Comparaciones incómodas: ¿Cuántas Casas Blancas de Peña caben en el boquete del huachicol fiscal?
RETRIBUCIONES

Por: Luis Enrique Morales.-
México se volvió experto en medir lo inmedible: indignación por kilómetro, memoria por sexenio, impunidad por conferencia. Y como la 4T insiste en vivir mirando por el espejo retrovisor, pongámosle a la rapiña su unidad de medida: la Casa Blanca de Peña. ¿Cuántas caben en el boquete del llamado huachicol fiscal? Si tomamos la cifra de 600 mil millones de pesos, la regla de tres es brutal: casi 6,977 casas como aquel símbolo de la frivolidad peñista. Siete mil mansiones de mármol y eco. Siete mil insultos con alberca.
No lo digo para absolver el pasado; lo digo para dimensionar el presente. Porque el saqueo, cuando cambia de sexenio, sólo cambia de sombrero.
A Felipe Calderón le floreció el desastre con García Luna; la justicia en Estados Unidos dejó un expediente que huele a pólvora y a billetes mal contados. Pero incluso ese caso —en su deshonra— parece pequeño frente al tamaño del ordeñe que se comenta hoy. Porque a la vieja usanza se perforaban ductos; con la Cuarta Transformación, desaparecen buques enteros en el gran ducto de la ley: Una cifra inimaginable, el mayor robo en la historia de México, se dio irónicamente con el gobierno que prometió acabar con la corrupción.
Agarremos un número para no perdernos: un punto porcentual de ese tope (6 mil millones) equivale a varios presupuestos municipales anuales completos. Detrás de cada “ajuste” federal hay una cuadra sin luminarias, un pozo sin mantenimiento, una clase sin maestro suplente. El huachicol no sólo robó a PEMEX; robó el futuro de México. Y mientras las cifras bailan, nos piden guardar silencio con una seña que ya es marca registrada.
Porque el gesto también gobierna. En Poza Rica, la Presidenta llevó el índice a los labios para ordenar silencio a quienes lo habían perdido todo por las inundaciones. “Shhh.” Ese dedo flacucho pretendiendo desahogar el aguacero y acallar el reclamo es metáfora y programa: callen los desplazados, callen los números rojos, callen las auditorías. El “shhh” como política pública; “lo que diga mi dedito” como doctrina de Estado Mexicano.

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