Crimen y castigo

TELEGRAMA //Héctor Barragán

Ilustración: La Voz.

Siguiendo las enseñanzas religiosas, cristianos del mundo entero, condenan los asesinatos de seres humanos, en tanto los budistas prohíben matar inclusive a los insectos y por supuesto a los animales, pero los primeros y los israelitas suelen olvidar ese mandato. Hay la idea de que basta la primera infracción para que resulte la única, pero no falta quien continúe la sangría de semejantes.

Por otra parte, se asegura que el juicio final, luego de la muerte individual es la conciencia de cada une quien informe y juzgue, dado que nunca olvida una infracción. Entonces surge la preocupación de los infractores mayores, los delincuentes persistentes, llegando a los responsables directos indirectos, de las masacres, las matanzas de cientos, miles y aún millones de semejantes cuya conciencia no admite ninguna infracción por declarar y recibirá por tanto la sanción que se deberá aplicar en cada caso.

Algo para una meditación profunda y que termine con la violencia y produzca la eliminación de sus causas para el bien de la sociedad entera, porque especialmente la guerra ha de generar series perjuicios y daños justamente a la casi totalidad de los seres humanos.

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