BAILE Y COCHINO… // Por Horacio Cárdenas Zardoni

Como todos los habitantes de esta ensarapada ciudad, nos enteramos que el republicano ayuntamiento de Saltillo había otorgado la presea Manuel Acuña al empresario de los medios de comunicación Pedro Torres Castilla, y así como muchos aficionados a los bodrios del Canal 2, rebautizado después como canal de las estrellas, se habrán alegrado de la decisión de las autoridades municipales, así hubo algunos que opinamos que no podían haber encontrado peor personaje para ensuciar algo que se había mantenido más o menos dentro de los cánones de lo que se entiende por cultura.
Contra lo que algunos funcionarios públicos, de presidenta de la república para arriba y de presidenta de la república para abajo, que siempre están recomendando que tal o cual acción ‘no se politice’, la realidad es que todo en este país es político, por lo menos todo lo que tiene incumbencia con el gobierno, el actual o el que quiere ser.
Si son los niños con cáncer a los que les faltan medicamentos de parte del sector salud, si es el asesinato del presidente municipal de Uruapan, Michoacán, si es la protesta de campesinos y transportistas contra la inseguridad, los bajos precios de los productos agrícolas que se pagan a los productores, la salida de Alejandro Gertz Manero de la Fiscalía General de la República y la llegada de su reemplazo en la persona de Ernestina Godoy Ramos, por mencionar solo algunos de las últimas semanas, todo es político.

Querer que los asesinatos, las muertes por falta de medicinas y atención médica, y demás no sean tratados como un asunto político, como si hubiera una manera de separar la parte burocrática de la parte política.
Eso en los niveles altos, sabemos que acá en nuestro Saltillo la gente anda siempre preguntando entre familiares y amistades ¿oye, no tienes un conocido en…?, esto porque tienen la idea, nada errada, de que si uno llega con una recomendación con el funcionario o con el empleado, recibirá un trato que no se le concede a cualquier hijo de vecino.
Solo por citar un ejemplo, queriendo demostrar que era un ciudadano común y corriente, en su primer año como alcalde José María Fraustro Siller se decidió a hacer la fila para pagar el predial de su casa, o de sus casas, se fletó las rigurosas dos horas en la apestosa explanada de la presidencia municipal hasta que le tocó entrar al edificio y llegar ante la cajera, ¿los años siguientes?, le dijo a uno de sus achichincles, ve y paga mi predial, ya sin fotos ni entrevistas, ni nada, a lo mejor hasta sin cheque, y seguro que le dieron sus boletos para la rifa. Sí, todo es político.

¿De quién fue la gran idea de otorgar el premio Manuel Acuña a Pedro Torres?, pudo ser del alcalde, de algún colaborador del alcalde, de algún familiar del alcalde, que le dijo mira, así quedamos bien con Pedro Torres, quien por supuesto está emparentado con las mejores familias de la capital coahuilense, y sirve que luego nos echa la mano con esto o aquello, que la política no es solo lo de ahorita, sino lo que pueda venir, lo que se desea que siga viniendo más adelante. Así ha de haber estado la cosa, no se nos ocurre otra.
Porque si nos vamos a la parte burocrática… seguramente existe un comité, una comisión, un consejo, ciudadano y honorario, no podía ser de otra manera en un municipio tan republicano, democrático y representativo como el de Saltillo, que además sirve para que nadie se atreva a decir que hubo mano negra en la selección del ganador. No, los integrantes del comité habrán recibido las propuestas, las habrán analizado sesuda y cuidadosamente, y luego de un proceso de deliberación, nada más falta que certificado ante notario, emitieron su dictamen, que es el que cuajó en la persona del citado Torres Castilla.
Si nos fuéramos a la base, ¿Quién fue Manuel Acuña y quien es Pedro Torres?, todos los coahuilenses hemos escuchado o leído la triste historia del poeta enamorado de Rosario quien, al no ser correspondido, tomó la decisión de suicidarse a la edad de 24 años. Nos imaginamos que se le honra por su poesía, no por sus sentimientos y menos por sus acciones, por eso lo de la presea Manuel Acuña, ¿Y quién es Pedro Torres?, un potentado del mundo del espectáculo… sea eso lo que sea, pero que tiene la triste fama de no ser precisamente de lo más edificante que ocurre en nuestra sociedad.
La cereza del pastel es que el empresario no pudo tomar su avión privado para venir a recibir su presea al rancho, no, tuvo que ir el ayuntamiento y su comitiva a la ciudad de México para entregársela, eso ya nos da una idea de quien se subordina a quien, pero bueno.
Lo de aquí para adelante será tratar de limpiar la mancha sobre la presea Manuel Acuña, eso si no perseveran en dársela a gente políticamente conveniente, para sus intereses. La cultura, tirada al arroyo.

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