellas personas que tienen problemas con ella, es lo mínimo que se puede pedir de quienes se presumen como humanistas. Por eso hay espacios dedicados en los estacionamientos para los vehículos de personas con discapacidad, para eso se les otorgan placas especiales, luego de trámites y exámenes exhaustivos, porque ya ve como es la gente… había muchos que, con tal de gozar del privilegio del espacio dedicado en un estacionamiento lleno a reventar, se fingían enfermos para obtenerlas. También hay rampas, la mayoría imposibles de remontar en silla de ruedas cuando sube uno, y con una pendiente de miedo cuando baja, que lo avientan a mitad del arroyo, con el riesgo de que se lo lleve a uno una troca que vayan pasando por ahí en ese malhadado instante.
Y bueno, eso es por lo que toca a la infraestructura, donde las cosas se ponen desagradables, todavía más, es en lo referente al equipo. Seguro que cuando entra usted a cualquier tienda de autoservicio, de las más o menos grandes, se habrá topado con que allí donde están los carritos de súper, unos normales, otros para niños, unas carretillas y hasta canastillas, hay dos o tres vehículos eléctricos, con canasta, los cuales son para las personas que no pueden caminar por los largos, larguísimos a veces, pasillos de las tiendas.
Cuando llegaron los primeros de esos cochecitos, la gente de Saltillo estaba encandilada, ¡cuánta modernidad!, al fin las tiendas se ponían humanas y daban a los discapacitados su sitio, como consumidores que son. Mucha gente tuvo la tentación de subirse a ellos, como si de juguete se tratara, algunas señoras subían en ellos a sus hijos chicos o sus nietos, por ahorrarse la caminada, y trepados en los carritos, iban más contentos que corriendo por ahí, en general se les daba buen uso.

Pero como todo en esta vida, los cochecitos tienden a hacerse viejos, sea por el uso extensivo, que no creo, sino más bien por el mero paso del tiempo y también por la falta de mantenimiento. Los que salen pagando, obvio, son los discapacitados, para quienes estaban destinados desde el principio.
No es cuento, me ha tocado que en una tienda equis hay tres carritos… pero los tres están descompuestos y ni siquiera los gerentes son para ordenar que los pongan allá atrás… donde no se vean, total si alguien pregunta, el guardia puede decir la mentira de que están prestados adentro de la tienda, no, allí están. No falta el señor o la señora que se sienta en uno, no arranca, se sienta en el siguiente, no arranca, no sirve ninguno.
También he visto que si sirven los carritos… pero no tienen carga. ¿A quién se le ocurre? ¿de qué sirve un carro eléctrico, de este tipo concreto, sin pila?, de absolutamente nada. Pero todavía hay una variante, los carritos están tan viejos, que pueden tener la carga completa, y caminan diez metros y ya se acabó, ni más ni menos que como cualquier celular con tres años de servicio, la pila hay que cambiarla, suponiendo que encuentre dónde… o comprar uno nuevo, digo, así es la vida en las economías capitalistas: úsese y tírese, y no se le olvide comprarse otro.
La verdad no sé si exista una normatividad al respecto, un artículo en las leyes general de salud o la de protección civil, referida a que los equipos para uso de discapacitados estén en perfecto estado de operatividad. Esto tendría que ver también con las funciones de los inspectores de Salud y también de Protección Civil, que los revisen, los chequen, los prueben, y si no están funcionales, que los reporten, que le den un plazo a la tienda para que los ponga en condiciones. Si no, multa, si no, clausura, a ver si así entienden.
Porque sí, bien padre, allí están los carritos, sí pero no funcionan, así lo que no funciona es la tienda, como si regalaran las cosas que va uno a comprar…

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