Saltillo, sus niños de las alcantarillas

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Saltillo también tiene sus niños que habitan en las alcantarillas. (Foto: El Demócrata)

Hace una pila de años, como dice el papá de Mafalda, vimos un reportaje en alguno de los tantos noticieros de Televisa, en aquel momento nos causó bastante sorpresa e impresión, lo mismo que a muchísimas personas en la capital del país, porque, viviendo allí de muchos años o incluso de toda la vida, casi nadie tenía conocimiento del tema que se estaba tratando, que literalmente estaba allí, enfrente de todos.

De lo que se trataba era de lo que se dio en llamar ‘los niños de las alcantarillas’ y en efecto, trataba de no uno ni dos, sino de decenas de menores de edad que careciendo de algo que pudieran llamar una casa o una familia, habían encontrado refugio en los resumideros del sistema de drenaje del entonces Distrito Federal, hoy flamante Ciudad de México.

A lo mejor lo que más llamó la atención en aquella ocasión fue que las calles que recorrieron los reporteros, donde localizaron las entradas al submundo de esos niños y adolescentes que vivían bajo el asfalto, era que se trataba de calles ubicadas en el mismísimo centro histórico de la capital de un país que ya presumía de su inclusión en el club de los ricos, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, en los tiempos de Carlos Salinas de Gortari.

¿Cómo era posible que, si nos codeábamos con los magnates de las naciones más poderosas del planeta, el gobierno y la sociedad permitieran que sus ‘nuevas generaciones’, su esperanza de un futuro mejor, comieran de la basura o de lo que lograban robar, y que para refugiarse del clima, descansar, dormir y protegerse, tuvieran que recurrir a los drenajes?, pues era posible, y de allí lo terriblemente chocante.

Hace años se publicó el drama que vivían cientos de niños que habitaban en las alcantarillas del entonces Distrito Federal. (Foto de Ámbito Financiero)

Como suele ocurrir en estos casos. No es que el fenómeno retratado en el exitoso reportaje televisivo fuera nuevo, simplemente era la primera ocasión en que un servidor, como tantos otros chilangos y foráneos, tomábamos contacto con él. Si a esas vamos, en las novelas de Vicente Rivapalacio, de Artemio del Valle Arizpe y de otros escritores de época se hablaba del asunto de la pobreza, concretamente en el estrato de los niños y jóvenes que vivían en la calle, que luego se convertían en adultos que igual, vivían y morían en el arroyo.

Y uno dijera, a raíz del reportaje que tantas consciencias movió, y tanta presión social generó hacia las autoridades, la realidad de ese grupo de población cambió radicalmente, para mejor, pero lamentamos decir que no, no de forma significativa. Como siempre, el mero patrón de entonces, enfurecido por la mala prensa que le estaban haciendo, como si él tuviera la culpa de ello… bueno de eso mejor no hablamos, giró sus órdenes para que el asunto se atendiera a la brevedad.

Y sí, se hizo, brigadas del DIF, o su equivalente en aquel entonces, se desplazaron a la zona, ‘intervinieron’ como se dice ahora, cargaron con todos los escuincles, los metieron en un albergue, los bañaron, desparasitaron, les dieron de comer, pero tampoco los pudieron retener, después de todo no habían cometido ninguna falta.

En algunos casos pudieron localizar a algún familiar, pero como la situación que había dado origen a su huida no había cambiado, se regresaron a la calle. Para ese entonces ya había bajado la atención pública, y en consecuencia también la vigilancia, así que volvieron a sus mismas alcantarillas.

¿no se han dado cuenta de que tienen menores de edad sobreviviendo allí, casi bajo sus pies. (Foto: Kurioso)

¿Usted cree que alguien se había tomado la molestia de cegarlas?, desde luego que no, eso es en otra ventanilla, obras públicas, agua y drenaje, yo que sé, así que allí se regresaron.

Los reporteros dieron seguimiento a la nota algunos meses después, dando cuenta de esto que le platicamos, el  regreso de los niños, la rendición de las autoridades, la incapacidad de las autoridades, y demás. El público, lejos de escandalizarse de nueva cuenta, reaccionó con el desencanto de costumbre.

De vez en cuando otros reporteros, en México, en cualquier sitio del país, cubren este tema, encuentran casos y ejemplos con muy pocas diferencias, que sí, tienen su impacto, pero es por poco tiempo, lo cual también es de esperar.

Aquí mismo en Saltillo. Hace algunos años vimos un reportaje de unos adolescentes que vivían en una alcantarilla, causó cierto revuelo en el pueblo, sobre todo por el hecho de que la tal toma de agua se encontraba, se encuentra todavía, a media cuadra de la presidencia municipal, yendo por Presidente Cárdenas, si acaso a unos diez metros del que fue uno de los edificios más modernos de Saltillo en su momento, el de Bancomer, ahora BBVA. Si no recuerdo mal, eran dos o tres jovencitos que tenían meses viviendo en esa boca de agua, su físico, rayando en lo escuálido, les permitía colarse entre la calle y la banqueta, y allí hacían su vida, o más bien allí recalaban luego de hacerla en la calle. Obvio el escándalo pueblerino, la movilización burocrática y lo demás.

Y ya se imaginará para dónde vamos: tal cual, el otro día me tocó ver, chismoso que es uno, como un joven de quizá 15 años, se bajaba de una bicicleta de ruedas pequeñas, color de rosa para más señas, quitaba una madera, se tendía en el vil suelo de la vil calle, culebreaba para meterse por el hueco y ya desde dentro jalaba la bicicleta. Todo esto en lo que dura el tráfico en la avenida, en esa zona y a esa hora de la tarde.

Luego volví a pasar y como le cuento, otra vez habitan allí niños y jóvenes, tal vez migrantes, eso no lo sé, y la pregunta obligada es bueno ¿y dónde tienen los ojos los cientos de burócratas, de alcalde para arriba y para abajo, que laboran en la presidencia municipal y el edificio administrativo de junto, o que estando en otros edificios, reportan allí a alguna hora del día, qué no se han dado cuenta de que tienen menores de edad sobreviviendo allí, casi bajo sus pies?, pues los tendrán en el celular o en el carro de enfrente, o en la banqueta cuando cruzan al oxxo a comprar sus marranillas, pero en la gente que vive en la alcantarilla, en esa no.

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