Deciden burócratas quién se enferma y de qué

BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni

Hubo un tiempo, creo que desde Hipócrates, en que la cuestión del tratamiento de las enfermedades era una de lo más lineal: este padecimiento se trata con este medicamento, y dependiendo de la gravedad, la talla, el peso y la edad, el médico señalaba la dosis que debería administrarse al paciente, especificando también el tiempo durante el cual debería tomarse.

El asunto era muy elemental, muy apegado a la lógica, ah, pero luego vinieron los burócratas, y de entre ellos, los burócratas de los sistemas públicos de salud, y la cosa que era muy simple, pasó a complicarse exponencialmente.

Alguna vez leí el juramento hipocrático, seguramente para alguna tarea, y me llamó la atención la parte donde decía que el médico hará todo lo posible para que el paciente recupere la salud. En ninguna parte se dice que las medicinas tengan que ser caras o sean baratas, pero se da a entender que si existen, entran dentro de ‘todo lo posible’ para sanar y preservar la vida. Pero esto no tiene nada que ver con la actuación de los burócratas de la salud, personajes que no están identificados con la profesión médica y sus objetivos, sino con los costos y presupuestos de los sistemas sanitarios, a los que lo que les interesa no son las vidas, sino que cuadren los estados de cuenta, jamás caer en los números rojos, y según la política de la cuarta transformación, que todo lo ha permeado, que genere ahorros.

Burócratas deciden de que se puede enfermar usted para darle medicamentos del cuadro básico de las clínicas, si es que los hay. (Foto NTCD)

Por allá por la década de los setenta del siglo pasado, algunos economistas incrustados en el gobierno inventaron el concepto de canasta básica. ¿Qué era la canasta básica?, era y sigue siendo el límite inferior de lo que requiere una familia tipo (una de cuatro integrantes), para subsistir, en un principio contenía solo alimentos, los más baratos, y algún que otro satisfactor adicional, luego se le fueron agregando otras cosillas, no demasiadas, no se fueran a chiflar, porque ¿y luego?, todo lo quieren incluir en la canasta básica.

 La canasta básica se asoció, como indicador, al salario mínimo. La remuneración semanal o mensual que recibiera un trabajador de salario mínimo, debería alcanzar para comprar una canasta básica. Así razonan los economistas, nadie debe ganar menos de un salario mínimo, porque es simplemente imposible vivir con esa cantidad de dinero, como tampoco nadie puede vivir con menos de lo que contiene la canasta básica. Luego se vinieron tiempos en los que el salario no alcanzaba para comprar la canasta, y ahora lo que se pretende es que el salario mínimo alcance para dos o más canastas, que ya incluyen algo más que lo que nos mantiene fuera del raquitismo.

Bueno, pues lo de la canasta básica se tomó luego como modelo para crear lo que se ha dado en llamar el cuadro básico de medicamentos, esto es mucho más reciente, data de la década de los noventa, si no nos falla la memoria. El cuadro básico de medicamentos fue una invención de los burócratas del sector salud, quienes ya comenzaban a sufrir por los altos costos de las medicinas, los equipos y los tratamientos médicos, y estaban urgidos de una manera que pudieran exhibir como justificante cada vez que negaban el acceso a un determinado medicamento recetado por un médico, como el idóneo para curar el padecimiento que lo aquejaba.

Ni que decir que así como del universo de alimentos, sabrosos, nutritivos, solo una mínima fracción de los más modestos llega a la canasta básica (arroz, frijol, harina de trigo, harina de maíz), así del inmenso universo de medicamentos, solo una fracción entra en el cuadro básico, por lo general los más baratos, y si todavía lo pudiéramos poner peor, aquellos con patente vencida, aquellos que son genéricos intercambiables o similares.

¿Hace cuánto que no se atiende usted con el medicamento ‘de última generación’ recetado y entregado por su sistema de saludo?, lo más seguro es que hace años, en concreto los de patente vencida, quiere decir que han pasado mínimo diez años desde que salió a la luz, de entonces a la fecha, todas las innovaciones, están vedadas, porque no forman parte del cuadro básico.

Bueno, pues aterrizando en clínica del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, si usted tiene un padecimiento para el cual existen en el mercado medicamentos, baratos y caros, nuevos y viejos, modernos y anticuados, si no está en el cuadro básico contemplado por ellos, no se lo surtirán. No importa si esa medicina le salva la vida, le devuelve la salud, lo necesita para no agravarse y no desarrollar otras enfermedades, la única razón que le dan es esa: no está en el cuadro básico, y adiós.

Nada de pase con el médico para que le cambie el medicamento por uno que haga la misma función pero que si lo tengamos; nada de aquí le damos un vale para que lo surta, después de todo es usted derechohabiente con sus contribuciones obligadamente al día; nada de vamos a michas, lo único que falta es que a uno le digan: usted no está enfermo, nuestro cuadro básico contempla las únicas consideradas como enfermedades, las demás son invento suyo para no trabajar…

Ahora resulta, solo se puede uno enfermar de lo que los burócratas decidan que uno se puede enfermar, o bueno enférmese, pero no venga aquí a curarse, aquí solo lo básico, lo muy básico, la cada vez más básico.

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