Saltillo para los saltillenses pero… ¡las carnicerías son regias!

BAILE Y COCHINO // Horacio Cárdenas Zardoni

Carniceros de Nuevo León reactivan este comercio en Saltillo. (Foto de Players of Life)

Tengo la teoría de que la doctrina Monroe no nació en Washington, sino en Saltillo. No es que yo sepa gran cosa de política internacional, pero en la escuela nos hablaron de aquella doctrina que, según, decía que América debía ser para los americanos. Bueno, pues desde antes de que en la capital del estado de Coahuila, y quizá cuando formaba parte de Nuevo León o ambiciosamente abarcaba Coahuila y Texas, ya tenían los habitantes de aquella época de que Saltillo debe ser para los saltillenses.

La práctica comercial de los negocios saltillenses desde hace muchos años dejó de ser la de ofrecer productos a precios razonables, prestar un servicio a la población mediante la provisión de aquellos artículos que necesitaran o desearan, y claro, llevándose una ganancia por sus molestias y sus acciones, pero sobre esta minucia, estaba la consciencia de que todos, compradores y vendedores, formamos parte de una comunidad más o menos cerrada, en la que convivimos, de la que formamos parte, y en la que, deseablemente, todos somos amigos.

Malo se pone el cuento cuando los comerciantes se convierten en explotadores de la mano de obra que contratan, y cuando en un afán desmedido de utilidades, imponen precios exorbitantes a los productos que expenden. En vez de lo que decíamos antes, de una armonía complementaria entre quienes ofrecen productos y quienes los demandan y pagan por ellos, se crea una brecha que por momentos adquiere proporciones de abismo, en que de un lado, el de los comerciantes hay desprecio por sus clientes, y del de estos, lo que hay es resentimiento y hasta odio.

Para acabarla, Saltillo tenía la característica geográfica de un cierto aislamiento. Claro que había caminos y hasta carreteras, pero en tal estado y condiciones que hacía difícil viajar a aprovisionarse de lo que uno necesitara.

Esto propició que los comerciantes, sintiéndose que no tenían competencia fácil, se sintieran que podían imponer los precios que quisieran a sus productos. Y sí, no podríamos señalar cuándo exactamente comenzó esta actitud y esta práctica, pero durante décadas fuimos víctimas de esto.

En Saltillo los precios eran escandalosamente más altos que lo que eran en Monterrey, por mencionar solo la ciudad más cercana, apenas a una hora de distancia, si es que el horrible tráfico lo permite.

Muchos son los testimonios de gente que, puesta a hacer cuentas, iba a comprar muebles a Guadalajara, su menaje de casa entero, y entre el viaje de ida, la estancia, la compra de los muebles y el flete de lo adquirido, se ahorraban la mitad o más de lo que le querían cobrar los muebleros de Saltillo.

¿Materiales de construcción?, lo mismo, ir a Monterrey por lo que fuera que necesitara, era más barato que comprar aquí, alguna vez que necesitaba hacer un closet, lo coticé aquí, a precios de mejor no hago nada, y en una de tantas ferias en Monterrey me lo cotizaron en algo razonable, cuando les expliqué que había que instalarlo, ni siquiera en Saltillo, sino en Arteaga, me dijeron, no importa, allá vamos y hasta que no terminemos, no nos regresamos, así, con ganas de hacer negocio y que el cliente quede satisfecho.

El colmo de esto le pasó a un amigo de un amigo, o sea a mí, que pedí cotización de una puerta, la fábrica estaba en General Cepeda, la oficina de ventas en Saltillo, ah, pues la misma puerta en Monterrey costaba la mitad de lo que aquí, y eso que habría tenido que ir de General Cepeda a Monterrey y de regreso a Saltillo. Así no se puede.

Lo que hemos visto en los últimos tres años es que, negocios de carnes en Monterrey, de los cuales los saltillenses que habían comprado allí hablaban maravillas, decidieron brincar la Sierra Madre oriental, y venir a instalarse en Saltillo.

Noveleros como somos, y con la fama que les habíamos hecho nosotros mismos, de inmediato los clientes se volcaron en sus tiendas. Obvio, los que resintieron la baja en sus ventas fueron los comercios de Saltillo de toda la vida, esos que consideraban a los clientes como patrimonio propio, se toparon con que no estaban vendiendo a los niveles que antes, y que incluso se las estaban viendo complicadas para mantenerse en el negocio.

¿Resultado?, que han tenido que consolidar sus operaciones, cerrar puntos de venta, mejorar sus laxos procedimientos, cambiar de actitud en cuanto a trato al cliente, ya no con la punta del pie, sino hasta dándole los buenos días, y es que la competencia… simplemente no estaban preparados para ella, prevenidos sí, pero listos para enfrentarla con la ventaja de ser proveedores locales desde siempre, para eso no.

¿Quién iba a decir que de fuera iba a venir la reorganización de la actividad comercial en Saltillo?, de veras, se sentían que todo lo podían y se están topando con que o cambian o cierran, si es para bien, que sean bienvenidos.

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