¿Se justifica la deuda pública o se baja el cero y no contiene?

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Andrés Manuel López desapareció programas de salud y sociales para invertir el dinero en ss obras faraónicas. (Foto de infobae México)

Se baja el cero y no contiene. Muchos de nosotros recordamos esa, la verdad no se bien a bien cómo llamarle, expresión, regla, truco, que venía asociado a las clases de aritmética de la primaria, concretamente cuando nos trataban los profesores de enseñar la división.

Algunos aprendimos más o menos, otros aprendieron mal, y los de siempre, los cerebritos, lo aprendieron bien. Pero lo que nos interesa del asunto no es la enseñanza aprendizaje de esta, la última y más complicada de las operaciones fundamentales, sino la frasecita que nos marcaba que hasta allí paraba la operación… a menos que… pero esa es otra historia. La expresión a mucha gente le gustó para utilizarla en ámbitos diferentes de la aritmética y del salón de clase, más bien para usarla en la vida cotidiana, aplicándola a situaciones en las que precisamente, existiendo todos los elementos disponibles, a la hora de querer ordenarlos en un modelo para resolver un problema dado, no son suficientes, no contienen.

Ahora que, para la elaboración del presupuesto de egresos de la federación para el ejercicio fiscal 2026, se ha presentado el proyecto por parte del poder ejecutivo, y está en manos del legislativo para su discusión, revisión y eventual aprobación, nos vuelve a la mente aquella frasecita, de que bajando el cero, acomodando todos los elementos de los ingresos, no resultan suficientes para la atención de todas las necesidades de la población del país, simplemente no contiene.

La nación mexicana está viviendo en estos momentos una situación parecida a la que el estado de Coahuila vivió durante la transición de poderes de Jorge Torres López a Rubén Moreira Valdés, caracterizada por un endeudamiento escandaloso por parte de la administración anterior, que inició Humberto, y que le dejó al interino Torres, y que Rubén promovió ante el congreso local que fuera reconocida como deuda pública, conocida desde entonces como ‘la Megadeuda’ que seguimos pagando en estos tiempos.

Hilda Flores Escalera defendió a Humberto Moreira y Jorge Torres para que no se descarrilara el gobierno de Rubén Moreira. (Foto de Índice Político)

Sobre el asunto recordamos que, siendo senadora por Coahuila Hilda Flores Escalera, consideró necesario defender a Humberto Moreira y a Jorge Torres por el endeudamiento que amenazaba descarrilar el sexenio de Rubén, pues no tenía dinero ni para lo más elemental del gasto público. Fue durante un evento partidista, en que Hilda soltó que para todos aquellos que criticaban el endeudamiento, que allí tenían a la vista los puentes que había construido Humberto en Saltillo, en Torreón, y en diferentes municipios del estado, enojada y desafiante, decía que en esas obras viales estaba hasta el último centavo de la megadeuda.

Y efectivamente allí estaban y allí siguen los puentes, pero lo que no cuadra, lo que no contiene es que, haciendo un repaso del costo, desde el primero hasta el último paso elevado y distribuidor vial… no exceden los tres mil millones de pesos, dinero de aquel entonces, mientras que la deuda alcanzaba los treinta y cinco mil millones.

 Cálculo burdo, pero ilustrativo, se gastaron un 10% y el restante 90% no aparece por ningún lado, siendo motivo de las especulaciones más chabacanas, pues el rastro es prácticamente inexistente, ni siquiera lo que dicen que se llevó Javier Villarreal, por lo que está pendiente de sentencia, o lo que le decomisó el gobierno de Estados Unidos a Jorge Torres López para dejarlo en libertad, se acercan remotamente a la cifra de la megadeuda.

Bueno, pues esto que le comentamos a nivel local, es un pálido ejemplo de lo que viene sucediendo a nivel federal, desde el sexenio pasado y en este, por más que podamos decir que se sigue el guión punto por punto.

El tren Maya, obra insignia del gobierno de López Obrador, se descarrila a vuelta de rueda.

Al inicio de su gestión, o cabría pensar que aun antes, Andrés Manuel López Obrador planteó la realización de varias obras que fueran la insignia de su administración, los consabidos Tren Maya, Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, la Refinería de Dos Bocas, que luego se bautizó como Olmeca, el corredor interoceánico del Istmo de Tehuantepec, y creo que nada más.

El estilo de López Obrador fue el prohibir la inversión privada, de tal manera que, en su imaginario, todos los beneficios de esas obras quedaran para el pueblo mexicano… y para su gobierno. Ni que decir que cada una de estas obras y el conjunto, requerían fuertes cantidades de dinero, con todo y que él y su equipo de trabajo, o solo él, hicieron cuentas alegres de lo que costaría cada una.

Claro, con esa mentalidad de que el gobierno construye mejor y más barato que la iniciativa privada, que no hay que pagarle ganancias a nadie, que hay que administrar rigurosamente los recursos, pues podía aventarse el palomazo de que las obras saldrían en una fracción del costo que habían calculado las empresas a las que se les invitó de inicio a participar, lo mismo en cuanto al tiempo, el cálculo de López Obrador era que todo quedara operando en el curso de su administración, y nada, todo le salió mal… ni la refinería refina, ni el tren llega a todos los sitios que dijeron, ni lleva gente, en el aeropuerto no bajan más que los que se vieron forzados a ello y no pudieron ampararse, todo a medio terminar, con estándares que dejan mucho que desear.

¿Y el dinero?, allí sí que la cosa se puso grave, y sigue grave. Para obtener dinero público para sus proyectos mesiánicos y faraónicos, usando la jerga de sus críticos, López Obrador procedió a recortar todo lo recortable, a concentrar todo el dinero existente en sus manos. Así fue como desaparecieron las guarderías para niños de familias trabajadoras, así desaparecieron los fideicomisos para ciencia, para cultura y arte, golpearon fuertemente los presupuestos del sector salud, educación, y prácticamente todos, salvo el de defensa, seguridad, y por supuesto, el de la asignación de dinero gratis a la población, ‘no questions asked’, sin requisitos, solo con que cumplieran con la edad, para los adultos mayores, con estar inscritos en una escuela pública, con ser mujer, o indígena, o discapacitado, con eso tenían derecho a una beca o una pensión, con el compromiso no escrito en ninguna parte de votar por MORENA.

Y bueno, ahora que sacaron a colación la contabilidad de deuda… ¿Realmente edificar las obras faraónicas de López Obrador, y con las asignaciones de dádivas a la población, justificó duplicar la deuda que era de diez billones de pesos, a veinte y feria billones?

Claudia Sheinbaum. A lidiar con un presupuesto raquítico.

Sí, él podrá decir lo que decía Hilda, que allí está el tren y el aeropuerto, la refinería y el otro tren, ¿pero valen eso, costaron eso? Punto y aparte de que no funcionen como se esperaba y debieron.

Ahora Claudia Sheinbaum ha tenido que lidiar con una situación de raquitismo económico, similar a la que vive Coahuila desde aquellos sexenios idos. Lo peor de todo es la consciencia de no patear el pesebre, de que mal que bien se sienten herederos y beneficiarios de esas obras, olvídelo, de ese gobernante. Mientras, los paganos somos todos, los coahuilenses en lo local, los mexicanos para todo lo demás.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ofrecido por WordPress.com.

Subir ↑

Descubre más desde El Demócrata

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo